No te va a gustar – Peleas y ocurrencias, y también avances, para acabar el año


MADRID, 13 (OTR/PRESS)

Tengo para mí que el país, en su conjunto, ha avanzado más en las últimas cinco semanas que en los diez meses anteriores. Partidario como he sido desde hace años de una gran coalición, en la forma que fuese, no me queda sino saludar con esperanza la cascada de acuerdos que se delinean en el horizonte entre un Partido Popular que empieza a moverse, aunque sea con paso algo elefantiásico, y un Partido Socialista que busca horizontes muy distintos al «no, no, no» vigente hasta la salida de Pedro Sánchez de la secretaría general, el pasado 1 de octubre. Ahí tenemos el salario mínimo, el endurecimiento de la lucha contra la violencia de género, el techo de gasto presupuestario, los albores de un pacto educativo y quién sabe si una visión conjunta, como pide la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, ante los problemas del secesionismo catalán. Esto último, una vez, claro está, que los «populares» han dado un giro también radical a su anterior inmovilismo, que todo quería judicializarlo ante los «desmanes» de los independentistas.
Y estos son, creo, los aspectos positivos, la botella medio llena.
Pero, claro, la otra mitad de la botella hay quienes la ven vacía, con perfecta legitimidad y seguramente con el mismo acierto que quienes ponemos el énfasis en la botella medio llena. La propia negociación entre PP y PSOE es vista con recelo por los extremos de ambos partidos, de la misma manera que no todos los «populares» -hablan de cierta irritación del líder del PP catalán, García Albiol, ante la irrupción en «su» terreno de «la vice»- sienten el mismo entusiasmo por la nueva política de acercamiento a la Generalitat puesta en marcha por una SSdeS cuya presencia pública crece cada día, y pienso que para bien.
Pero, para avanzar en un camino reformista y de concordia, creo que no queda otro remedio que negociar, negociar y negociar,preferiblemente a tres bandas (con Ciudadanos, que aparece, no sé por qué, algo desdibujado estos días), por mucho que los «duros» se enroquen en sus viejas posiciones. Sospecho que la opinión pública no acompaña los debates internos, más o menos precongresuales, que copan estos días los afanes de los partidos: lo de Pedro Sánchez, lanzado a una batalla que parece exclusivamente por el poder, puede poner un freno a los reformismos (y despeñar al PSOE definitivamente), de la misma manera que las posiciones más frívolas, también pura lucha por el poder, en el seno de Podemos pueden dar al traste con una reforma constitucional prudente y eficaz. Y lo mismo sea dicho acerca de las tesis más inflexibles, más partidarias de la «mano dura», en Cataluña y en la negociación con el PSOE, que sustentan algunas capas dirigentes del PP.
No, negociar no es rendirse, acordar cosas positivas para el país con el adversario no es lo mismo que «venderse» a él. La moderación es la clave en momentos en los que se vislumbran buenas líneas de avance, pese a algunas «ocurrencias» -el cambio del huso horario, por ejemplo- que anidan en el seno del Ejecutivo, donde se percibe una excesiva prudencia por un lado y demasiada algarabía por otro. Conviene acompasar los pasos, al menos por parte de aquellas formaciones que están dispuestas a abrir un frente negociador reformista. Y, como hicieron todos en la primera transición en 1977, cuarenta años ya, dejar a un lado, aparcados, los programas de máximos, que me parece que ahora no tocan.

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