José Luis Suárez Rodríguez: «La envestidura y el Rey»

José Luis Suárez Rodríguez: "La envestidura y el Rey"

El acto de investidura, entendido como sesión de toma de posesión personal de un cargo, dignidad o poder en institución social o política, tuvo una primitiva forma verbal y escrita en el término envestidura.

Si a la palabra envestidura se le busca etimología semántica en la raíz “envés”, como lo opuesto al “haz” de una hoja (extiéndase a “hoja de ruta”), se concibe el homónimo investidura, en política, como la actuación que busca alternativa necesaria cuando el proceso normal se presenta imposible.

Este parece ser el caso de la investidura fallida del candidato Pedro Sánchez. Ante la imposibilidad de acuerdo con su socio de izquierda, Podemos, para formar un gobierno de coalición, como exigen los populistas, y que el PSOE considera no apto, por incompatibilidades “de estado”, se impone la alternativa de esa vía de investidura.
Pero la alternativa propuesta por Sánchez no ha de ser la de la abstención de los partidos constitucionalistas, PP y Ciudadanos, que evidentemente aceptan la premisa que Podemos niega, o sea, un gobierno “de estado”, que haga frente a los partidos que quieren secesionarse del estado español.

La lengua catalana usa para el término “envés” la palabra “revés” ¿Será porque los catalanes son, lingüística y políticamente, “enrevesados”? En el fondo independentista del catalanismo político nacionalista late el “enrevesismo”: al “haz”, legal y constitucional de la Carta española, oponen su “revés”: la unilateralidad, el derecho a decidir, la desobediencia, el referéndum… En definitiva, a la Unidad de España la contradicen con la desunión o secesión.

Es evidente que un partido aliado ideológicamente con los separatistas, como es Podemos, que comparte y comulga sus aspiraciones y estrategias, no puede ser el partido coaligado con el de la mayoría electoral, que es constitucionalista, para formar un gobierno estable. Seria una rata en la cacharrería gubernamental.

Si Podemos se suma al ditirambo independentista y lo lleva como condición sine qua non de la democracia, exigiendo a un posible gobierno con los socialistas los cambalaches de “referéndum”, “indultos”, “republicanismo”, “oprobio a la corona de España” …, el PSOE, partido constitucionalista, no debe aceptar acuerdos de gobierno con esa formación anticonstitucional.

Abel Caballero, socialista de pro, que preside la Federación Española de Municipios y Provincias, Alcalde de Vigo, en declaración reciente al periódico “ABC”, afirma que: “Habría que llegar a un pacto estatal para compensar los escaños de los secesionistas”.

Efectivamente, desechado el pacto de coalición, por incapacidad de las partes, se impone la necesidad de un acuerdo parlamentario para salvar la estabilidad y el mantenimiento del Estado de Derecho, firme en la defensa de la Constitución.

Y si ese acuerdo de la institución parlamentaria no fuera posible, urge la inmediata información al Rey, Jefe del Estado. ¿Está el Rey facultado para proponer al candidato a la investidura la presentación de un programa político de salvación nacional, que, presentado a la Cámara, obtenga la confianza de la mayoría parlamentaria, que es constitucionalista?
Es cierto que, según el art. 99 de la Constitución: “el Rey… propone un candidato” (99,1); y “el Rey… convoca nuevas elecciones” (99,5). Y esas funciones las ejerce como “Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, que arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones” (art. 56,1).

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