Las feministas aprovechan el asesinato de Laura Luelmo para crispar.

No quiero parecer oportunista y aprovechar la desgracia de la muerte de una chica a manos de un asesino profesional, para arrimar el ascua a mi sardina, como hacen los políticos y las desquiciadas del género. Tampoco quiero dar la impresión de sensiblera ni de cursi por decir que Laura no volverá a casa por Navidad. Laura Luelmo es un caso más de esos que nos hacen reflexionar sobre la maldad humana, demasiado presente en nuestras acciones cotidianas, pero que alcanza su máximo exponente en crímenes como este. La víctima fue una chica, pero sería el mismo delito si hubiera sido un chico. Se supone que estamos hablando de asesinatos, independientemente del sexo de la víctima. Aclaro esto porque nada más conocerse la noticia, enseguida la inefable Carmen Calvo, seguida por el elenco de socialistas, podemitas y demás tropa okupa con “máster en género” como formación única, empezaron a “carroñear” y a lanzar improperios contra el sexo masculino, como si todos los hombres fueran delincuentes. Según ellas, las mujeres somos débiles mentales, por eso han creado las cuotas, para llegar “como sea” incluso a la vicepresidencia del Gobierno –ya me dirán cómo si no—. Como somos seres inferiores –según ellas—necesitamos estar tuteladas y protegidas por leyes discriminatorias y anticonstitucionales. Si en lugar de ser Laura, el asesinado hubiera sido su hermano, ¿harían toda la comedia que hicieron ayer en el Congreso estas feministas descerebradas? Seguro que no, porque según la teoría de las Carmenas, aunque muerto, llevaría su gen de maltratador y, además, seguro que era machista.

¡Menuda nos cayó con estas totalitarias del género! Y lo peor de todo es que es un tema global auspiciado nada menos que por la archicorruptísima ONU, de la mano de la IPPF, a través de sus Conferencias anuales. ¡Y qué bien cumple Europa sus consignas! Empiezan con normativas no vinculantes, pero a lo sucusumucu, y a base de presión a políticos y legisladores por parte de los lobbies feministas acaban convertidas en leyes absurdas e injustas, como la del aborto y la de la salud reproductiva.

Volviendo al asesinato de Laura, hay que preguntarse por qué estaba este energúmeno en la calle. ¿Hasta cuándo vamos a tolerar que degenerados de este jaez, que roban y matan –porque así es la dinámica de los dos gemelos gitanos de El Campillo, que, según dicen los vecinos, ya sembraban el terror en su etapa de colegio— sean puestos en libertad para que vuelvan a repetir sus crímenes? Si la ley no fuera tan benévola con el delincuente, habría menos violaciones –muchas son por reincidentes excarcelados o con permiso— y menos asesinatos, como el de Laura. Por eso, la mejor manera de proteger a la mujer es retirando de las calles a violadores y asesinos. Y la misma suerte deben correr las asesinas, que haberlas hailas, ¡y de niños!, como la del pequeño Gabriel. Pero la asesina Julia Quezada, a quien ahora investigan por la extraña muerte de su hija hace años al caer desde una ventana, es de Podemos y, además, negra, y eso son atenuantes.

Lo paradójico es que cuando se habla de no derogar la prisión permanente revisable, los progres manifiestan una compasión casi irracional por el victimario, y un casi desprecio por la víctima y sus familiares. A los padres de Diana Quer, Marta del Castillo o Mariluz Cortés han llegado incluso a llamarles fascistas por pedir la cadena perpetua para los asesinos de sus hijas. Pienso ahora en los padres de la pobre Laura, tan guapa, tan joven, tan sonriente, tan llena de vida, que la estarían esperando un día de estos para pasar las vacaciones de Navidad en familia. ¡Pobre gente, cuánto dolor!

Vivimos tiempos muy convulsos. El mal parece haberse instalado como una sombra que planea sobre nuestras cabezas impidiendo el paso de la luz. Aunque somos optimistas, no dejamos de ver las tinieblas y la influencia del Maligno. Me refiero al Maligno de forma literal. A ese ser llamado Satanás, Satán, Lucifer o cualquiera de los nombres para designar a este opositor de Dios, engendrador del mal. ¿Qué hay en el alma de este gitano Montoya para que en lugar de tocar la guitarra y cantar flamenco para cumplir con el imaginario colectivo le ha dado por seguir la senda del mal, del robo, del asesinato? No puedo saber lo que hay, pero me he fijado en la camiseta con la que aparece en una de las fotos publicadas. Dice LUCIFER. Cuando la vi, se me heló el corazón y entendí muchas cosas. Eso no es casual. Es rendir homenaje al mal. Laura fue la víctima propiciatoria para su misa negra. Espero entiendan la metáfora. Pero el demandador ahí sigue, pidiendo, pidiendo más.

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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