Antonio Sánchez-Cervera: «La Línea, el Brexit y Gibraltar»

Antonio Sánchez-Cervera: "La Línea, el Brexit y Gibraltar"

Escribíamos el 1 de junio de 2017 que Europa debía esperar muy poco de los británicos y de los norteamericanos y dedicarse en cuerpo y alma a defender y consolidar nuestros propios intereses (https://www.periodistadigital.com/politica/opinion/columnistas/20170601/europa-debe-esperar-mundo-anglosajon-noticia-689401190354/)

Los británicos siempre negocian a la baja con desmesurada sinuosidad y ahora con el Brexit no iban a dejar de hacerlo, máxime cuando además cuentan con el apoyo de un Trump que aunque parezca o sea de verdad un mal educado charlatán de la América profunda, contrario, exclusivamente por temor a la rivalidad, a la idea supranacional que representa la UE, pese a que presuma, necia y torpemente, de combatir la inmigración como amenaza existencial para la América blanca cuando él mismo es fruto genuino de la inmigración -hijo, nieto y esposo (en dos ocasiones) de extranjeros que llegaron a Estados Unidos buscando un futuro-, no por todo ello, y en algunos aspectos no le falta la razón, no deja de ser un empresario hecho a político muy orientado a los objetivos y a los resultados, gran negociador y con capacidad de convencimiento (es una de sus armas principales), no escatima esfuerzos y utiliza su aparente dureza verbal como parte de su estrategia de negociación. Washington siempre elegirá a Londres como socio antes que a nadie. De hecho, ahora en julio de 2009, EE.UU. eligió a Londres como socio en la operación secreta para capturar al superpetrolero iraní Grace 1, ninguneando a España en el Estrecho.

Con estos mimbres, Boris Johnson, próximo Primer Ministro del Reino Unido, sabe que la pinza con USA puede beneficiar bastante a su país para no convertirlo en un Estado vasallo de la UE en cuanto al comercio de bienes a pesar de estar ya fuera del bloque comunitario. Irá a un Brexit duro, con el apoyo explícito de Trump, presumiblemente ya acordado entre ambos con anterioridad (fue el motivo principal de la última visita de Trump a Londres el pasado mes de junio) e intentará por todos los medios que el Reino Unido se vaya a la francesa y sin dar un euro a cambio. Así suelen terminar las largas negociaciones de los británicos mientras que su longeva Reina cumple años invistiendo a nuestro Rey con la Orden de la Jarretera.

¿Y qué pasa con Gibraltar?

Indudablemente los gibraltareños tienen más que consolidada su identidad, aun cuando se cerrara hace 50 años la Verja de Gibraltar con La Línea. Ahora, con un Brexit a lo Johnson, un hard Brexit, pudiera ser que la cancela al menos se entornará en mayor o menor medida.

Obviamente, si el Reino Unido sale de la UE a lo Johnson, Gibraltar sale de manera inmediata también. No hay que olvidar que la UE reconoce a Gibraltar como una colonia, como antes estaba recogido en una sentencia del Tribunal de Justicia de la UE.

Gibraltar como colonia del Reino Unido tendrá que ir preparando pasaportes hasta para mascotas, permisos de conducción y seguros de vehículos, tendrá que saber manejar con eficacia la colaboración que necesariamente ha de estrechar el Sector Privado con los Sindicatos, prevenir el efecto de las empresas que se irán definitivamente del Peñón, con la pérdida de puestos de trabajo que afectará principalmente a los propios gibraltareños y a los españoles cualificados que en la actualidad trabajan en la Roca, y no se debe olvidar nunca que Londres mirará antes su propio ombligo que el suyo, más rocoso, árido y escasamente productivo – escorpiones de la Roca, llamaban los británicos a los gibraltareños-. Gibraltar se quedará sin medidas de contingencia, no podrá, en principio, seguir en el mercado interior y beneficiarse de la libre circulación de personas…En definitiva, en Gibraltar habrá serios problemas económicos, pues se basa en trabajadores, dinero, bienes y servicios españoles a través de un acceso más fácil al mercado único. Con el Brexit johnsiano, al imponer una frontera dura, la economía de Gibraltar sufrirá seguramente un daño todavía inimaginable e irreparable, pues a la pérdida de derechos comunitarios que llevan acumulados desde el ingreso de Gran Bretaña en el Mercado Común allá por 1973, la nueva situación va a restringir sus posibilidades de movimiento, resintiéndose sus negocios y, en definitiva, su vida cotidiana.

Téngase en cuenta que con el Brexit, Malta, en relación a Gibraltar, será el principal beneficiario del status quo, por su régimen fiscal muy favorable, entre otras razones.

Finalmente indicar a este respecto que en las negociaciones del Brexit, hasta el momento, el futuro de Gibraltar ha permanecido esencialmente como un desconocido, algo que cambiará sustancialmente cuando el Reino Unido se vaya y puede que el problema de la frontera irlandesa no sea el más espinoso para este contencioso que se ha convertido el Brexit, sino Gibraltar y lo que se cierne sobre su futura frontera con su soberano británico o su vecino español.

¿Y qué pasa con La Línea?

Con un Brexit duro, sin hoja de ruta, los problemas para la zona del Campo de Gibraltar, fundamentalmente con La Línea, se sucederán, pues no solo afectarán al tránsito fronterizo de los ancianos que cobran su pensión al otro lado de la Verja o a los escolares que estudian con inmersión lingüística de serie, sino, y es lo más preocupante, los puestos de trabajo que podrían perderse superan la cota de 12.000: hostelería, servicio doméstico, turismo, pero también casinos, empresas de juego on-line o, muy especialmente, sanidad y educación, aun cuando, en general, los derechos y prestaciones laborales son peores en Gibraltar que en España. Obviamente, parte del problema podrá subsanarse con visados para cruzar la Verja y recurriendo al teletrabajo

Ahora bien, dadas las circunstancias que se avecinan, el Gobierno de España no puede mirar para otro lado y debe empezar, al menos a reconocer la singularidad histórica que tiene La Línea por el hecho de convivir junto a Gibraltar. España, que no Londres ni Gibraltar, tiene una deuda con La Línea.

Se habla de solicitar al Gobierno central que La Línea se constituya Ciudad Autónoma como establece el artículo 144 de la Constitución a través de Ley Orgánica, con un régimen especial con competencias propias y con ese nuevo estatus se podría lograr la fiscalidad especial, mejoras en las pensiones de los trabajadores españoles en Gibraltar, ventajas para los funcionarios del Estado que vengan a trabajar a La Línea y otros múltiples beneficios.

¿Es viable la propuesta? ¿Tiene soporte jurídico?

Partimos de la base de que en general la Constitución de un país de nuestro entorno no se debe forzar. Obviamente, en teoría y sobre el papel, nuestro poder legislativo podría elaborar una ley orgánica en el sentido apuntado de la propuesta mencionada, pero también hay que decir que jurídicamente el artículo 144 citado no está pensado ni mucho menos para ningún ayuntamiento, no tendría sentido constitucional.

Seguramente, La Línea de la Concepción, sin un Plan especial que de verdad se implante y se desarrolle en toda su extensión, se quedará, como siempre, al Sur del Sur y mirando al Peñón de sus antiguos.
Lamentablemente vaticino, que La Línea no entra en los planes del artificioso paripé que está haciendo la izquierda de nuestro país para formar gobierno y llevarnos a todos, La Línea incluida, a la deriva.

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