LA “ECOLOJETA” GRETA ES EL NUEVO MONSTRUO DE LOS IDEÓLOGOS DEL USO DEL CLIMA COMO ARMA DE GUERRA

Operación cambio climático (X). Posiciones encontradas sobre el calentamiento global

Greta y los que la rodean son los nuevos símbolos de la gran estafa del cambio climático; nuevas marionetas de este plan devastador de los megalómanos empeñados en manipular el clima para utilizarlo como arma de guerra. Es la renovación del lobby de Al Gore, Strong y demás vividores de la ecología salvífica artificial. Nuevos multimillonarios a la vista a costa de las iniciativas, normativas internacionales y bonos verdes que pagaremos los contribuyentes.

Operación cambio climático (X). Posiciones encontradas sobre el calentamiento global

Sobre el calentamiento global nunca hubo unanimidad. Una parte de la ciencia apuesta por el sí, mientras otros dicen lo contrario. Y aquí volvemos a encontrarnos con otra paradoja. Uno de los científicos escépticos del cambio climático era Edward Teller, del Proyecto Manhattan, del que surgieron la bomba atómica y la bomba de hidrógeno.

Frente a los que sostenían que había un calentamiento global y un exceso de CO2 en la atmósfera, consecuencia de nuestra mala utilización de los recursos del planeta, Teller decía que la Tierra no se estaba calentando. Sin embargo, curiosamente, un tiempo después ideó una fórmula mágica para resolver un problema que no existía. La fórmula consistía en la dispersión de óxidos de metales y se llevaría a cabo por medios aéreos. La manipulación del clima o geoingeniería estaba preparada, y además, iba a contar con el beneplácito de la sociedad. Solo había que activar la estrategia comodín.

Cuando el sistema quiere implementar medidas que podrían ser impopulares o difícilmente aceptables por la sociedad, este tiene métodos muy eficaces para convencer: propiciar que sea la propia sociedad quien demande soluciones urgentes y drásticas. La investigadora Smallstorm alude al empleo de la dialéctica hegeliana: primero, crear el problema y después poner en marcha la solución, una solución que a priori y sin la debida manipulación, la sociedad no la iba a aceptar de buen grado. El ciudadano es proclive a creer y a confiar en el papá Estado y está siempre dispuesto a consentir “por su bien” ser tutelado, aunque esto implique ser espiado y grabado en la calle sin saberlo. En estos casos extremos, el sistema es ayudado por los propios ciudadanos, que se declararán enemigos del disidente y guardianes del orden establecido.

Así, quienes controlan el clima y provocan diluvios, sequías y huracanes, tienen la facilidad de generar episodios climáticos extremos, para que la gente desee y pida ser protegida contra esto y demande soluciones para frenar el cambio climático.

¿SON LOS CHEMTRAILS UN ARMA DE GUERRA?

Como acabamos de ver, las organizaciones ecologistas pasaron a formar parte del proceso de negociación internacional en el seno de las Naciones Unidas. Fueron ellos los que empezaron a concienciar —o a intoxicar— con la idea de la sobreexplotación de los recursos y su incompatibilidad con un planeta sostenible. Enunciado así, parece algo loable, pero hay que ver todo lo que hay detrás y quién mueve realmente los hilos de las ideas que se implantan en la sociedad.

Como ya expresamos, esto pronto se manifestó en concentraciones masivas en todos los países contra el cambio climático, pidiendo un nuevo rumbo en la manera de producción energética y la necesidad de utilizar energías renovables y limpias. De ahí parte la histeria de los últimos años, que incluye pelotazos al por mayor, y un aumento en el recibo de la luz de los usuarios, hablo de España, debido a que hay que pagar el déficit tarifario, es decir, más de un cuarenta por ciento de impuestos para compensar el chorreo de dinero público que pasó a engrosar las cuentas corrientes de los políticos y sus amigos.

Lo que el gran público desconoce es que esta campaña fue orquestada por los mismos que están promoviendo la geoingeniería. Nuestros políticos son socios necesarios, y su colaboración en estos programas se sustancia en forma de subvenciones y ocurrencias que siempre son bien recibidas. Es la manera de contribuir al plan de terror global por el clima. Esto lo suelen negar, pero sin su consentimiento el proyecto no se podría llevar a cabo, al menos en su totalidad. Por ejemplo, centrándonos en los chemtrails, los aviones que invaden nuestro espacio aéreo para fumigar no podrían hacerlo sin el permiso de los gobiernos.

La idea para enfriar el planeta consiste en generar un filtro entre el Sol y la Tierra para que los rayos no incidan directamente en ella y así reducir el supuesto calentamiento global debido al CO2. Este filtro se consigue dispersando óxidos de metales en la estratosfera[1], entre ellos el peligroso óxido de aluminio. El efecto, explicado de manera sencilla, es como cuando tomamos el sol bajo una sombrilla.

Sin embargo, sería lógico plantearse que si el CO2 es el causante del efecto invernadero, estos aviones que surcan nuestros cielos añadirían más millones de toneladas de CO2. Es la prueba de que esto no está planificado para mitigar el CO2.

Llama la atención que en todos los protocolos de geoingeniería no haya ni un solo epígrafe que abogue por la utilización de energías limpias, y se prescinda de los combustibles fósiles que son los que generan el CO2.

La idea de este plan SOS para salvar al planeta se ideó en los laboratorios de la bomba nuclear, y el autor de la brillante idea fue Edward Teller, el padre de bomba de hidrógeno, el físico más joven del proyecto Manhattan.

Esta arma de guerra, sustanciada en forma de chemtrails, empezó en los Estados Unidos en la década de los noventa y llegó a Europa en 1999 de la mano de la OTAN, aunque en España ya se venían haciendo ensayos desde 1985, durante la primera etapa socialista.

En estos momentos hay un programa global “imparable”, pues los estados son cómplices de esta canallesca situación. Y además se están realizando experimentos locales en determinadas áreas del mundo. Hay miles de denuncias en los ayuntamientos y otras oficinas gubernamentales de todo el planeta, no por parte de los investigadores de lo insólito o expertos en conspiraciones, sino de los propios agricultores.

La mayor parte de los aviones son militares o de empresas que trabajan en conjunto. Estas aeronaves no tienen ninguna marca de identidad ni bandera. Por lo que sabemos, son aviones que están excluidos del sistema oficial del radar. En España y en otros países, de la misma manera que se ha perdido la soberanía económica y se depende de lo que dictaminen y ordenen los bancos internacionales, también se ha perdido la soberanía sobre el alto espacio aéreo. La OTAN es la gran soberana, y en otros países rige la misma regla, porque el Nuevo Orden Mundial nos iguala a todos. Nunca las desgracias fueron tan compartidas. Sin embargo, estos aviones fumigadores descienden a menos de 2.000 metros de altitud, para lo cual sí deben tener autorización de los gobiernos respectivos. ¿La tienen? ¿En qué manos estamos?

NOTAS:

[1] La dispersión de óxidos de metales en la estratosfera, entre ellos, el óxido de aluminio, con el fin de reducir el supuesto calentamiento global debido al CO2 es una de las más de 300 patentes de la Hughes Aircraft Inc.

 

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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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