La impunidad de la izquierda, sus engendros y asesinatos.

La sinrazón, la injusticia, el surrealismo y la demagogia más abyecta protagonizan en este momento los espacios que en tiempos mejores ocupaba información, y que hoy podemos catalogar, sin ánimo de hiperbolizar, como propaganda deshonesta. Salvo excepciones, la prensa escrita da asco, y las cadenas televisivas causan atrofia mental y espiritual. Es incomprensible, salvo en dictaduras como Cuba o Venezuela, tener un canal, como la Sexta, dando la matraca noche y día con lo mismo: contra el Estado y la Constitución, defendiendo a los rebeldes y secesionistas, el golpismo y a cuanto delincuente pulula por los horizontes de la radicalidad izquierdista; eso sí, si se milita en la izquierda se es merecedor del derecho a la patente de corso, y se puede ser traidor, prevaricador, violador, maltratador e incluso asesino, licencia para matar. Todo está bien para esta gentuza, esta “subraza” de humanos degenerados y, por supuesto, sin alma. Literalmente.

El día que el Gobierno aplicó el 155, escribí que había que apoyarlo y aprobé su cautela, viendo y previendo el chantaje de los socialistas y contemplando otras perspectivas. Hoy, la realidad me impele a decir lo contrario. Creo que nos están tomando el pelo y que se cocina algo a nuestras espaldas y que nos servirán aderezado con especias orientales para evitar su hedor.

No sé bien qué está pasando y quién está moviendo los hilos. Es fácil llegar hasta Rajoy y su equipo de ineptos desleales a España y a sus votantes. En estos momentos se me escapa quién es el siguiente eslabón, el illuminati que inspira su agenda. Las consignas deben ser muy claras e innegociables para atreverse a protagonizar tanto desaguisado y a ser tan traidores a las claras.

Incluso nos están haciendo perder la confianza en los jueces. Es vox populi que están actuando de acuerdo a las consignas del Gobierno. Mucha amenaza de imputar –lo cual nos consuela—pero todo se queda en nada, porque, ¡oh!, estamos en campaña, y los delincuentes, como encabezan las listas –y aún no han sido juzgados— conservan sus derechos y tienen que estar fuera, emponzoñando aún más a los catalanes y envenenando también al resto de España que contempla impotente el disparate. Estamos hartos de catalanes y de Cataluña. Estamos hartos de oír hablar a los separatistas y a sus demagogos y mentirosos defensores. Basta ya de tapar y minimizar sus vergüenzas y delitos. ¡Estamos saturados de tanta falacia!

Contra otras opiniones más severas, ponderé el auto del juez Llarena porque decía a las claras que si los golpistas volvían a delinquir volverían a prisión. Pero ahí los vemos haciendo campaña a la antigua usanza, reivindicando aquello por lo que fueron imputados. Los separatistas ven la debilidad del Estado y mantienen un pulso continuo.

El fiscal Maza se fue, lo enterramos y lo olvidamos; el fiscal Romero de Tejada, ídem de lienzo. ¿Qué ocurre con el juez Ramírez? Esperemos que no haya bacterias extrañas y todo sea debido a depresión por el violento acoso separatista. Es indignante lo que está ocurriendo. A los policías los echan de los hoteles y no pasa nada, a los jueces los agreden con pintadas, y tampoco pasa nada. Asesinan al legionario, Víctor Laínez, por llevar tirantes con los colores de la bandera española, y se hace una fiesta en las redes sociales. Ni siquiera es portada de los medios propagandísticos. ¡Era falangista!, dicen, no tenía derecho a la vida, uno menos. Nadie llora su muerte. En cambio se le canta el “Viva España” a la camarada Oltra y es noticia nacional, porque es incitación al odio. ¿Nos están volviendo locos? ¿Lo estamos ya? ¿Hasta cuándo la impunidad de la izquierda? ¿Hasta cuándo estas señoras tan feas de cuerpo y alma –literal también— van a seguir imponiendo sus majaderías y manipulando con sus eufemismos de laboratorio?

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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