Fermín Bocos – La banca pierde


MADRID, 21 (OTR/PRESS)

La sentencia del Tribunal Europeo que condena a los bancos que concedieron hipotecas con las llamadas clausulas suelo ha caído en miles de hogares como si les hubiera tocado el gordo de Navidad. Se calcula que hay alrededor de dos millones de afectados por esta práctica abusiva felizmente declarada ilegal. La sentencia no admite recurso pero es interpretable. Los bancos que deben abonar el dinero cobrado de más podrían poner pie en pared y exigir una sentencia caso por caso. Eso obligaría a los afectados a recurrir a los tribunales con el consiguiente engorro y gasto que todo litigio apareja: buscar un abogado, designar un procurador… etc. Claro que están las asociaciones de consumidores que llevan miles de casos y saben cómo pelear con los bancos, pero en este caso uno entiende que los bancos que no disfrutan de su mejor época en términos de imagen, deberían proceder de buena fe y una vez conocidos los términos exactos de la sentencia, anunciar que están dispuestos a devolver el dinero cobrado indebidamente a todos los clientes que firmaron este tipo de hipotecas. Si no lo hacen se arriesgan a tener que hacer frente a un movimiento de indignados similar al que consiguió el apoyo de la opinión pública cuando el escándalo de las preferentes. Otro abuso al que pusieron freno los tribunales. Los bancos son instituciones necesarias para el buen funcionamiento de la economía del país, pero ni pueden operar fuera de la ley, ni pueden pretender un trato de privilegio. Algunos perdieron gran parte de su legitimidad moral en la crisis financiera del 2008. Otros con prácticas non sanctas como este tipo de hipotecas ahora sentenciadas como abusivas y declaradas ilegales. La sentencia del Tribunal Europeo -que corrige una anterior del Tribunal Supremo que favorecía a los bancos españoles implicados- viene a decir que el sistema no puede estar amañado a favor de unas instituciones privilegiadas por muy necesarias que sean en el libre juego de la economía de mercado. Por una vez, la banca pierde. O por decir más: todavía hay jueces en Europa.

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