LAS COSAS DEL GOBIERNO SOCIALISTA Y SUS AMIGOS

Pedro Sánchez, el que recibió con cámaras de TVE al ‘Aquarius’, no retira las concertinas y entrega a Marruecos las llaves de la inmigración

Pedro Sánchez, el que recibió con cámaras de TVE al 'Aquarius', no retira las concertinas y entrega a Marruecos las llaves de la inmigración
Un inmigrante subsahariano, sangrando, cortado por las concertinas y Pedro Sánchez (PSOE). PD

Un año después del propagandístico y pringoso festival organizado por el Gobierno socialista en el puerto de Valencia para recibir a los inmigrantes sin papeles del buque Aquarius, Pedro Sánchez y sus colegas del PSOE ni han retirado las cortantes concertinas de las vallas de Ceuta y rechazan de plano que se acerque a un puerto español el ‘Open Armas’ saturado de desventurados.

El PSOE ni siquiera tienen a estas alturas una política migratoria digna de ese nombre Melilla y ha entregado a través del tandem Sánchez-Marlaska las llaves d ela migración africana hacia España a nuestro siempre exigente vecino marroquí.

La propaganda que caracteriza al Ejecutivo de Sánchez provocó el pasado verano un efecto llamada que disparó las llegadas por mar de inmigrantes.

El silencio que el Gobierno en funciones guarda estos días sobre la situación del Open Arms, cargado de subsaharianos y sin rumbo fijo, idéntica a la del Aquarius, es una muestra del giro radical hacia el realismo con que, ahora sin alarde, de forma discreta, Sánchez ha hecho frente a un desafío migratorio que terminó por desbordarlo y lo hizo víctima de su propia demagogia.

Las palabras, este 8 de agosto de 2019, de Carmen Calvo sobre el Open Arms, al que el Gobierno niega el pan y la sal que ofreció al Aquarius, ilustran por sí solas este cambio de tercio

Diseñada a la medida de los dogmas del electorado de izquierda, la irresponsable puesta en escena de la recepción del Aquarius se saldó con un incremento histórico del número de inmigrantes que a lo largo de 2018 llegaron a nuestra a costas, seducidos -e invitados de manera informal- por la bienvenida que representó aquel gesto electoralista.

Un año después, y con las cifras acumuladas hasta el pasado 4 de agosto, la caída en el número de inmigrantes rescatados en nuestras costas llega al 40 por ciento. De 23.113 hemos pasado en doce meses a 13.717 subsaharianos, un recorte más que notable, reflejo del aterrizaje forzoso del Gobierno de Sánchez en las pistas del realismo.

Respaldado por la UE, el Ejecutivo socialista ha sabido implicar a Marruecos -previo pago, siguiendo el modelo turco de externalización de fronteras- en una política de control migratorio que también beneficia al país vecino.

El efecto llamada provocado por Sánchez no solo puso en jaque a España, sino a Marruecos, tierra de paso y de hospedaje temporal de un éxodo del que a nuestras costas solo llega una pequeña parte y que amenaza la estabilidad de nuestro vecino del sur.

Marruecos hace su parte del trabajo en el mar, ahora con el apoyo de una política fiable desde Madrid, mientras que en tierra firme las concertinas -otro símbolo de la lucha libertaria de la izquierda- siguen donde estaban, en las fronteras de nuestras ciudades autónomas.

La rectificación de la política migratoria debería ser para Pedro Sánchez un ejemplo del coste del dogmatismo y de los gestos populistas. También en otros campos, tanto o más sensibles, falta responsabilidad y sobra propaganda.

Autor

Manuel Trujillo

Periodista apasionado por todo lo que le rodea es, informativamente, un todoterreno

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