Pedro Calvo Hernando – Ni Rajoy ni Puigdemont


MADRID, 17 (OTR/PRESS)

Solo los incendios de Galicia han sido la única causa que ha motivado salir un rato del monotema del independentismo, lo cual es triste pues la vida del país entero es mucho más compleja que esta situación que copa las preocupaciones de los últimos meses. Si no se encuentra rápidamente una salida de verdad, es seguro que tendremos que lamentarlo luego durante años. Ni Rajoy y Puigdemont ni los mundos que representan son de momento capaces de resolver el gravísimo problema. Y la opinión pública se encuentra demasiado dividida como para que quepa una solución a corto plazo.
Los lamentables hechos de la prisión de varias personalidades del mundo independentista entrañan una grave dificultad añadida en el espectro de los motivos no ya de zozobra sino incluso de desesperación. Parece como si todos hubiéramos perdido el norte y nos hubiésemos sumido en un mundo sin futuro. Es urgentísimo salir de este infierno que nos puede llevar a todos por delante.
Es inútil y contraproducente la dialéctica desencadenada empezando por la clase política, que ha retrocedido años en sus percepciones, contando desde la Transición y la salida de la dictadura franquista, siendo demencial que ahora no seamos capaces de una operación parecida cuando el problema de hoy no es tan difícil de resolver como los de entonces. Y nadie nos da una explicación satisfactoria de los porqués del actual drama y de la incapacidad colectiva de encontrar unos caminos de salida. Aunque muchos aseguren que no es necesaria una mediación, pienso que esta se ha convertido en imprescindible, pues podemos ir dando por agotados los intentos de solución desde las acciones aisladas de las partes contendientes.
Si no lo hacemos así, hay que dar por seguro el envenenamiento global del drama de España y de Cataluña, lo que nos situaría en el peor escenario patrio desde la guerra y la dictadura de Franco. Hablo de la urgencia absoluta de sentarse alrededor de una mesa sin prejuicios ni engaños y empujar hacia las soluciones. Si no lo hacemos con urgencia, pasará la oportunidad, que considero todavía viva. Y empezar por no meter a nadie en la cárcel, por cumplir todo el mundo con la ley y por mostrar un amor más grande y más sincero por la Patria, en vez de cacarear un amor hacia ella que a veces parece inexistente. Y perdón si se me ha escapado alguna brusquedad.

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