Fermín Bocos – El silencio de los obispos


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

Tengo para mí que el ideal cristiano de fraternidad universal e igualdad entre todo los seres humanos -el predicado por Jesús de Nazaret- es el mensaje más alejado de cuanto significa el nacionalismo excluyente. De ahí la sorpresa que provoca el manifiesto a favor del referéndum del 1 de Octubre firmado por tres centenares de curas catalanes. En las diócesis catalanas hay más sacerdotes y también obispos, pero guardan silencio respecto de una consulta (declarada ilegal por el Tribunal Constitucional) que, como se sabe, está en el origen de la profunda grieta social que apareja el proceso impulsado por los separatistas.
Y la sorpresa se torna perplejidad cuando la política secesionista se encarama hasta al púlpito.
De la mano, en esta caso, de un monje (Sergi d»Assís Gelpí) que el pasado domingo predicó la homilía de la misa en el monasterio de Montserrat. Llegó a decir que en Cataluña, «se han amenazado y vulnerado derechos fundamentales». Añadiendo que, «hemos decir «no» a la represión y si alguien tiene dudas que coja la Declaración Universal de los Derechos Humanos». Vamos, que en España no hay democracia. No consta que ninguno de los asistentes protestara por semejante falseamiento. Todo lo contrario, al término de la misa-mitin, el citado clérigo fue aplaudido.
La figura del cura trabucaire tiene larga tradición en Cataluña y en el resto de España. El relato de las guerras carlistas está salpicado por este tipo de personajes que sin colgar los hábitos entraron en política por la vía del exceso. La Historia es terca. Las comarcas catalanas del interior, aquellas en las que el carlismo arraigó con fuerza, hoy en día son solar de independentistas, pero ya no estamos en el siglo XIX. El abad Escarré y la «caputxinada» son cosas del pasado y de la lucha anti franquísta que no tienen razón de ser en la España cuya Constitución democrática obtuvo en 1978 un respaldo mayoritario en Cataluña. Por encima del 90%. Cuatro puntos más que en Madrid. Por eso sorprende el silencio de la jerarquía católica, obispos y cardenales, ante el desatino de algunos de sus curas a quienes les parece bien utilizar el púlpito para predicar en contra de la Constitución.

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