Francisco Muro de Iscar – Esto sí que es importante


MADRID, 8 (OTR/PRESS)

En España hay cada año entre 40.000 y 50.000 mujeres que son víctimas de trata. Vienen engañadas con falsas promesas, coaccionadas o amenazadas, de los países del Este de Europa, del Africa subsahariana o de Iberoamérica. También hay españolas en este enorme cajón desastre. Muchas de esas mujeres están embarazadas, en ocasiones por los propios traficantes. Una vez que llegan, sus bebés son invisibles en pisos controlados por las mafias. Otras muchas son niñas menores de edad, aunque sus papeles estén falsificados y pongan otra cosa. Unicef presentó ayer un informe -«Son niños y niñas, son Víctimas»- hecho por un equipo de la Universidad de Comillas que pone los pelos de punta. Los bebés garantizan que la madre no es devuelta a su país de origen y sirven para chantajearla y asegurarse que cumple «el trato». Muchos de ellos «desaparecen» cuando son detectados. Las mafias tienen infiltrados o confidentes en los propios centros de acogida que informan sobre los movimientos de otras posibles víctimas. Los menores son personas en situación de extrema vulnerabilidad. Las autoridades españolas y todas las instituciones afectadas tienen que tratar las consecuencias, sociales y jurídicas que implica este problema, pero sobre todo las humanas. Es un problema terrible, donde hay víctimas, culpables y responsables. Las víctimas están claras y son cientos de miles de personas. Insisto, muchas de ellas menores de edad, bebés incluso que nunca tendrán oportunidades de salir de ese agujero negro o que ellos mismos serán carne para la venta.
Culpables son los traficantes, las mafias que mueven este enorme tráfico de seres humanos, una de las grandes pandemias del siglo XXI, amparados en esa situación inhumana que son las guerras y la miseria. Pero también son culpables los que se aprovechan de esas personas que vienen a Europa buscando vivir en paz y son explotadas en las calles de nuestras ciudades. Son esos empresarios que contratan gente sin papeles y les pagan una miseria, sin derechos de ningún tipo. Los que explotan a estas personas para la mendicidad, los que reparten por la mañana a personas descalzas para que pidan en la calle o en los semáforos. Los que traen a niñas para ofrecerlas en matrimonios forzados. Lo son, especialmente, esos «puteros», en muchos casos personas «respetables», que buscan carne joven en la calle o en los clubs de carretera, que pagan y violan a esas niñas o esos niños (denuncian que crece el tráfico masculino de niños brasileños en zonas como la Costa del Sol), sin reparos morales de ningún tipo. Responsables son los gobernantes, que deberían proteger activamente a estas personas, especialmente a los menores y a los hijos de las víctimas, que también deben ser considerados legalmente menores y víctimas de trata, y ofrecer lugares donde atenderles con profesionales formados específicamente y con recursos para que queden al margen de los traficantes. También las fuerzas de seguridad a la que habría que pedirle que sean inflexibles con el tráfico de mujeres para la prostitución. Pero responsables, de verdad, de fondo, somos todos nosotros que callamos y miramos a otro lado ante uno de los problemas más importantes de esta sociedad actual.

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