José Luis Suárez Rodríguez: «El Supremacismo Feminista»

José Luis Suárez Rodríguez: "El Supremacismo Feminista"

El progreso tecnológico y la reivindicación político-social está permitiendo la igualación de derechos civiles entre hombres y mujeres. Hoy, la mujer se siente con capacidad para asumir roles y competencias que son decisivos en la vida social y moral de las naciones, y muchas mujeres reclaman y adoptan modelos que se venían considerando netamente varoniles en la vida académica, administrativa, eclesiástica, militar…

Pero el feminismo radical intenta ir mas allá en su reivindicación utópica, y prevé la llegada de la “era del feminismo”, dominante en una civilización futura, en la que impere el “género bueno”, eficaz para la humanidad del matriarcado.
Esta es la postura de un feminismo ideologizado, que quiere rehuir las diferencias de género de una especie humana necesariamente ambigua, de polaridades subordinadas y coexistentes, y busca la igualdad social en la superación de las características y atributos privativos.

La mujer “virada” o “virago”, queriendo enriquecerse con rasgos y comportamientos considerados masculinos: independencia, competi-tividad, ambición, agresividad, éxito, liderazgo…, reniega de los considerados típicamente femeninos: afectividad, ternura, abnegación, atención, entrega, servicio, conciliación…, lo que desemboca en una nueva especie de “machismo”, subrepticiamente tan o más abusivo que el tradicional.

La mujer que buscaba encanto en el ejercicio de la seducción, la simulación, la provocación, la astucia…, como cualidades connaturales al “sexo débil”, ha perdido el ánima para pedir: “Tócame, tócame, que tengo frio…”, sino que advierte: “Vete, vete…”, “déjame, déjame…”; ya no provoca el piropo inocente, sino que lo rehúye y lo considera soez; y se molesta cuando un hombre galán le cede el paso, porque lo considera una conducta machista.

El hombre ya no es para la mujer virago un “amigo de género”, sino un enemigo público, al que más bien hay que atraer como “aliado feminista”. El “eterno femenino” se acaba, porque no gusta a la competencia, que prefiere al “gay”. Prima el cambio de valores típicamente femeninos por comportamientos y actitudes que entrañan seudo virilidades necesarias para el ejercicio de la autoridad, el mando, la dirección, la firmeza, el liderazgo, la estrategia….
Y así, el hiperfeminismo convierte el “anima mater” de la mujer entera en animosidades para la imposición, la ambición, la venganza, la estratagema…

La ideología de género que, como lobby aberrante, monta este tinglado, se apoya en los propósitos, ya confesados por el feminismo supremacista:

La conquista de un “status quo” que favorezca el dominio del sexo femenino.

Una sociedad matriarcal liderada por mujeres eminentes, en base a un adoctrinamiento impuesto en las aulas mediante “valores femeninos”.

La insumisión a las normativas tradicionales, tachadas de “patriarcales”, haciendo que las mujeres no se resignen en el desempeño de papeles sociales que impliquen modelos “maternales” o subordinados.

La previsión de un arquetipo de género femenino, dominante en el futuro, no con sentido de mejora moral de la vida humana (ideal clásico y occidental), sino de transformación social conseguida por el “sexo bueno” (sexismo socializado).

Es esta la propuesta tenida “in mente” por la actual ministra de Educación, Isabel Celáa: convertir los “valores cívicos” en “valores de las mujeres”. O sea, que el favorecimiento del feminismo significa -afirma ella- “estudiar el mundo desde los valores de las mujeres”. Ese va a ser, para el curso 2019-2020, el contenido del programa de la asignatura que se llamará “Educación para el socialismo y el feminismo”, adoctrinamiento feminista que no deja de ser una discriminación abusiva.

En igual línea está la proposición de la Vice-Presidenta Carmen Calvo, encaminada a reformar el Código Penal en lo concerniente a delitos sexuales: “Si una mujer no dice sí expresamente, todo lo demás es no”. Se trata de un directivismo feminista que significa “recorte” de derechos de los varones, aumentándoles deberes. Y ha de ser así, porque según el supremacismo feminista, a la mujer le corresponde la “presunción de veracidad”, porque el engaño se supone que es cosa de hombres; y en las relaciones sexuales, la iniciativa de la pareja la tiene ella, que decide “día y hora”.

No les va lejos Irene Montero, la dueña de “Unidas Podemos”, empoderamiento que la muy cuca también piensa cambiar en “Unidas Podamos”, tremendamente abusivo.

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