Antonio Casado – «Peros» a la izquierda


MADRID, 29 (OTR/PRESS)

En la duda, el malo es Rajoy. Es lo políticamente correcto en las aproximaciones políticas y periodísticas al conflicto catalán. Implica la renuncia culpable a distinguir entre la figura personal y lo que representa. Una de las instituciones amenazadas en el irresponsable desafío al Estado, al margen de su personalización. Es un desatino usar como burladero las consabidas diferencias en un régimen de saludable pluralismo político.
Por desgracia, eso está ocurriendo en vísperas de la fecha elegida por la facción independentista de Cataluña para perpetrar su absurda intentona de romper con España por medios ilegales, en base a falacias insostenibles y mentiras repetidas hasta el hartazgo. Sin negar eso, porque es evidente, parece que lo que toca es ser indulgentes con los agitadores del desafío.
Personas bienpensantes y habitualmente moderadas, encuadradas en lo que solemos entender por gente progresista, están mostrando una preocupante tendencia a ponerse no en el lugar del Estado que se defiende sino en el de quienes se quejan de sufrir los rigores de la respuesta desplegada para impedirlo.
El fenómeno viene alimentado por las posiciones de los dirigentes de la izquierda. No me refiero tanto a la implicada en el «procès» (nacionalistas de ERC y gamberros de la CUP), sino al PSOE y Podemos, dos fuerzas de implantación nacional con la mirada puesta en el Palacio de la Moncloa.
Pablo Manuel Iglesias apunta directamente a la cabeza del Gobierno y del PP con gruesas acusaciones de favorecer un clima prebélico, provocar un estado de excepción, atropellar derechos civiles o, en el mejor de los casos, querer resolver con jueces y fiscales lo que es incapaz de resolver políticamente.
Pedro Sánchez no pierde ocasión de mostrar su apoyo al Gobierno frente al reto separatista, pero tampoco la pierde de reprochar a Rajoy errores pasados, torpezas de un Gobierno que multiplicó el número de independentistas o su proverbial resistencia a resolver los problemas mediante la negociación y el diálogo.
No le falta razón a Sánchez en muchas de esas formulaciones. O en todas. Pero en estos días cargados de tensión, previos a la jornada del 1 de octubre, el PSOE debería aparcarlas y alinearse con el Gobierno sin «peros», subordinadas, letra pequeña y reprobaciones con carácter retroactivo, porque tiempo habrá, a partir de la semana que viene, para «obligar» a Rajoy (verbo utilizado por Sánchez hace unos días) a sentarse a una mesa con los actores del drama y buscar un desenlace no traumático a la situación creada.
En cualquier caso, me parece aberrante que una mente de izquierdas, dirigente o no, renuncie a defender la democracia y el Estado de Derecho por no correr el riesgo de que le tomen por un «facha» o le acusen de estar sacando las castañas del fuego al PP.

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