Rafael López Charques: «Nadie sabe nada»

Rafael López Charques: "Nadie sabe nada"

Siempre estimamos que cuanto más alto llega una persona, en cualquier faceta de la vida, más responsable es no solo de lo que hace en ella, sino y esto creemos que es tanto o más importante, de lo que no hace.

Este pensamiento que hemos mantenido siempre, se corresponde con la máxima de que se puede ser culpable por acción o por omisión.

No vamos a hablar aquí de culpabilidades, para eso está la justicia, pero sí de la postura, habitual en gran parte de nuestra clase política, de no saber nada de lo que no les interesa.

En cuanto salta cualquier noticia comprometedora, los que están en las altas esferas, o sufren ataques de amnesia, o repentinamente se les vacía el cerebro. Lo cierto es que parecen los primeros sorprendidos. Algo positivo de estas situaciones es que se cumple la igualdad de género, tanto lo hacen hombres como mujeres.

Si ellos no saben nada, deducimos que es cosa de los subalternos, de los mandos intermedios o como quieran llamarles.

La pregunta es inmediata. ¿Esas personas se van a arriesgar tranquilamente a cometer silenciosamente irregularidades? Si sus superiores no lo saben, quiere decir que actúan por su cuenta y riesgo. Entonces ¿por qué lo hacen?, ¿por altruismo hacia el partido? Puede comprenderse que es muy difícil creerlo así, máxime cuando en muchos casos, tales actos son propios de juzgado de guardia, como generalmente se dice.

Lo anterior nos lleva a pensar que, el que los jefes no sepan nada, es uno de los tantos cuentos en los que los políticos son expertos. Lo lógico es sospechar que si lo saben, y que tales actos tienen una contraprestación, ya sea económica, de subir en el escalafón dentro de la organización, etc.

Por otra parte, todos sabemos cómo nos comportamos las personas, para bien o para mal, pues es un defecto del ser humano.

Efectivamente, generalmente, contamos o por lo menos insinuamos nuestras “hazañas”, de las que en el fondo nos sentimos satisfechos, pues las tomamos como una muestra de nuestra astucia, a algún “compañero de confianza” o “amigo de toda la vida”, que nos asegura previamente que de él no saldrá nada. La experiencia nos demuestra que esa persona se lo comenta a otra, que también se compromete a ser un sepulcro; esta segunda a una tercera, y al cabo de poco tiempo es “vox populi”.

En estas circunstancias no nos explicamos que cuando se destapa un desaguisado político, lo normal es que nadie sepa nada, y cuanto más arriba esté menos sepa..

Creemos que es obligación ética y moral, que cuando a un responsable, en mayor o menor grado en una institución, le llega algún rumor sobre una irregularidad, investigarlo inmediatamente, incluso personalmente. Por eso decíamos al principio que cuanto más arriba más responsable se es de lo que no se hace.

Para más inri, en los sitios pequeños se detecta fácilmente los cambios en el nivel de vida de las gentes, y si siguen en el mismo trabajo, o les tocó la lotería, o heredaron, o algo pasa.

Llevamos largo tiempo con que políticos investigados por ciertos hechos, no saben nada. Hace unos días se descubre una compra de votos en un pueblo andaluz, y lo mismo, incluso tan tranquilos que ni se molestaron en destruir las pruebas; ¿para qué si no se nada?

Quizás el caso más sangrante es el de los ERES y Cursos de Formación en Andalucía. Ahí se ventilaron millones, con los que, entre otras cosas y la menos importante, se pagaron juergas en puticlubs, pero los dos máximos responsables de la administración en esos tiempos, no saben nada. ¿Es creíble?

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