Vuelve la exministra Narbona, la del fiasco de las desalinizadoras.


Los socialistas se organizan para ser alternativa de gobierno, solos o con Podemos. Parece que el Frente Popular del siglo XXI ya está, irremediablemente, a las puertas. A Sánchez no le pillan de bobo una segunda vez y ya prepara la maleta para el viaje a la Moncloa. Todo sea que tenga que deshacerla, porque la vida da muchas vueltas, pero esa es la idea, esta vez con el apoyo de todo el partido, o casi. Los congresos sirven, entre otras cosas, para enfundar las armas hasta la próxima conjunción propicia, jurarse amor eterno y declarar públicamente lealtad al líder, y ¡lo pasado, pasado! Confieso que, hoy más que nunca, me es indiferente el nuevo equipo de Sánchez, con excepción de la exministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, la que echó abajo el proyecto de Alberto Vázquez Figueroa, para implantar su plan fallido y nefasto de las desalinizadoras, gracias al cual, una buena parte de españoles, o no tienen agua o tienen que pagarla a precio de petróleo.

Alberto Vázquez Figueroa es uno de esos genios actuales que lleva años luchando contra el sistema. A diferencia de otros, él no es el típico soñador desconocido por la prensa. El ser un escritor de éxito, autor de más de cien novelas, le proporciona, al menos, que sus cuitas sean oídas en los medios de comunicación.

Nos han repetido hasta la saciedad que el agua es un bien del planeta que hay que preservar. Hay toneladas de agua en el mar, pero siempre se repite que desalinizar el agua del mar es antieconómico y que, además, el agua dulce resultante tiene mal sabor y olor. Pero llega Vázquez Figueroa y revoluciona el sistema presentando un método que echa por tierra todos los axiomas anteriores.

El inventor canario siempre ha mantenido una estrecha relación con el agua. Fue uno de los primeros profesores de submarinismo de España y trabajó con Cousteau. A mediados de los noventa ideó un sistema para aprovechar las montañas cerca de la costa y desalar agua gratis, produciendo, al mismo tiempo, energía. Todos los que conocen el proyecto se quedan encantados, incluso el banquero Edmund Rothschild, que lo puso en conocimiento del primer ministro británico, Tony Blair. Antes de la llegada de Aznar a la Moncloa, Esperanza Aguirre le prometió su apoyo. En 1966, el ministro Arias Cañete se interesó, y Trasga decidió hacer un estudio y aplicarlo. Vázquez Figueroa consiguió la patente mundial.

Después, el gobierno jordano se puso en contacto con él para estudiar su sistema y llevar el agua del mar Rojo al mar Muerto. Se estimó que se podrían generar dos millones de metros cúbicos al día, para Israel, Palestina, Siria y Jordania. El inventor cree que al morir Rothschild el proyecto perdió impulso.

En el 2004, unos meses antes de que Zapatero saliera elegido presidente, Vázquez Figueroa organizó una cena en su casa de Lanzarote a la que asistieron, entre otras personas, Rodríguez Zapatero, Juan Fernando López Aguilar, Carmen Chacón, José Saramago y el cineasta Bernardo Bertolucci, a quien Zapatero quería conocer. Zetapé le prometió que si llegaba a presidente, pondría en marcha su sistema de desalinizadoras. Tras recibir una carta del presidente manifestándole que cumplía la promesa, se puso manos a la obra en el proyecto de una desalinizadora para dar agua a Almería.

Aquí entra en escena Cristina Narbona, ministra de Medio Ambiente del Ejecutivo de Zapatero; y cuando todo estaba preparado para iniciar las obras, Narbona paraliza el proyecto. Entre otras razones sinsustancia, se alegaba que se iban a electrocutar las gaviotas –no había cables—, y anunciaba la conveniencia de construir 51 desalinizadoras a lo largo de la costa del Mediterráneo.

Solo estuvo dos años, pero dejará un borrón en su expediente, difícil de ocultar, por mucho que los ecologistas elogien su labor con el compromiso de Kyoto y a favor de las renovables –fuente de pelotazos al por mayor—.

Narbona echó abajo el Plan Hidrológico Nacional y creó Acuamed –empresa pública dependiente del Ministerio de Agricultura, cuyo fin es gestionar el agua, de manera especial en las zonas donde esta escasea—, es decir uno de esos chiringuitos donde los amigos de los políticos se forran a costa del erario público. ¡En Acuamed se forraron, y bien!

Las desalinizadoras fueron un fiasco. A toro pasado, Vázquez Figueroa se expresaba así sobre el particular: “Las desalinizadoras de Narbona sacaban el agua cara, y obligaban al agricultor a pagar por los días en que no consumía incluso. Mi proyecto, mejorado por Tragsa, que hizo cosas muy interesantes para aprovechar los depósitos que ya existían, producía agua dulce y luz prácticamente gratis, y eso es lo que en el Ministerio no querían. Las eléctricas pensaban que iba a consumirse mucha energía con esas desalinizadoras, que iban a ser un gran negocio. Luego fueron un fracaso, y todo se abandonó”. Así es. Fue un fracaso que costó a los fondos del Estado 3.200 millones de euros. Conviene resaltar que la pareja de Narbona, Josep Borrell, trabajó muchos años en Abengoa, una de las empresas más favorecidas por aquellos contratos. En la actualidad, solo funcionan, no sé si una o dos de aquellas desalinizadoras.

Un tiempo después, vuelve Acuamed a interesarse por el proyecto de Vázquez Figueroa, en esta ocasión porque el gobierno de Israel iba a convocar un concurso internacional para llevar agua del mar Rojo al mar Muerto y querían presentarse con su proyecto. El inventor ignoraba que Acuamed estaba siendo investigada por presunto desfalco y sobornos de decenas de millones en favor de empresas, como el grupo Fomento de Construcciones y Contratas. Al frente de la empresa pública estaba un personaje llamado Arcadio Mateo del Puerto, al cual le habían encontrado en su casa 120.000 euros en billetes –raro, raro, raro—. Este le hizo una propuesta muy en la línea de los negocios políticos, amparados bajo el paraguas de la corrupción. Le proponía hacer de nuevo el informe. No era lógico; había costado millones de euros y no había que modificar nada. En la reunión estaba presente el director general de obras de FCC y el director de Aguas de la empresa. Desgraciadamente, esta es una de las maneras que tiene alguna gente de la política de embolsarse el dinero: repitiendo informes que ya existen o creando informes que no sirven para nada. Recordemos a Urdangarín. Hay que decir que la trama de Acuamed está imputada por, presuntamente, encargar labores ficticias a las empresas contratistas para beneficiarlas con decenas de millones, y recibir de los cargos públicos favores a cambio. El inventor rehusó entrar en la mafia del agua.

De las palabras siguientes de Vázquez-Figueroa se deduce algo importante sobre el funcionamiento de estas empresas públicas: “Me dicen que me esté tranquilo, que Cañete va a venir un día de estos de Bruselas, que vamos a comer los cuatro juntos y vamos a reactivar el tema de mi proyecto. Lo siguiente que supe de ellos fue su detención”. En efecto, Arcadio Mateo y su mano derecha, Gabriela Mañueco fueron detenidos un mes después (febrero de 2016).

Según fuentes de la investigación, entre 2007 y 2014, la empresa pública habría aceptado comisiones millonarias de constructoras, a cambio de adjudicaciones infladas, que habrían supuesto una pérdida de más de 50 millones de euros públicos.

Esta reflexión es digna de mención: “Si alguien roba en el tema de hacer una carretera, es malo. Si alguien hace corrupción construyendo un aeropuerto en el que nadie aterriza nunca, es una canallada. Pero cuando se hace corrupción como ahora con el tema del agua, estás perjudicando a todos los que luego no pueden lavarse, beber, o no tienen agua para agricultura o ganadería”.

La historia de las desalinizadoras es surrealista y casi difícil de creer, como muchas de las que se urden en el ámbito de la corrupción. Una auténtica trama que Alberto Vázquez Figueroa llevó al papel, bajo el título La barbarie, una novela basada en hechos reales vividos por el autor, de los que conserva cientos de documentos, como las cartas que le dirigieron Rodríguez Zapatero y Arias Cañete interesándose por el proyecto, incluso los ya citados Tony Blair y el banquero Rothschild.

¡La mafia del agua continúa!

___________________
Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
✉ periodista@magdalenadelamo.com
Suscripción gratuita
.

Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

Booking.com

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído