Sánchez convoca elecciones para volver, cuanto antes, a las andadas.

Los motores de los partidos han arrancado y se preparan para la carrera a las urnas. Aunque no fueron tantas como pensábamos, parece que las banderas de Colón y los eslóganes de “elecciones ya” surtieron efecto, sobre todo, porque se adivinaba que muy bien podía ser el aperitivo de otras –organizadas con más tiempo—y de una moción de censura o incluso dos. Lo de la ruptura con los secesionistas me parece una burda opereta que no acabo de creer. Creo que hay gato encerrado. Puedo equivocarme, pero sostengo que la negociación está solo “congelada”, y que esto es una puesta en escena para la papanatería pasiva y crédula, pendiente de la propaganda de las teles y sus voceros pagados, enemigos de España. Sánchez se ha visto contra las cuerdas. Las banderas de los constitucionalistas, a él, tan acostumbrado a mirarse el ombligo y a ver las cosas desde el Falcon, no le hubieran cambiado su hoja de ruta, si no fuera que algunos de los barones socialistas podían no estar dispuestos a inmolarse retratándose en una supuesta moción de censura, al tener que dar su apoyo o no a los secesionistas. Creo que ese fue el detonante, más que unos datos favorables en la intención de voto, como se dice por ahí. En cualquier caso, Sánchez convoca, muy a su pesar, y estoy segura de que en su plan A está repetir la alianza con los comunistas de Podemos-Maduro y con los secesionistas, otro bloque Frankenstein. Cuatro años dan para mucho, y luego Dios dirá. Su plan B sería Ciudadanos, que sí tiene mucho que aclarar antes del día 28. Conclusión, Sánchez se va para volver. Por el bien de España, ojalá sus sueños no se vean cumplidos.

Antes de pronunciar la fecha 28 de abril tuvimos que tragarnos el primero y soporífero mitin de campaña de Pedro Sánchez, donde con el cinismo usual esputó toda una retahíla de frases huecas y de mentiras trufadas de narcisismo prepotente e infecto. Algún recién llegado de Venus deduciría que él había inventado la democracia, la decencia y la responsabilidad. Ha querido convencernos de que él es la moderación y el sentido común. Por cierto, una campaña que piensa hacer desde Moncloa con todos los recursos del poder, cosa esperable, dada su inclinación a utilizar las instituciones en provecho propio. En provecho propio es la fecha anunciada. Me llama la atención que, salvo el PP, no se critique el gasto que supone tener dos comicios en abril –pudiendo concentrarlo todo en el superdomingo— y que se justifique como normal la estrategia personal y de partido. Es decir, dando por sentado que la política es cosa de tahúres o incluso de trileros.

Conociendo el percal, preveo una campaña muy arrabalera, sobre todo por parte de las gritonas socialistas y podemitas. Como, por ser mujeres, les está permitido no tener educación ni decoro y maltratar de palabra y obra, porque siempre tienen razón, visualizo una campaña con mucho salvajismo y “todo vale”. Tezanos ya contrató a 27 expertos para cocinar las encuestas con las que nos manipularán hasta el día de autos. O la víspera.

Todos clamábamos por elecciones, sin tener toda la impedimenta preparada, y quizá sin contar con las armas de destrucción masiva del enemigo a batir, contando además que este enemigo no entiende de normas éticas y que es capaz de sacarse de la chistera unos trenes con bombas o un muerto útil, como Isaías Carrasco, mártir del socialismo. ¿Nos acordamos? ¡Qué poco me fío de esta gente sin moral! Los veo capaces de cualquier cosa, y Sánchez no se va así como así, sobre todo, después de haber probado las mieles del poder y haber divisado a las hormigas votantes desde el Falcon.

Espero que la sociedad haya interiorizado que nunca España había tenido un gobierno tan corrupto y tan antiespañol. Es una vergüenza que a casi todos los ministros les han aparecido extraños patrimonios no declarados y artimañas para evadir impuestos, desde Duque a Pepu, pasando por la acartonada Celaa o la muñequita Calviño, y el colmo, ¡un presidente con tesis de encargo y, además, plagiada!, de la que aún no ha respondido ante los españoles, pues es especialista en escaquearse.

En estas elecciones nos jugamos muchas cosas, entre ellas el futuro de España, no solo la unidad territorial sino nuestra historia auténtica, nuestra convivencia, nuestra idiosincrasia y nuestros valores y tradiciones.

Quien tiene que retratarse es Albert Rivera, tan veleta, tan errático, tan poco de fiar, tan dado a jugar a la ambigüedad, tan acomplejado en cuanto a lo que tiene que defender. Me refiero también a Arrimadas, que no sabe muy bien qué hacer, sin un candidato en Barcelona y con un Valls que ni conoce España ni la quiere. Es el rédito por ir de guais y servir a los globalistas. A Albert Rivera no le gusta que los separatistas de Cataluña le hagan pintadas a su madre en la tienda. A mí tampoco. Y, en efecto, como bien dice, es lo que hacían los nazis con los judíos. Ahora bien, lo que ellos hacen con VOX es también una pintada, una pintada virtual e injusta que también los convierte en nazis. ¿O no?

No puedo terminar esta columna sin aludir a la ministra Dolores Delgado, militante de las cloacas del Estado, amiga de Garzón y confidente de Villarejo, a quien dio parabienes sobre sus burdeles y éxito asegurado a su “información vaginal”; que llamó maricón a Marlaska; que habló de los jueces del supremo y sus andanzas con menores en Cartagena de Indias, y más cosas que hay por ahí. Y ayer, con esa periodista-comisaria política, llama a los partidos convocantes de Colón, la derecha trifálica, porque veía mucha testosterona. Me atrevo a decir que esta mujer tiene un grave problema con el sexo, que debería hacerse mirar. ¿Qué les pasa a estas con el sexo? Parece que no piensan en otra cosa.

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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