Antonio Sánchez-Cervera: «Elecciones 10-N: otra oportunidad para que el pueblo corrija sus errores»

Antonio Sánchez-Cervera: "Elecciones 10-N: otra oportunidad para que el pueblo corrija sus errores"

Si en las próximas elecciones el pueblo español vuelve a fraccionar políticamente España, que se atenga a las consecuencias de lo que luego puedan hacer los políticos, pues se les dará una tarta tan envenenada que nos la devolverán como acto de protesta con un sonoro tartazo por lo cretinos que hemos sido. De poco sirve ya la queja lastimera del hastío ante unas nuevas elecciones cuando hemos sido nosotros mismos los que hemos dado lugar a esta torre de Babel insufrible que nos resta capacidad de decisión. Reconozcámoslo y variemos y encaucemos debidamente nuestro voto hacia las formaciones que más nos representan y que han dado buen juego a la política nacional de nuestro país.

Si España, definitivamente no vuelve a cimentar el bipartidismo del PSOE y del PP, con sus luces y sus sombras, mayormente, en el cómputo de los años, con mucha más luminosidad que penumbra, no podrá salir de la inestabilidad e incertidumbre política, social y económica en la que nos encontramos y en la que nos hallaremos con tintes mucho más negativos conforme vayan pasando los meses.

Un país serio, libre, ingenioso, genuinamente occidental, y con una Historia muy consistente, no puede ni debe estar radicalizado por bloques ideológicos. España está tensionada porque se está fraccionado estérilmente y permitiendo que nuestra sociedad española, forjada, fabricada y probada durante cientos y cientos de años, no esté a la altura de las circunstancias cohesionándose con más inteligencia que con pasión.

Si los votantes no dejan de saltar de un partido a otro y se concentra el voto en los dos partidos que realmente representan más a la colectividad actual española, el PSOE y el PP, los españoles bailaremos al ritmo que nos marquen los chantajistas y minoritarios políticos que sobradamente todos conocemos, que además de insultarnos con su pretendida independencia procuran ciegamente controlar al poder político del Ejecutivo para alcanzar sus últimos objetivos separatistas, mientras superviven holgadamente con el bienestar que es y que pertenece a todos los españoles, también es el suyo, obviamente.

España no debe acceder a tener un Gobierno maniatado ni compartido con formaciones políticas que, además de carecer de experiencia alguna en la fundamental gestión de la política gubernamental del país, aspiran, al menos postulan desde sus comienzos, oponerse a las políticas de la Unión Europea para la crisis económica, la derogación del artículo 135 de la Constitución, precepto que alude a que todas las Administraciones Públicas adecuen sus actuaciones al principio de estabilidad presupuestaria, la derogación de las leyes de extranjería, la salida de España de la OTAN, que Cataluña decida sobre su independencia y un largo etcétera de pronunciamientos acordes a sus tics autoritarios de un movimiento trasversal que en vez de hallarse o extenderse de un lado a otro del escenario político actual está rompiendo a trozos a una parte de la izquierda sensata y patriótica, necesaria y valorada que lo fue y que precisa que retorne al partido que inconscientemente abandonó.

Sánchez, cauta aunque tardíamente, no ha dejado que el zorro vaya a vigilar las gallinas.
Por otro lado, la derecha está, digan lo que digan, torpemente dividida. El voto del PP se fue, en un primer y segundo momento, a Ciudadanos. Luego, se partió aún más, y una parte se marchó emocionalmente a VOX.

Seguramente, el PSOE ganará las elecciones del 10-N y el PP, con Casado a la cabeza, tiene que facilitar el Gobierno de España, pasar a una leal oposición, convenir con Sánchez los grandes temas de Estado y anular con su aportación (responsable abstención) la amenaza del separatismo.

Al final, el Cs que nació para frenar el independentismo en Cataluña, que de facto consiguió aglutinar muchísimos votos esperanzadores en esa Comunidad, por otra parte, muy querida por tantos y tantos españoles, abandonó sus fines sin dar explicaciones y Rivera quiso ser el centro para tocar poder a nivel nacional. Sin embargo, su política errática está haciendo que paulatinamente su potencial elector vuelva al partido del que salió su voto, el Partido Popular, teniendo en cuenta que una Arrimadas, cansada, herida e insultada, ha perdido el fuelle que la impulsó políticamente.

Con estos antecedentes, VOX se ha convertido en una formación que restará votos al PP pero que nunca tendrá trascendencia a nivel parlamentario. El votante de VOX que lo fue del PP, más tarde o más temprano, ante la inutilidad y vaciedad de su voto, retornará al partido que siempre eligió.
En definitiva, este trasiego de votos que nos traemos los ciudadanos, motivado en parte por y para castigar a los partidos tradicionales, nos está costando que España pierda rumbo y lo que es más importante que los partidos independentistas y/o separatistas catalanes y vascos condicionen el poder nacional con su coacción institucional.

Si el pueblo no corrige la deriva, será el único culpable de la ingobernabilidad de España.

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