Las feministas de género toman la calle en su lucha contra los hombres.

El alboroto carnavalesco de hembristas gritonas que salen a la calle el 8 de marzo –algunas incluso con burka y hiyab, que ya es el colmo—, financiadas con nuestros impuestos y con la ayuda del falso filántropo George Soros, amén de otras organizaciones sembradoras del caos, es una caricatura del movimiento primigenio en defensa de derechos justos e igualitarios. La manipulación y politización hasta extremos vergonzosos de esta no igualdad sino “desigualdad” a base de privilegios –incluso el de mentir—, que reclaman para ellas, ha hecho que muchas nos desvinculemos de estos aquelarres, y nos enfrentemos con la pluma, la palabra y el voto a esa doctrina totalitaria y a sus voceras.

Las feministas radicales reivindican el derecho a mentir

Según la vicepresidenta Carmen Calvo, en materia sexual, a una mujer hay que creerla siempre, diga lo que diga. ¡Pobres hombres sin derechos! Pero no solo reivindican el derecho a mentir, sino el derecho a la impunidad. Véase si no, el tratamiento de la asesina del niño Gabriel, Julia Quezada, militante de Podemos, por parte de los medios de la izquierda, que son todos, salvo alguna honrosa excepción. O la caradura asesina y ahora candidata a la alcaldía de Ávila por Podemos, Pilar Baeza, condenada por asesinato a treinta años de cárcel, que alega un linchamiento contra su persona por su condición de mujer, y pide apoyo a los grupos feministas. Es cierto que todo ciudadano tiene derecho a la reinserción y a vivir una vida tranquila sin que nadie le señale con el dedo, pero ser un representante público requiere un grado de moralidad que, cuando menos, debe ser ejemplar –cosa que Podemos no tiene en cuenta, a la vista del número de imputados que tiene en sus filas—. Y no digamos nada en lo que se refiere a la comisión de determinados delitos que, en el plano moral, no prescriben nunca. Nunca.

Dicho esto sobre nuestro presente, en el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, aparte de tener un recuerdo especial para aquellas mujeres que fallecieron en la empresa de camisas Triangle de Nueva York, víctimas de una total carencia de seguridad en el trabajo –lo que dio origen a la celebración de este día—, y otro de solidaridad con las mujeres que sufren opresión, sobre todo en los países africanos y asiáticos, no estaría de más reflexionar sobre lo que hoy significa ser mujer liberada y en igualdad con el hombre y, de paso, hacer un poco de historia y ver cuál es el origen de esta paranoia, y los ideólogos que la sustentan.

Nuestras predecesoras a base de lucha y constancia han ido desbrozando un camino para que los derechos fundamentales pudieran circular hasta conseguir la total equiparación con el hombre. Sin embargo, esta equiparación soñada no ha llegado con el grado de pureza deseable. Concepción Arenal, Rosalía de Castro y Emilia Pardo Bazán –por citar a tres gallegas ilustres feministas—, se sentirían muy traicionadas con este esperpento que trufa toda nuestra actividad social. La lucha no era para que nos convirtieran en disminuídas que hay que tutelar y cuidar especialmente como si fuéramos medio bobitas y tuvieran que regalarnos los puestos por cuota. ¡A mí me daría vergüenza que me eligieran para un trabajo por ser mujer!

Nos han entregado un paquete “feminista” adulterado y contaminado con ideologías que tienen poco que ver con el avance de la mujer en la sociedad, y sí con teorías e ideas disparatadas, contranatura, gestadas en mentes desequilibradas con inclinaciones sexuales atípicas y desviadas y conceptos errados sobre la familia. Siempre pongo como ejemplo las vidas de los que denomino iconos del disparate: Margaret Sanger, Margaret Mead, Alfred Kinsey, Simone de Beauvoir y toda una retahíla de anormales adalides de la Cultura de la Muerte, pero anormales influyentes en el mundo cultural y universitario de un sistema podrido, que deberían haber sido tratados por profesionales de la salud. El análisis de sus vidas, sobre todo de sus infancias, nos puede dar pistas y conducir a conclusiones bastantes acertadas. Todos estos personajes crecieron con carencias afectivas, problemas de abusos, de adicciones, en fin, de todo aquello que puede torcer la vida del más derecho. Lo realmente lamentable es que la ideología de género, tan jaleada en la actualidad, tiene su germen en los delirios de personajes de este jaez, en los cuales bebieron después tres mujeres que habrían de configurar la ideología que hoy sufrimos: Germaine Greer, que a través de la revolución sexual propone un cambio de sociedad; Kate Millet, autora del concepto de patriarcado como modelo de opresión a la mujer; y Shulamith Firestone que aglutina el pensamiento de las anteriores y crea la dialéctica del sexo, como ideología postmarxista. A partir de aquí se identifica el feminismo con el amor libre, la contracepción, la despenalización del aborto, o la reproducción artificial, convirtiendo así toda la política en política sexual. (Curiosamente, Germaine Greer, tras luchar toda su vida por la implantación del feminismo radical, en su último libro “Sexo y destino” abandona sus ideas radicales y propone la maternidad, la familia y el control de los instintos.

Una masa que proyecta el odio que tiene dentro

En nuestra moderna sociedad agonizante de valores, se da por hecho que mujer liberada es la que aborta, la que es infiel, la que cambia de pareja, la que se manifiesta y vocifera, la que insulta y la que decide denunciar por machista al hombre que se atreva a decirle un piropo; la que defiende una ley injusta que discrimina a su padre, a su hermano, a sus hijos varones, y a todos los hombres del mundo. Me pregunto qué grado de empatía hay en una mente que admite esto. Siento rabia y pena a la vez, porque una mujer así es una mujer enferma y digna de lástima, quizá habría que denominarla hembra a medio evolucionar, que ignora lo que es ser mujer y otras muchas cosas. Una mujer así, tan alterada, tan enfadada siempre, con ese odio cerval, debe haber crecido en un entorno dificultoso, sin amor, en familias poco amorosas. Quizá los hombres las han querido poco. Habría que hacer una encuesta a ver cuántas de las que irán con la pancarta el día 8 de marzo aman y se sienten amadas. El AMOR es incompatible con el ODIO, y estas mujeres proyectan al mundo lo que tienen dentro. La manifestación del día 8 de marzo, aparte de un acto político, es una proyección de odio.

Quiero insistir en que estamos ante una ideología totalitaria, una de las mayores perversiones sociales, que ha contaminado el espectro político, un tema tabú sobre el que solo se puede hablar en privado, porque hacerlo en público es un acto homófobo. ¡Basta ya! Basta ya de vivir en la mentira, de “comerles” el coco a las mujeres normales –la mayoría de las mujeres lo son—. Que dejen ya de aleccionar a las mujeres con sus “chochocharlas”, sus programas de masturbación bajo el eufemismo de autoamor, y sus “tupper sex”, para que aprendan a utilizar bolas vaginales, lubricantes y vibradores, todo esto pagado con dinero público. Las feministas radicales proyectan sus problemas sexuales en el resto de la sociedad. Por eso están hablando continuamente de sus cuerpos, de testosterona y de empoderamiento desde sus genitales. ¡Qué vergüenza que nuestros niños y adolescentes tengan que oír esto! Pero es lo que hay. Es el ideario y la intelectualidad de la entrepierna.

Pero todo esto tiene una intención aviesa, y aquí abro un nuevo frente. Desde estos chiringuitos subvencionados, se está realizando un gran esfuerzo en el fomento de la homosexualidad desde la infancia. Es el viejo sueño de la IPPF y así consta en sus manuales de hace cincuenta años. Por eso diseñan programas perniciosos para robarles la inocencia a nuestros niños, confundirlos y desviarlos de su inclinación sexual natural. En cuanto a las mujeres, también se está dando rango de naturalidad a la bisexualidad y al lesbianismo. En los últimos años se está promocionando la bisexualidad abiertamente. Las celebrities suelen decir públicamente que “se enamoran de la persona, no del sexo” y, por tanto, les da igual tener novio que novia. El mensaje que se quiere enviar es que practicando el lesbianismo y el autoamor la mujer sea más libre, se emancipe, y no tenga necesidad de ningún hombre para tener relaciones sexuales plenas. El amor y el componente espiritual en el sexo no cuentan para ellas. Por eso indoctrinan también a nuestras adolescentes sobre el “no al amor romántico” porque es posesivo y patriarcal. Decir locas es poco, porque es más que eso. Yo lo llamo maldad es estado puro. Y es que en esta guerra de sexos que se han inventado entre hombres y mujeres –siguiendo el patrón marxista, como hemos expresado—, el fin último es destruir el psiquismo masculino, creando un ser que deambule por la vida “acojonado”, arrastrando un complejo de culpa por su “gen del maltrato” –Carmena dixit—, porque ya no sabe qué hacer, ni que decir, si la testosterona es buena o mala, si no es no, o no puede ser sí, en fin, pobres hombres. Pero esta pesadilla está aquí y no conocemos aún el final.

Las mujeres de VOX han hecho un vídeo para este día diciendo claramente que “no nos representan”. VOX es el único partido con sentido común, en este y en muchos otros temas; el único sin contaminar. Alabo y agradezco su valentía, porque a quienes llevamos tiempo luchando en este campo de batalla, nos hace sentirnos menos solos. Ya he sacado del armario mis chaquetas verdes.

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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