Antonio Sánchez-Cervera: «Los políticos no se equivocan, es el pueblo el culpable del error»

Antonio Sánchez-Cervera: "Los políticos no se equivocan, es el pueblo el culpable del error"

Unas nuevas elecciones penalizarán al centro derecha con menos escaños de los que actualmente tiene. Sin embargo, apuntalarán a Sánchez con más asientos parlamentarios y, al menos, y lo decimos de forma muy positiva, beneficiarán al bipartidismo del PSOE y del PP, que urge restablecer para la estabilidad gubernamental de España.

Ciudadanos, con Rivera a la cabeza, ha perdido no solo el rumbo de la política, sino también la astucia del oportunismo de una formación en ciernes. Está amortizado como partido político, de la misma forma que quedó hace tiempo amortizada la formación de Podemos.

Casado se equivoca hondamente cuando cree que el centro-derecha puede crecer en estos momentos en nuestro país, sume lo que sume. Difícilmente los españoles van a unir en las urnas lo que la mediocridad de unos políticos no ha podido alcanzar ni siquiera con el pensamiento.

El problema, ahora, de los dirigentes del centro-derecha es que actúan pensando solo en ellos, ni siquiera pelean ya por una pírrica victoria, parece como si su tiempo hubiera pasado, si algún día existió.
Naturalmente el desencuentro de los partidos del centro y la derecha es consecuencia de la maquiavélica división de sus votantes y solo a éstos podemos culpar del engreimiento que padecen los Rivera, Casado y la compaña.

Casado erró, una vez más, al anunciar a bombo y platillo, sin prudencia alguna, aquello de la España Suma, cuando el líder del PP, alejado gloriosamente de la necedad rajoniana, tenía y tiene que centrarse exclusivamente en que el bipartidismo tradicional vuelva a nuestro país. No hay que olvidar que el votante de derechas en España, vote al PP, al Cs, a VOX o a los partidos regionalistas, se está dando cuenta de que al fraccionar su voto otorga sustanciosa ventaja a la izquierda; también, va siendo consciente de que partidos como Cs y VOX han sido y surgido de cierta manera como quimeras emocionales en unos tiempos donde el hastío del elector sobrevenía ante la corrupción, la sinvergonzonería y la mentira de aquellos muchos cabecillas del PSOE y del PP que mancillaron deshonestamente las siglas que representaban, con el consentimiento, expreso o tácito, de los que presidian el Gobierno de la Nación.
Sánchez, con la miopía o la ambición de los dirigentes de la derecha, está asentando en el poder al PSOE, lo cual es bueno para preparar, al menos, el retorno al bipartidismo de uno de sus brazos más importantes y primordiales.

Ante unas elecciones previsibles del 10-N, será el elector español el que tenga la palabra. No se trata ya de Sánchez, Casado, Rivera, Iglesias o Abascal sino de que los que van a elegir sepan lo que van a hacer. De nada sirve el lamento miserable del que se va a abstener pero luego exige lo que él no ha sabido defender. Será estéril entonces que el votante reproche a su líder que no ha empleado el mandato ciudadano para conformar Gobierno. ¿Por qué no ha cambiado su voto? ¿Por qué decide su voto y se deja influenciar viendo como un borrego los debates que se celebran la última semana? ¿Por qué sigue perteneciendo a esa masa cretinizada que solo sabe alimentarse de un ternurismo llorón y aspaventero?

Y recordemos siempre: los políticos no se equivocan, se aprovechan de los errores que el pueblo cometió.

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