Manuel del Rosal: «¡Suda! señores ¡Pedro Sánchez suda!»

Manuel del Rosal: "¡Suda! señores ¡Pedro Sánchez suda!"

Cómo se le ha podido escapar a Ivan Redondo, ese Rasputín de la Moncloa, la fotografía en la que Pedro Sánchez aparece sudando. Es imperdonable.

La imagen de impoluto de Sánchez se ha visto mancillada por esa foto que tira por tierra toda la campaña de mercadotecnia que, desde cinco minutos después de la moción de censura, se montó para proyectar como en holograma la imagen de un Pedro Sánchez impoluto, limpio, sin mácula; tan alejado de los simples mortales que ni siquiera sudaba. ¡Cómo iba a sudar un ser superior, último en la escala de la evolución, galáctico! La imagen ideada por los sociólogos y expertos en marketing social para Pedro Sánchez contenía, entre tantas virtudes, la de no sudar estando como está a años luz de los simples mortales. Y hete aquí que una simple foto ha desbaratado la estrategia y ha demostrado a los ciudadanos que Pedro Sánchez es mortal, terrestre y emite los mismos fluidos corporales que los hombres del común. Y que lo único que le diferencia del resto de los mortales es su ansia bárbara de poder que supera a aquel rey Sol que llegó a decir “L’Etat cèst moi” al que Pedro quiere superar para eternizarse en el poder.

La campaña de marketing montada desde el momento de la moción de censura es exactamente igual a la que te montan las compañías para que compres sus productos. Los revisten del oropel del progreso, del celofán de lo social, de sus ventajas para el consumidor, de sus diferencias en comparación con la competencia y de lo bueno que el consumidor va a obtener con su compra, entre lo que está la obtención de la felicidad. A eso añaden las campañas en la televisión, y la exposición del producto en las mejores estanterías y cabeceros del gran almacén apareciendo el producto con colores y envolturas varias y sugerentes para hacer embobar al consumidor. Y lo último consiste en pagar generosamente a algunos famosos – en este caso del producto Sánchez, a famosos, tertulianos, intelectuales apesebrados, periodistas, presentadores de televisión, sociólogos etc. etc. – para que hablen de las bondades del producto Pedro Sánchez inimaginables en cualquier otro de la competencia.

Ahora, el consumidor, entusiasmado con el nuevo producto que ha comprado inducido por la bárbara campaña de publicidad, llega a su casa, se sienta en su sillón favorito y, nerviosamente, rompe el envoltorio de celofán y ¡Oh, Señor! Lo que hay dentro es una tomadura de pelo de dimensiones colosales al comprobar que es mercancía averiada. El ciudadano lo comprueba pasadas las elecciones, cuando ya no tiene remedio.

Con el producto de la mercadotecnia de la Moncloa, es decir con Pedro Sánchez, les va a pasar lo mismo a quienes lo compren, aunque algunos se hayan visto avisados al comprobar que Pedro suda y es mortal y no tal como lo quieren vender. La diferencia entre el producto del almacén y el producto Pedro Sánchez es que aquel puede ser devuelto y el producto fruto de la maquinaria de la Moncloa nos lo vamos a tragar por huevos, como mínimo cuatro años. Ya que la Moncloa no contempla aquello de “Si no queda satisfecho le devolvemos el dinero”

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