Francisco Muro de Iscar – El último virrey de Cataluña


MADRID, 23 Jul. (OTR/PRESS)

Hace setenta años la India consiguió su independencia a través de un doloroso proceso que dejó decenas de miles de muertos, un país dividido artificialmente, enfrentamientos violentos, ciudadanos desprotegidos y más de 14 millones de refugiados. Aunque hoy India y Pakistán son dos países consolidados, muchos de los problemas que se trataba de resolver entonces siguen vivos. Ayer tuve ocasión de recordar esa historia gracias a una película, «El último virrey de la India», dirigida por la nieta de una de las mujeres que sufrieron esa tragedia. Ese proceso de independencia no tiene nada que ver con el de la Cataluña de hoy. O tal vez sí, porque lo que se ve en la película es la incapacidad de los políticos por dialogar, por resolver un problema, por buscar la unidad. De ahí el dolor de ese hombre bueno que fue Mahatma Ghandi que había trazado el mapa para la independencia y que siempre buscó que la India no se dividiera porque eso suponía el final de una futura India fuerte y solidaria. Ghandi no quiso participar en las celebraciones.
Cuando el imperio británico decidió dar la independencia a la India, debilitado por las consecuencias de la II Guerra Mundial, envió a la India a Lord Mountbatten, el último virrey de la India, que intentó dialogar con todos y buscar una solución pactada. Partidario de la unidad, finalmente se dejó llevar por la imposibilidad del diálogo y propuso un plan para dividir la India en dos Estados, dando lugar así al nacimiento del Pakistán musulmán. Lo más difícil era fijar las fronteras en territorios donde convivían musulmanes, hindúes y sijs. Lo que él no sabía es que ese plan ya había sido decidido dos años antes por el Gobierno británicos y el sólo fue un juguete en manos de otros y no pudo evitar las graves consecuencias que tuvo.
Merece ver la película para conocer cómo se hizo el reparto de bienes entre ambos países, cómo se dividió artificialmente el país, como la nueva frontera separaba a familiares, cómo quedaban desprotegidos millones de ciudadanos que tuvieron que huir en uno u otro sentido. Y cómo al final, se impuso el interés de Gran Bretaña por abandonar la India y el de los líderes indios y musulmanes por repartirse el poder. Los que menos importaron fueron los ciudadanos. Lo mismo que está sucediendo ahora en Cataluña donde el diálogo parece imposible, los políticos están dando un ejemplo lamentable y la alarma crece. La diferencia entre uno y otro proceso es que aquello era un imperio colonial que durante siglos había ostentado un poder absoluto y esto es una democracia constitucional en la que Cataluña es una parte fundamental y que nunca ha tenido tanta autonomía como en este régimen. El comportamiento de los políticos, sobre todo el de los catalanes, es muy similar al de los Nerhu, Jinnah y compañía.
¿Será Puigdemont el último virrey de Cataluña? ¿Habrá un día una república independiente en Cataluña? Parece difícil, pero nade es descartable porque la falta de visión de muchos líderes políticos es difícil de comprender y su extremismo e intolerancia, su radical incapacidad para el diálogo y para pensar en los ciudadanos es infinita y sólo crea radicalismo y fanáticos. A Ghandi le mató uno de éstos que le acusaba de haber contribuido «a la división de la India». La ignorancia no tiene límites. Tal vez dentro de setenta años, el nieto o la nieta de alguno de los protagonistas actuales dirigirá una película para explicarnos cómo sólo los políticos son capaces de destruir la convivencia buscando paraísos que no existen.

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