Donald Trump no me gusta, pero mejor que Hillary Clinton, cualquiera.


Es la primera vez que, después de meses de total apatía ante el rancio mosaico político nacional —tan simplón, tan sin esperanza y tan previsible— me siento con ganas de entrar al trapo al tema político, y este de hoy lo amerita, máxime cuando llevamos expectantes varios meses, sabiendo además que la prensa oficial en manos de la progresía, falseaba los datos.

Yo creo que el mundo tiene que celebrar la derrota de la nefasta Hillary Clinton en estas elecciones, posiblemente las más mediáticas de la historia de Estados Unidos. Nunca dos candidatos suscitaron tanta polémica y aversión por parte de los suyos. Yo no deseaba que ganara Trump, pero sí quería que perdiera la maquiavélica Cruella de Vil de la política, conocida en algunos ambientes como Killary —¿por qué será?—. Enseguida se lo cuento. Trump no es precisamente un modelo de buenos modales, y su prepotencia le produce continuos brotes de zafiedad y chulería, que los medios se encargan de airear. Es cierto que el rico de la Torre parece un loco con una cabeza llena de pelo desde las cejas; yo creo que es más sensato de lo que aparenta, así que dejemos de pensar que en cualquier momento apretará el botón rojo, que las cosas no funcionan así. Es esperanzador el augurio de entendimiento con Putin, y eso es positivo para el equilibrio del mundo. No cabe duda que estos primeros meses van a ser muy interesantes. Habrá que tener un poco de paciencia hasta enero que perfile su gobierno. De momento, ni se han hundido las bolsas ni se han producido tormentas solares de alcance. Lo único, el desencanto de los progres del mundo, que siguen suspirando por la candidata demócrata.

A propósito de Hillary, aparte de ser la lumbrera y aprovisionadora de armas del ISIS, se podría hacer una larga lista de irregularidades, por decirlo suave. Hay que recordar que en su entorno hay registrados alrededor de ochenta muertos en extrañas circunstancias, que iban a declarar en el caso Lewinsky, a los que hay que añadir el suicidio del empleado de Presidencia, Vince Foster, cuando Bill Clinton era el jefe de la “sala oval”. Y ahora, oh casualidad, acaba de aparecer “suicidado” el hacker informático, Marcel Lazar Lehel, preso en la cárcel de Virginia, por difundir los correos de la inefable dama Clinton. Habría que decir mucho —y malo— de la actuación del FBI, pero hoy no toca.

Aunque manteniendo una duda razonable, parece que el Nuevo Orden Mundial de los Clinton, los Rothschild, los Rockefeller o los Gates, por citar solo a los más conocidos, a la vez que falsos filántropos, tendrá que esperar tiempos mejores. ¿O no? Porque cabría la posibilidad de que Trump solo fuese un bluf, un presidente de falsa bandera, uno más del sistema, que hizo unas propuestas ad hoc rompedoras y arriesgadas que la mayoría de los estadounidenses querían oír. Trump reivindica el orgullo de ser norteamericano y el posicionamiento de la nación americana al frente del mundo, pero, sobre todo, se posicionó en contra de los tratados comerciales –TTP y TLACN— que ya tienen firmados y es contrario también al europeo y disparatado TTIP, aún no en vigor, redactado a espaldas de los europarlamentarios, del que Trump dijo que era “una auténtica locura y que nunca se debería permitir”. A lo largo de la campaña no dejó de insistir en que su proyecto económico y comercial se basará en la creación de empleo en Estados Unidos y acabar con la tendencia deslocalizadora de las grandes empresas, y que impondrá además costosos aranceles a los productos importados de China. Y su primer tuit “Los hombres y mujeres olvidados de nuestro país, ya no serán olvidados”, refiriéndose a los campesinos y a los obreros, si lo cumple, es de diez.

Estoy impaciente por saber cuál va a ser la política en lo tocante a la defensa de la vida, y si va a continuar mimando con ingentes cantidades de miles de dólares a la IPPF, la multinacional del aborto, que trafica con los bebés de los abortos por procedimiento parcial, a los que extraen los órganos en vida, para experimentación y trasplante de tejidos. ¡Un horror que se practica impunemente en la nación del Tío Sam!

¿Tendrá Donald Trump la intención de llevar a la práctica sus promesas? En ese caso, estaríamos hablando de una nueva concepción de la economía e incluso de la globalización. No lo tiene fácil; él debe saber todo lo que se esconde tras bambalinas y sin duda conocerá, al menos de oídas, el Bohemian Grove, y cómo se las gastan los del búho. De momento, más le vale protegerse. No quiero ser agorera, pero torres más altas han caído. Lo que no creo que cumpla es la promesa de nombrar a un fiscal especial para investigar a Hillary. Los extremos se tocan, dice el Kibalión, y entre poderosos anda el juego. Una cosa son las campañas cara al público, y otra cosa es que “perro no come carne de perro”.

No puedo terminar el artículo sin hacer una aclaración sobre Estados Unidos, su democracia a prueba de presidentes y el buen funcionamiento de las instituciones. Es cierto que, en general, el sistema funciona, como también la separación de poderes contemplada en la constitución. Pero, en las alturas, la corrupción es sutil y profunda. Y el sicariato de Estado funciona de primera. Non hay que olvidar que con Trump o sin Trump, con republicanos o demócratas está el estado que nació para dominar. No hay que olvidar tampoco, que hablamos de los Estados Unidos de las bombas atómicas, las guerras de Corea y Vietnam, de las invasiones de Hispanoamérica, del mangoneo con los corruptos, del agente naranja, del experimento Tuskegee, del Paperclip, del MK Ultra, de las ELF, del microchip, de los planes siniestros de eugenesia y control de la población en los países en vías de desarrollo, a través de las esterilizaciones forzosas…, en fin, de Monsanto y de la utilización del clima como arma de guerra. ¿Seguirá Trump con el proyecto “El clima como multiplicador de fuerza: poseyendo el clima en 2025”? Es el mayor ataque contra la humanidad, aunque la mayoría ignore de qué estamos hablando. Pero esto tampoco toca hoy.

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
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Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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