Al puzle de la corrupción le faltan muchas piezas.


Al puzle de la corrupción le faltan muchas piezas y algo que, en mi opinión, es importante: saber quién tiene el dominio de la caja, para quitar o añadir piezas según convenga e incluso cerrarla y guardarla en el armario. Nunca fui amiga de los puzles, sobre todo los de tamaño gigante, y siempre he detestado los de barcos en alta mar, porque tenían demasiadas piezas de color azul, lo que hacía imposible saber cuál pertenecía al cielo y cuál al mar.

La corrupción lleva tiempo permeando en la sociedad de manera silenciosa, como lo hacen los isótopos radiactivos de los escapes y lluvias ácidas o como el humo obligado que inhalaban los fumadores pasivos en otro tiempo. El veneno invisible entra inadvertido y solo manifiesta sus efectos cuando ya no hay remedio. A nuestra sociedad le ha ocurrido eso. De pronto ha descubierto que está envenenada y que necesita cirugía, quimioterapia y un cambio radical.

En materia de corrupción estamos asistiendo a un espectáculo de sesión continua que hubiera sido impensable hace unos años. El que la hace la paga, dice Rajoy, excepto él, que parece nadar en el mar de la inmunidad y controlarlo todo desde su fortín inexpugnable. Hasta ahora le han salido bien las cosas, demasiado bien. Sus estrategias de manipulación le permiten tener tan controlado el rebaño de votantes que incluso se permite el lujo de ejercer de cínico y de mentiroso.

Las detenciones de los últimos tiempos, aparte de causarnos una inmensa pena, nos arrebata el respeto y la confianza natural y necesaria que el ciudadano debe tener en las instituciones. Un rey, un fiscal, un juez o un cargo electo deben tener perfiles éticamente intachables, deben ser personas de fiar. Todo lo contrario a lo que estamos viendo. Pensar que tanta gente a la que hemos considerado decente estaba amasando capitales en cuentas opacas de paraísos fiscales da mucho asco y hace que nos sintamos tontainas por haber creído en sus talantes, palabras y promesas. Rato, Blesa, Fabra, González, Soria, Barberá, el otro, el de más allá ¡y lo que te rondaré morena! son solo piezas de un mismo rompecabezas. Es que así es el sistema y así son las cosas. Lo que ocurre es que esto se sospechaba que ocurría, pero los gobiernos centrales, autonómicos o de grandes ciudades tenían tal simbiosis con los empresarios, las cajas de ahorros –eran los mismos, y así las dejaron— o incluso la justicia, que el pacto de silencio en el entramado era total e infranqueable, y las pruebas físicas, por tanto, difíciles de aportar. Los miembros de los partidos también lo sabían, porque eso se aprende ya en las “nuevas generaciones” del PP y en las “juventudes socialistas” del PSOE.

Las prevaricaciones y los cohechos, que se sustancian en cobro de sobresueldos, creación de chiringuitos, comisiones, recalificaciones en beneficio propio, privatizaciones, “maquinación para alterar el precio de las cosas”, creación de plazas de funcionarios ad hoc, oposiciones amañadas, y otro tipo de asaltos a las instituciones, forman parte de este sistema nuestro que acaba de chocar con el iceberg. Pero Mariano Rajoy y su equipo de fieles siguen, al son de la orquesta, diciendo insulseces ante los medios y echándose incienso los fines de semana, mientras el barco se hunde. No sé cómo tienen cara de seguir con sus discursos cansinos, dando lecciones de moral y de saber hacer. No olvidemos que, según los papeles de marras, Rajoy cobró sobresueldos, Soraya ídem… Luego, todos y todas –perdón, pero por si las dudas— deberán irse a sus casas. Pero no para que ocupen sus sillas los corruptos de Podemos, los de Susana o los oportunistas del río revuelto.
De las llamadas muertes del Gurtel nadie habla, y creo que son cinco o seis. Hay una especie de “omertá” en los medios, y el tema del sicariato –que está funcionando en nuestro país—ni se toca. El caso de López Madrid, el “compi yogui” de Leticia Ortiz, causa espanto. Ahí el sicario no era colombiano ni venezolano de ida y vuelta para matar, sino del submundo de la policía, que también tiene en sus filas elementos comparables al “negro Durazo”, el jefe de la policía de México en tiempo de López Portillo, capaces de lo que sea.

Parece que al “sistema”, que lo sabe todo, aún no le interesa poner al descubierto esa carta. Por eso decía que al puzle le faltaban piezas. Llama la atención que todo pase tan deprisa. Pero ¿por qué ahora, quién mueve los hilos para que esto ocurra? Es cierto que los partidos están formados por pequeños taifas o grupúsculos, que suelen matarse entre ellos y enviar los trapos sucios a la prensa, según convenga. Pero siento que en todo este juego falta algo: falta conocer la identidad del dueño o dueños de la caja del puzle. Es cierto que la facción poderosa-mafiosa del PP está lanzando a los miembros incómodos al despeñadero. Es la dinámica de siempre, pero hasta ahora estaba más presente la discreción y no era tan a las claras. Los negritos, más de diez ya, han ido cayendo, pero el terreno aún no está lo suficientemente despejado y hay que seguir aniquilando. En su optimismo enfermizo, Rajoy espera a que pase la tormenta, y así lo dijo en Uruguay. Para él, el hundimiento de su partido es solo eso, un simple problema meteorológico. Sabe por experiencia que tras la borrasca viene la calma. Él está esperando a que escampe y mientras tanto habla de economía, como si con dinero se pagara la inmoralidad, se construyeran los valores o se compraran indulgencias como antaño. No creo que esto se desmorone por la ambición de unos políticos ruines, ávidos de dinero y poder. Ciertamente, sin ellos no sería posible este caos tan bien organizado. Pero hay alguien más detrás de todo esto. El suprapoder que mueve los hilos, que maneja los tiempos y que pone las banderillas para que los toros embistan está en un periodo de actividad máxima. Su prioridad es crear caos, para después aparecer como salvador contra tanta corrupción y desorden.

Hay que decir que si esto ocurre con los políticos del PP, los socialistas son muchísimo peores y tienen más corrupción sobre sus cabezas que ningún otro partido. Desde siempre. Ahora tenemos el tema de los ERES y demás chanchullos andaluces, que es lo que más suena, pero echemos un vistazo a la hemeroteca, si nos falla la memoria, y refresquemos los casos de Roldán, Aida, Vera, Mister X… Y si hablamos de los Podemos y demás jauría, estos son ya corruptos de nacimiento y psicópatas no recuperables. Apunto como dato que su líder, el hidrófobo Pablo Iglesias, que siempre critica a las rentas altas, en el último año tuvo unos ingresos de 119.426 euros. Estos aún no han tenido ocasión de recibir comisiones de empresarios, pero las reciben de regímenes asesinos y totalitarios que matan de hambre a sus pueblos. No solo de hambre física, sino de hambre cultural y espiritual. Entre la corrupción del PP y el salvajismo de serie de estos politicastros de nuevo cuño, me quedo con la corrupción.

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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