Carmen Tomás – Condenados a entenderse


MADRID, 17 (OTR/PRESS)

Mariano Rajoy reunió ayer a los presidentes de las Comunidades Autónomas (con las excepciones ya sabidas y esperadas de País Vasco y Cataluña). La reforma del sistema de financiación que rige desde la etapa de Rodríguez Zapatero es el principal asunto encima de la mesa. Ya desde su entrada en vigor, al hacerse a mayor gloria de los nacionalistas catalanes, el sistema ha levantado críticas y su reforma ha sido desde entonces el mensaje más repetido por el resto de territorios. Nada se hizo en la anterior legislatura, a pesar de que el PP gozó de mayoría absoluta en el Congreso y gobernaba en la mayoría de comunidades y ayuntamientos. La crisis económica, según la versión oficial, lo hizo imposible. En su lugar, se pusieron en marcha mecanismos como el FLA o el pago a proveedores para ir solventando las necesidades de financiación para el pago de la sanidad, educación y asuntos sociales.
Ahora el PP está en minoría, la economía ha mejorado y aunque como dijo ayer Mariano Rajoy la recaudación fiscal es aún 20.000 millones inferior a la de 2007, lógicamente el sistema actual es insostenible. Es en lo que están todos de acuerdo, en la necesidad de reformarlo. El problema es cómo, porque los criterios e intereses de unos y otros no son precisamente los mismos. Y, aunque creo sinceramente que es una muy buena oportunidad para abordar este asunto con visión de futuro, veremos si son capaces. Es probable, no lo niego, que la idea de que están condenados a entenderse sea un tanto optimista, porque van a encontrar numerosos escollos. Pero también están en juego la financiación de los servicios básicos, asuntos prioritarios para los ciudadanos que los votan, así que es de esperar que hagan todo lo posible por llegar a un acuerdo.
Por cierto, también deberían comprometerse a revisar en serio las partidas de gasto o el entramado empresarial que han tejido para endeudarse más allá de lo razonable y al margen del control presupuestario y parlamentario. Esto sí que sería un paso de gigante: no apelar más a los bolsillos de los ciudadanos subiendo los impuestos sino ajustar los millonarios gastos prescindibles que año tras año van acumulando.

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