José Luis Suárez Rodríguez: «Propuesta progresista en tiempo de malestar»

José Luis Suárez Rodríguez: "Propuesta progresista en tiempo de malestar"

Pedro Sánchez, presidente en funciones, con ansia de renovar su liderazgo, mediante investidura, anuncia: “Ni coalición, ni elecciones; hay una tercera vía: un programa común progresista”.

Lo de “común” apunta a un necesario acuerdo del PSOE con su compañero de viaje en la izquierda, que es Podemos, aunque los socialistas se reclaman como los garantes de un gobierno progresista, dada su desconfianza con el socio situado más a la izquierda.

Tampoco busca el PSOE acuerdo de signo progresista con partidos no siniestros, o sea, de más a la derecha. Como siempre, el socialismo busca la ambigüedad para no aceptar la máxima imponderable de Don José Ortega y Gasset, de talento liberal, en “La rebelión de las masas”: “Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil”.

Nosotros nos conformamos con la evidencia puesta de manifiesto por Juan Ramon Jiménez, hombre de izquierdas, cuando, en su “Españoles de tres mundos”, afirmaba que hay progresistas “retrógrados”.
Por “progresismo político” se entiende frecuentemente, por doctrinarios de izquierda, el movimiento ideológico de lucha social que defiende ideas y medidas orientadas al avance democrático en la conquista de derechos civiles conducentes al bienestar de la sociedad, la igualdad social y la justa distribución de la riqueza.

La izquierda, que al proyecto-idea del progresismo añade el fundamento de la lucha social como “lucha de clases”, intenta adueñarse del concepto con pretensiones de mantener la imagen de superioridad moral en la vida pública. Olvidándose de la libertad individual y grupal, ponen toda la responsabilidad del progreso social en el Estado, convirtiéndolo en guardián totalitario de la evolución o desarrollo histórico, con formas de gobierno que han causado las más perniciosas dictaduras (desde Lenin hasta Maduro) y los más crudos retrocesos en los sistemas de convivencia humana. Fue el caso, no yéndonos lejos, del socialista Rodríguez Zapatero, cuya nefasta gestión económica generó aún tremendo paro y enorme malestar social, a un no cauterizados.

El progreso, como finalidad del interés general que busca el bienestar de la mayoría, repele el intervencionismo, estatal o partitocrático, y trata de conseguir reformas económicas y sociales beneficiosas mediante acuerdos de los representantes parlamentarios del estado democrático de bienestar.

En la España del desarrollo europeo son objetivos del estado de bienestar: el crecimiento armónico de las autonomías regionales, en base al fortalecimiento de la soberanía de la nación Una. Una educación igualitaria, que permita la igualdad de derechos y oportunidades laborales sin privilegios ni discriminaciones localistas. La salvaguarda del liderazgo intelectual innovador de sus élites. La creación de riqueza nacional, destinada al desarrollo competitivo de las empresas y la justa distribución de la renta. El cuidado de la Salud publica y del Medio Ambiente. La ordenación de la Seguridad, nacional y ciudadana. El favorecimiento de las alianzas en el exterior para la convivencia cultural y pacífica con los demás pueblos de Europa y del Mundo.

El progresismo retrógrado y reaccionario está lejos de la consecución de esos objetivos reformistas y de sostenibilidad económica y cultural, sino que sus intenciones apuntan en dirección colectivista y partidaria: Impuestos altos. Despilfarro del dinero público. Aumento de a la democracia partidista, del enchufismo y del clientelismo, mediante subvenciones a los allegados. Sindicalismo inane. Feminismo progre…

En esta España de impasse político, que clama por un gobierno de salvación, la triste realidad refleja un clima social caracterizado por fenómenos de indudable malestar social, de presencia inobjetable: Bloqueo de los presupuestos estatales. Excesividad de impuestos. Parálisis legislativa. Entorpecimiento de la actividad judicial. Empeoramiento de la economía doméstica y general. Estacionamiento, tirando a la baja, del empleo. Cierre masivo de grandes empresas y establecimientos mercantiles. Decaimiento del consumo. Atonía bursátil.

Deterioro de la Seguridad ciudadana, con aumento de la delincuencia, del tráfico de drogas, de los inmigrantesilegales, traídos por organizaciones criminales; de robos violentos, hurtos reincidentes, okupas desocupables. Violencia machista cada vez más frecuente… Y en el ápice, el enquistamiento, con visos de insolubilidad, del muy grave “problema nacional” en la autonomía catalana, con su gobierno independentista, que busca la secesión mediante la amenaza, la desobediencia y el rupturismo permanente.

En esta situación de riesgo continuo y máxima alerta, cuando los demás partidos, por fas o por nefas, están deshilachados, y el PSOE mantiene la sartén, los gurús del astuto Sánchez le han soplado: “Este es el momento del sartenazo, es la ocasión para apelar al progresismo socialista”.

Este gurú anuncia que habrá elecciones ¿Pretende el PSOE abordarlas con la carga de su progresismo? Si a “progresismo” le restamos el vicioso “ismo” se queda en “progre”: Los socialistas son los “progres”, una adjetivación objetivamente muy pobre.

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