Una ideología totalitaria contra los hombres: feminismo de género (II)

Los equívocamente llamados avances de la mujer se moldearon en las mentes de personas desequilibradas y se fueron imponiendo de manera velada en las Conferencias de las Naciones Unidas sobre la mujer, de manera subrepticia y sin debates previos.

El movimiento queer

El feminismo radical parte del “lesbianismo radical”. De hecho, casi todas las mujeres impulsoras de este movimiento han sido, o son, lesbianas o bisexuales. El lógico, por tanto, que el feminismo radical tenga como aliados en su caja de Pandora al movimiento gay, denominado también “lobby rosa” y al movimiento queer.

Aunque estas ideas se venían gestando desde finales de los sesenta, divulgándose a través de libros y foros universitarios, es en 1975 cuando se empiezan a imponer socialmente. Este año tiene lugar en México la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Mujer, donde se adoptan algunas medidas, aunque muy tímidas, que nada hacían presagiar el final de estas políticas feministas. En 1979, la ONU adopta el Movimiento de Liberación Femenina para la Eliminación de toda Forma de Discriminación de la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés), al que se sumaron más de ochenta países en los cinco años siguientes.

La clave del movimiento radica en el término “discriminación”. Para las Naciones Unidas discriminación es cualquier política o práctica que influya en las mujeres de forma diferente a como lo hace en los hombres. Es así como ciertos comportamientos o tradiciones empiezan a considerarse discriminatorios aunque no haya una intencionalidad malévola en ellos; y ciertas galanterías pasan a ser ofensivas por este tipo de feminismo. Exaltar el instinto maternal de la mujer también es discriminatorio, porque en el hombre no se exalta y, por tanto, no estamos tratando a los dos sexos por igual. Se ha llegado a situaciones de ridículo sin precedentes. Pero, sobre todo, se insiste en la “discriminación relativa al sexo”, que se define como “cualquier distinción hecha sobre la base del sexo, que tenga el efecto o propósito de desmejorar o anular el reconocimiento del goce o su ejercicio por parte de la mujer, sin importar su estado marital, sobre la base de igualdad entre hombre y mujer, sobre derechos humanos y libertades fundamentales en el campo político, económico, social, cultural, civil o cualquier otro”.

Así se empiezan a perfilar las políticas extremistas del feminismo de la nueva izquierda, que se implementarían unos años después. Se asienta ya que en la familia hay roles establecidos que es necesario cambiar, y se hace una llamada de atención a los Estados para que adecúen sus leyes, aprobando algunas nuevas y aboliendo otras, en aras de evitar toda discriminación de la mujer.

Las consecuencias de la maternidad son contempladas como algo negativo en este documento y se insta a que las mujeres se reincorporen a su puesto de trabajo lo antes posible. Los “expertos” que diseñan estos programas están en contra del concepto de familia tradicional. Por eso el empeño en eliminar el instinto materno de la mujer y la prohibición de que no se fomente en las niñas; por eso promocionan los anticonceptivos y el aborto; por eso fomentan las investigaciones sobre clonación; por eso están en contra de la religión; por eso han hecho a la mujer esclava del trabajo. Como bien apuntó una feminista rusa: “La emancipación ha resultado ser para nosotras una explotación más dura que antes; hay una cierta división de tareas entre hombres y mujeres, pero las mujeres también se ven forzadas a ejecutar tareas duras”.

Asimismo se insta a los Estados a tomar medidas para modificar las conductas de hombres y mujeres, y se dan detalles de cómo eliminar estereotipos basados en el concepto de superioridad o inferioridad. También se exige revisar los textos de los sistemas de estudios para ajustarse a los nuevos conceptos de hombre y mujer. (Estamos exponiendo los planes de hace cuarenta años).

Trabajamos como esclavas para consumir, consumir, consumir

Estas políticas se han seguido escrupulosamente. Las mujeres han irrumpido masivamente en el mundo laboral –trabajamos como esclavas para satisfacer todas las necesidades creadas por los diseñadores de la sociedad consumista— y los niños están desde los tres meses en la guardería, atendidos por “expertos” que ponen en práctica todo lo acordado en las diferentes conferencias. Que los niños estén bajo la tutela del Estado desde que nacen es un viejo sueño de los ideólogos del feminismo de género y una práctica obligatoria de los regímenes totalitarios.

En 1985, la Asamblea de las Naciones Unidas convocó a las mujeres del mundo a una conferencia en Nairobi para analizar los resultados de la Década de la Mujer. Asistieron unas 13.000 señoras, casi todas feministas. Fue una conferencia de claro tinte racista, cuyo tema principal fue el control de la población en el Tercer Mundo. Los acuerdos de Nairobi poco o nada tienen que ver con la protección a la mujer. Las disidentes manifestaron su contrariedad ante los argumentos del Movimiento de Liberación Femenina y declararon: “Nos aterramos igualmente por la hipocresía de las Naciones Unidas, que se fundó para promover la paz mundial, y que actualmente es socio participante del holocausto de niños nacidos y no nacidos, coacciona a poblaciones ignorantes para que se sumen a la práctica del aborto y programa esterilizaciones en varias partes del mundo”.

Los resultados de la Conferencia son una prueba de la simbiosis entre los representantes de las Naciones Unidas y la IPPF, la mayor promotora de abortos del mundo –con lo que tiene montado un gran negocio—y la diseñadora de los modernos programas de salud sexual y reproductiva. El colonialismo cultural está ganando una carrera contrarreloj para implantar las ideas de unos pocos, de muy dudosa moral, en el resto del mundo.

Sin embargo, lo peor estaba por venir. En los años siguientes se impuso ferozmente la ideología de género, que obliga a todos los gobiernos a revisar toda la literatura de las instituciones públicas y privadas de acuerdo a la perspectiva de género. (Se puede reproducir el texto citando la fuente).

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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