Rafael López Charques: «Masoquistas»

Rafael López Charques: "Masoquistas"

La Real Academia nos dice que son aquellos que tienen “complacencia en sentirse humillados o maltratados”
Seguramente habrá lectores que ante el citado encabezado se preguntarán si vamos a hablar sobre perversiones sexuales, pues también se aplica a los que gustosamente disfrutan con ellas. Nada más lejos de nuestro pensamiento.
Hablaremos de nosotros, de los españoles, pero en un contexto que nada tiene que ver con el sexual, como podrán comprobar.

Alguien que contemple imparcialmente desde fuera lo que acontece en nuestro país, seguramente se asombrará y pensará que, o bien somos un rebaño de ovejas guiadas por los perros (disculpen, es un símil, no queremos ofender a nadie), o de lo contrario somos unos masoquistas, que disfrutamos con nuestras desgracias.

Lo primero podemos parecerlo, pues ya habrán comprobado ustedes que según los progres tenemos que ser buenos, que comprender, que aguantar, etc., aunque nos estén machacando. El que hace el mal siempre tiene disculpa y en último caso, la responsabilidad es de la sociedad, que no se ocupa de los desheredados de la tierra, de los descarriados, solo está preocupada de su bienestar. Estas son bonitas palabras, pero chocan con el comportamiento de los que las dicen, en cuanto el tema les atañe a ellos. Se olvidan de “predicar con el ejemplo”.

La otra opción que nos queda es que seamos masoquistas, y desde luego da la impresión de que es la acertada.
Los políticos, salvo excepciones, nos están tomando el pelo continuamente, solo preocupándose de ellos, pero queriéndonos hacer creer que nos llevarán con Alicia al país de las maravillas, y nosotros aguantamos estoica y resignadamente todos sus cuentos.

Es cierto que algunas personas protestamos, pero la mayoría soportan con lo que les echan, y aún dan gracias porque los tienen convencidos de que las cosas podían ir peor.

La citada postura es simple y llanamente la de un masoquista, de aquel que se regocija cuando lo pasa mal. Así no vamos a ninguna parte, el tiempo lo dirá.

Aunque la Diada catalana de este año ha sido un fracaso, digamos las cosas claras, aceptarán gustosamente a los separatistas si con ellos pueden formar gobierno. No importa que se jacten o amenacen, en relación a la próxima sentencia, de que “de pié aguantaremos el golpe y hasta lo podremos devolver”.

Tenemos que aguantar que a las personas que pusieron el Himno Nacional en un acto público, se les acuse de un delito de desordenes públicos, mientras que los que durante el mismo se cansaron de gritar “fuera España” tan tranquilos.
En la comunidad valenciana, una alto cargo (o como a ellos les gusta, una alta carga) izquierdista se queja públicamente porque una camarera argentina le contestó en castellano por no saber el valenciano. ¿En qué quedamos? ¿No son ustedes los grandes defensores de la inmigración? Por cierto en esa comunidad un quince por cien de los colegios solo imparte clases en valenciano; suponemos que debemos tomarlo como una muestra de su solidaridad.
La Cámara de Cuentas madrileña descubre que, los ejemplares súper izquierdistas de la comunidad despiden a trabajadores, sin cotizar a la Seguridad Social la obligada indemnización, y a aguantar, que ellos son los éticos moralistas.

Mientras ocurre todo lo comentado y mucho más, la mayor parte del pueblo español vive y traga. En estas circunstancias está claro que es masoquista, en vez de rebelarse contra todo este desbarajuste y despropósito, lo acepta como algo natural. Así pasan los días, y cada vez más nos precipitamos en el abismo, esa es la triste realidad.

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