Pedro Calvo Hernando – ¿Esperamos el impeachment?


MADRID, (OTR/PRESS)

Somos muchos los que, en el fondo de nuestra alma, nunca habíamos terminado de aceptar la posibilidad de que Donald Trump saliera elegido presidente, sustituyendo nada menos que a Barack Obama. El transcurso de las semanas desde el suceso ya amenazaba con la confirmación de los peores augurios. Pero los primeros días del ejercicio de ese poder, contando por supuesto con la parafernalia del mismo 20 de enero, han confirmado de manera definitiva lo que más se temía. Y ahora todos nos preguntamos cómo es posible que el mundo entero haya sido incapaz de evitar lo peor. Al menos queda el triste consuelo de comprobar que la reacción a lo que sucede está resultando demostrativa de que el mundo no estaba poblado de imbéciles sino de ciudadanos dormidos o anestesiados por no se sabe qué droga maldita. Bueno, sí se sabe, la droga de la incredulidad en torno a lo que podía acontecer y que ha terminado aconteciendo. Y han comenzado ya las especulaciones sobre un posible «impeachment» en medio mismo del mandato de cuatro años o sobre una reacción en cadena de las fuerzas vivas de USA que hagan inviable la continuidad de Trump en el poder.
El 8 de noviembre se produjo uno de los sucesos más graves que se recuerdan en la historia moderna, fuera del capítulo de las guerras, agravado más por el hecho de ganar unas elecciones con tres millones menos de votos que la contrincante, por mor de la absurda legislación electoral. Nadie nos lo tiene que explicar, lo estamos viendo y lo estamos sufriendo. Para este hombre no hay nada que merezca convertirse en barrera para un comportamiento inédito e inaudito o audito solo en momentos como los años que siguieron a la llegada de Adolfo Hitler al poder, también como consecuencia de una victoria electoral. El tamaño y el número de las barbaridades que va anotando en su lista no conoce tope. Solo faltaba esa afrenta a la comunidad mundial de habla hispana con la supresión de las webs en castellano que existían en la Casa Blanca. El número y el tamaño de las protestas internas y externas dan una idea del tamaño de la indignación de los pueblos y de las clases dirigentes. Esperemos y confiemos en que no se trate de unas reacciones pasajeras que se diluyan con el paso de los días y nada más.

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