Pedro Calvo Hernando – La vieja y la nueva política


MADRID, 13 (OTR/PRESS)

Siempre quedará la duda sobre lo que sucede de verdad entre Pablo Iglesias e Iñigo Errejón. Cuando se los ve juntos en el Congreso de los Diputados o en actos de su partido es difícil colegir que haya enfrentamiento entre ellos. A lo mejor es verdad que no lo hay, pero en tal caso se trataría de seres un poco sobrenaturales, a juzgar por la naturalidad con que se tratan. Lo que en cualquier caso se deduce es que son personajes muy distintos si se comparan con lo que han sido siempre los políticos al menos en este país. En los demás partidos los enfrentamientos son indisimulables y es imposible concluir que pueda existir colaboración sincera entre ellos y mucho menos relaciones personales buenas y sinceras. A lo mejor nos tapan la realidad, claro está, pero a lo mejor están sentando las bases de un cambio sustancial en las relaciones entre políticos cuando pertenecen al mismo partido. Hagan la prueba e imaginen qué diríamos si observáramos tales modos de proceder entre políticos de otros colores, como el PP, PSOE o Ciudadanos. Porque en la política tradicional damos por hecho que sus protagonistas siempre han sido y son máquinas humanas de ambición personal con poquitos escrúpulos. Ya es significativo el hecho de que los observadores nos detengamos con gran atención en todo lo que hacen y dicen los dos primeros dirigentes de Podemos, aunque algunos o muchos lo hagamos más allá del morbo y poniendo como telón de fondo esa cosa tan ambigua pero tan importante como es la regeneración de la política en España. Por eso la atención sobre sus declaraciones incluso en las redes sociales, como es el reciente caso del intercambio de manifiestos y declaraciones entre Iglesias y Errejón. Nadie imagina cosas parecidas entre protagonistas de otras formaciones, que serían imposibles o que terminarían a garrotazo limpio. No es necesario aludir en estos momentos a lo que sucede en el PSOE, con las figuras de Pedro Sánchez y Susana Díaz, que solo muestran la insinceridad de sus manifestaciones públicas cuando hasta hace no mucho se trataban entre sí o se aludían mutuamente. Y habría que hablar también de lo que pasa en el seno del PP, algo terrible y penoso por los enfrentamientos con que nos obsequian desde hace mucho tiempo, pero que mucho. Otro día.

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