Fermín Bocos – La política como negocio


MADRID, 3 (OTR/PRESS)

Visto el panorama político catalán es difícil sustraerse a la melancolía. Poco o nada queda de aquella ponderación o sensatez a la hora de abordar los problemas -el famoso «seny»- que era tenido por seña de identidad, incluso clave de bóveda, de la forma propia de ser de las gentes del país. Abducidos por la pasión que a tantos reclutó para la aventura independentista, es la «rauxa» -el arrebato, el furor- el dios menor que parece haberse hecho con el timón de la política. En esa clave toda desmesura encuentra asiento y también la la impostura de algunos de sus principales dirigentes políticos.
En vísperas de que el ex presidente de la «Generalitat» Artur Mas y dos de sus consejeras se sienten en el banquillo acusados de varios presuntos delitos relacionados con la convocatoria y organización del «referéndum de cartón» del 9N (2014), son varios los miles de ciudadanos que dicen estar dispuestos a manifestarse frente a la sede del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. Si la anunciada concentración frente al tribunal se lleva a término estaríamos ante un supuesto de coacción a los jueces. Hecho inadmisible en un Estado de Derecho.
Los dirigentes políticos de la antigua Convergencia se envuelven en la bandera -antes la «senyera» ahora la» estelada»- para intentar tapar sus responsabilidades penales. El Artur Mas que va a ser juzgado el próximo lunes era presidente de la «Generalitat «cuando amparó el simulacro de referéndum a sabiendas de que era ilegal. Pero también era el líder de Convergencia (CDC), la formación disuelta deprisa y corriendo con el fin de ocultar la conexión con el escándalo de la financiación irregular del partido fundado por Jordi Pujol. El famoso «3%» que en su día señaló Pasqual Maragall aludiendo a la «mordida» cobrada por conceder obra pública. El mismo entramado cuya investigación judicial culminó esta semana con 18 detenciones y una veintena de registros.
Los ciudadanos a quienes se manipula creen actuar por sí mismos, pero en realidad secundan el programa de quienes detentan el poder. Están siendo utilizados por los mismos que durante años han hecho de la política un gran negocio. Causa asombro, por una parte tanto descaro y por la otra, tanta ceguera.

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