Manuel del Rosal: «Moderados, mojigatos y tibios»

El votante español es moderado y de centro izquierda o de centro derecha

Manuel del Rosal: "Moderados, mojigatos y tibios"

Todos los medios de comunicación hablados y escritos, todos los politólogos, todos los tertulianos, todos los analistas, todos los columnistas abundan en que los españoles a la hora de votar somos moderados de centro, unos mirando a la izquierda y otros a la derecha, pero moderados de centro. Y, por lo visto, eso es bueno. Yo no estoy de acuerdo y a continuación lo explicaré.

Somos moderados, pero con nuestros votos damos el gobierno a quien no tiene escrúpulos en gobernar apoyado por los radicales, por independentistas, por Bildu. Es una paradoja ¿no? Eso debe ser porque somos moderados de centro y al mirar unos a la derecha y otros a la izquierda distorsionamos ese centro y carecemos de perspectiva.

Entre moderados, mojigatos y tibios existen escasas diferencias e incluso en ocasiones son sinónimos. Para mí los peores son los tibios, esos que están tan al centro, esos que son tan moderados, esos que son tan mojigatos que Dios los vomitó por su boca al no ser fríos ni calientes. Da la casualidad de que, los tibios son casi siempre tacticistas sin escrúpulos que actúan taimadamente para conseguir sus propósitos. Hoy aquí en España triunfa el tacticismo político y falta determinación, decisión y honestidad para hacer frente a las verdaderas necesidades de España y los españoles.

Como antes he dicho, yo no creo para nada que lo moderado sea lo bueno. Yo creo que lo moderado paraliza, inmoviliza e impide dar pasos hacia adelante, aunque sea a saltos. Los lectores deben saber que la naturaleza, al contrario de lo que se cree, no avanza paulatinamente, moderadamente. Los grandes cambios que han provocado la evolución lo han sido por saltos repentinos. No lo digo yo, lo dijeron los científicos Niles Eldredge y Stephen Gould en 1972. Y además la historia tiene infinidad de ejemplos de cómo la falta de moderación es buena en las ocasiones en las que lo que se necesita es un cambio, cambio que nunca puede llegar manteniendo una continuidad moderada y paralizante que impiden caminar al ritmo que marca la vida y la naturaleza mismas. Dos ejemplos: Cuando más necesitada estaba Roma de un cambio, un hombre, saltándose lo que se consideraba moderado y prudente, cruzó el Rubicón. Julio César con sus palabras “¡Alea jacta est!“ cambió la historia de Roma abriendo las puertas a lo que luego fue el mayor y mejor organizado imperio conocido. Cristóbal Colón no era precisamente un moderado. Sus ideas sobre el mundo rompían todo lo que se conocía sobre la redondez de la Tierra. Tuvo la suerte de entrar al servicio de dos reyes que tampoco eran moderados. ¿Nos hemos preguntado alguna vez cómo sería el mundo sin el descubrimiento de América? En las ciencias también existen ejemplos de cómo un salto inesperado, una ruptura en el moderado paso de la investigación, han proporcionado avances ni siquiera previstos en aquellos momentos. Uno de esos “saltos imprevistos” que se escapan a la norma moderada y prudente dio lugar al descubrimiento de la Penicilina por Alexander Fleming.

Los españoles somos – según lo que afirman los sesudos analistas, intelectuales, periodistas, sociólogos etc. – en nuestra mayoría moderados, mojigatos y tibios a la hora de votar, puede que ese sea el motivo por el que – al no dar saltos cuantitativos y cualitativos en la política que se aplica al gobierno de España – no hayamos avanzado casi nada o nada durante los 40 años de la travesía del desierto de la democracia. Los versos de León Felipe lo expresan soberanamente bien: ¿Quién lee diez siglos de historia y no la cierra / al ver las mismas cosas siempre con distinta fecha? / Los mismos hombres / las mismas guerras / los mismos tiranos, las mismas cadenas, / los mismos farsantes / las mismas sectas / ¡y los mismos, los mismos poetas!

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