Manuel del Rosal: «Badalona y Canarias como síntoma»

Manuel del Rosal: "Badalona y Canarias como síntoma"

En el ámbito de la medicina, un síntoma es un fenómeno que revela una enfermedad”

¿Está enferma España? Es decir ¿está enferma la sociedad española? ¿Está siendo España conejillo de indias en un proyecto de ingeniería social?

El ayuntamiento de Badalona será gobernado por cuatro partidos: PSC, los comunes, ERC y la CUP. Canarias, a su vez, tendrá un gobierno compuesto por cuatro partidos: PSOE, Podemos, Nueva Canarias y Grupo Socialista de Gomera. La investidura de Sánchez depende de cinco o seis partidos. Una ensalada de partidos cuyos componentes ahora habrá que aliñarlos y ya sabemos que los aliños, la mayoría de las veces, no salen a gusto de todos. ¿Se verán beneficiados los ciudadanos de Badalona, Canarias y España con esos gobiernos de cuatro o cinco cabezas? Para contestar a esta pregunta debemos saber primero si esos partidos se han unido para buscar el bien general de la ciudadanía o tan solo por repartirse el poder. No hace falta ejercitar mucho la mente para saber que esos partidos no se han unido buscando mejorar la vida de los ciudadanos de Badalona ni de Canarias ni de España, sino buscando tocar el pelo del poder, aunque por tocar ese pelo hirsuto y maloliente los ciudadanos se vean perjudicados. Badalona, Canarias y el gobierno que salga en la investidura son los síntomas claros de la enfermedad que asola a España desde hace años: Unos políticos que tan solo buscan el poder a cualquier precio y unos ciudadanos que, manipulados hasta la náusea, permanecen en un guindo del que llevan años sin caer. Esperemos que cuando caigamos no sea demasiado tarde y la caída quede un poco amortiguada. Esta enfermedad de la sociedad española que podríamos denominar “meningitis social”, ha dibujado unos gobiernos cuyos componentes están ahí porque han llegado al acuerdo en el reparto de los poderes, sin ni siquiera pensar en España y los españoles. Esta meningitis lleva gestándose muchos años y en la gestación unos participan por acción (los políticos) y otros por omisión (los ciudadanos). Los gérmenes causantes de la enfermedad son conocidos desde los albores de la humanidad: la codicia y ansias de poder de unos y la estupidez de otros. Ningún germen patógeno conocido a lo largo de la historia de la medicina es más letal que la codicia, el poder y, sobre todo, la estupidez. Además, no hay antídotos para ellos. De ninguna otra manera puede interpretarse el resultado de las elecciones que ha dado lugar a pactos y coyundas mefistofélicas, si no es como una enfermedad social que no ha aparecido de repente, sino que, los manipuladores oficiales del reino, la llevan inoculando en los cerebros del personal desde hace años para, una vez la enfermedad se apodera de la ciudadanía, esta actúe conforme a los fines perseguidos por quienes se benefician de unos votos erráticos, que están llevando a España a la ingobernabilidad o a una gobernabilidad pervertida.

Iba a terminar, pero se me ha ocurrido que, tal vez, lo que está ocurriendo en España, no sea tanto una enfermedad (que también), sino un experimento de ingeniería social para ver cómo responde un país ante una nueva situación creada por los mismos que realizan el experimento. Para ello es condición “sine qua non” que la sociedad del país donde se realiza esa ingeniería sea una sociedad líquida y no sólida, débil y no fuerte, acomodaticia y no luchadora; una sociedad formada por individuos dúctiles y maleables fáciles de moldear como muñecos de cera, muñecos a los cuales, y en el momento oportuno, se les clavan los alfileres de vudú para tenerlos domesticados.

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