No se trata simplemente de atraer o disipar lluvias, sino de fumigaciones en toda regla para perpetrar cambios en el planeta, incluido el ser humano.

Operación cambio climático (III). La guerra del clima en la televisión

Operación cambio climático (III). La guerra del clima en la televisión

En el 2009, el History Channel obsequió a sus telespectadores con el jugoso documental Weather Warfare (La guerra meteorológica), en el que admitía el uso del tiempo atmosférico como arma, y la posibilidad de que los famosos chemtrails fueran algo más que las típicas estelas de condensación (contrails) dejadas por los aviones de manera natural. En el reportaje se decía incluso que las emisiones de microondas podían causar terremotos. “¿Cómo es que estos se atreven a hablar abiertamente del HAARP?”, se preguntaban algunos, con mucha lógica, porque muchos televidentes debieron echarse las manos a la cabeza cuando oyeron la confirmación de las opiniones de los conspiranoicos y programas más dados a la especulación; una evidencia, por otra parte, negada sistemáticamente durante más de una década. Sin embargo, el sistema nunca da puntada sin hilo, y nuestra lógica no funciona cuando tratamos de aplicarla a sus informaciones-desinformaciones. Algunos avezados pensaron que, posiblemente, se estaba creando una masa crítica que propiciara el debate público sobre la conveniencia de la manipulación del clima. ¿Pero con qué fin se desvelaba el secreto? ¿Un fin informativo dirigido a una sociedad adulta que desea saber? No. La finalidad era focalizar el tema en un solo punto, que solo admitiera dos posibilidades, dos bandos, el sí y el no, los a favor de modificar el clima, y los contrarios. No incluiría este debate otros aspectos —los realmente maquiavélicos— de los chemtrails y el HAARP, es decir, “la geoingeniería y la transformación biológica de todas las formas de vida, además del control del comportamiento y del control mental”. Aparte de esta superagresión que viola todas las constituciones de los países avanzados, nos preparaban para la gran mentira del calentamiento global, que enmascara todo el plan diabólico.

A principios de los ochenta comenzó el discurso ambientalista y se empezó a hablar del calentamiento global, motivado por un ser humano agresivo que estaba modificando el hábitat. Muchas familias, por esa época, dejaron de utilizar los aerosoles, para no contaminar, y se pasaron a los productos líquidos, sea en forma de desodorantes y otros artículos de limpieza.

Los políticos interiorizaron la idea de salvar el planeta, hablar del clima se convirtió en uno de los leitmotiv, y la televisión lo fue adoptando como un tema de debate. Más tarde llegaría Al Gore con toda su parafernalia e incluso salió a relucir “el primo” de Rajoy, que no creía en el cambio climático. Los gobiernos empezaron a disponer de grandes partidas presupuestarias para luchar contra lo que se nos venía encima. Y la gente, tan contenta, sin caer en la cuenta de que sí había cambio climático, pero no por la acción del hombre, sino creado artificialmente, como veremos enseguida.

¿Qué sustancias contienen los chemtrails?

Las aeronaves involucradas en los chemtrails suelen ser aviones militares o comerciales que se han adecuado para este fin, es decir, se les han retirado los asientos y se han colocado depósitos para llevar el producto que se asperge durante el vuelo. ¿Pero de qué producto se trata? “¿Con qué diablos nos están fumigando?”, se pregunta Michael Murphy. Hace años que se conoce el uso de sustancias para conseguir precipitaciones de lluvia y todo lo contrario: para reducirlas o disipar frentes lluviosos. En el primer supuesto, se emplea el yoduro de plata, el dimetilsulfóxido, el ácido carbónico, el perclorato amónico y el bario. En el segundo, se utiliza el cloruro de calcio, el aluminio, el ácido sulfúrico, las diatomitas, el amoniaco, el dióxido de carbono, el butano, el isobutano, el propano, los freones, los polímeros superabsorbentes y la dispersión de óxidos de metales en la estratosfera, como el óxido de aluminio.

Si todo se quedara ahí, esto es, si se tratara de una lucha caprichosa de las naciones poderosas para conseguir climas locales a la medida de sus intereses, sería reprobable, pero estaría en la línea de lo comprensible. Los tiranos siempre manipulan a su antojo, y las naciones hegemónicas siempre lo han hecho con relación a los países atrasados. Pero no estamos hablando simplemente de atraer o disipar lluvias, sino de fumigaciones en toda regla para perpetrar cambios en el planeta, incluido el ser humano.

No estamos hablando de simples sospechas infundadas. Análisis de muestras de tierra, agua, plantas y sangre realizadas en diferentes partes del mundo indican que hay concentraciones anómalas de bario, aluminio y titanio, y que la presencia de estos elementos en la biosfera está aumentando de manera alarmante. Esto ha llevado a muchos investigadores a denunciar que la humanidad está siendo sometida a un proceso de fumigación. Suena fuerte, pero las evidencias así lo indican.

Por si la presencia de estos tóxicos, sobradamente conocidos, no fuera lo suficientemente grave, se une a esta conjura contra la vida la “utilización de los novísimos polímeros autoensamblables, de nanotubos de carbono con capacidad portadora y química y de ‘smart dust’ o polvo inteligente”. (Continuaremos hablando de la “Operación cambio climático).

 

 

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI

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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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