Victoria Lafora – Autocomplacencia


MADRID, 31 (OTR/PRESS)

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, despide el año mostrándonos su visión idílica del país. España va bien, la economía mejora, los españoles han recuperado el ánimo y los pactos funcionan. No sabe si va a poder aprobar los presupuestos pero, tras constatar la deriva de los líderes de las fuerzas de la oposición, con su impenitente inmovilismo se siente capaz de vencer a los peores augurios confiando en el apoyo final a las cuentas públicas.
Ni siquiera el enrocamiento de los partidos por la independencia en Cataluña parece sacarle de su embeleso. Aferrado al mantra de que se puede hablar de todo menos de referéndum, quiere demostrar que en ese «todo» se esconde el arcano de la solución al mayor reto que tiene planteado el Estado el año próximo. De la pérdida del poder adquisitivo de las pensiones, de la precariedad laboral, del incremento de españoles por debajo del umbral de la pobreza, ni una palabra.
Casi a la misma hora, pero en otro sitio, Carles Puigdemont, el President de la Generalitat, se dirige a los catalanes dando por hecho que todos comparten como único objetivo en la vida la independencia. Les ratifica la celebración de un referéndum legal y vinculante en 2017. No dice que legalidad va a amparar la convocatoria, pero le da igual; presupone que así le volverán a votar una y otra vez, pese a que no mencione ningún otro problema de su gestión, ni se dedique a otra cosa que no sea la ruptura.
También la presidenta andaluza, más al sur, hace balance del año transcurrido. Ni una palabra de lo que todo el mundo, y no sólo los andaluces, tiene en mente. Ni mención de su traslado a Madrid para dirigir al PSOE y optar por dirigir España. Y es que no quiere abrir la veda y que surjan candidatos por doquier para competir con ella en primarias. Mientras, da cuenta de la preocupación por los malísimos datos del paro en Andalucía, de los pésimos resultados, reflejados por el informe Pisa, sobre la educación en su tierra, de los conflictos de la sanidad pública, como si no llevara cuatro años al frente de la Junta. Como si fuera una observadora ajena a estos asuntos.
Y con estos mimbres, y los que faltan por hablar, los españoles vamos a saltar a 2017. Nos podremos consolar pensando que peor están los británicos con el Brexit lastrando su economía, o Estados Unidos con Trump en la Casa Blanca. Pero es que 2016 ha sido un año para olvidar, y solo podemos desear que a partir de mañana todo vaya mejor.

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