Manuel del Rosal: «El socialismo y su piel de cordero, la socialdemocracia, aman la pobreza. El populismo socialista gana en Argentina»

Manuel del Rosal: "El socialismo y su piel de cordero, la socialdemocracia, aman la pobreza. El populismo socialista gana en Argentina"

Cristina Kirchner robó a los pobres, robó al país, pero teníamos para comer, ahora tenemos que trabajar día a día”

Esa frase de una ciudadana argentina define perfectamente por qué triunfan en algunos países los regímenes socialistas.

Aquí en España tenemos varios ejemplos, pero sobre todos ellos hay uno que es el más descarnado: Andalucía. Cuarenta años de expolio socialista han sido posibles por la mentalidad de un pueblo al que no le importa que le roben, ni siquiera que le roben lo que para los parados estaba destinado: caso de los ERE, la mayor corrupción, la más fétida de la historia de la democracia en España. Otra comunidad, abandonada en medios de comunicación con un índice de paro del 20%. ha votado por mayoría a quienes les mantienen aislados por tren y en la subsistencia, que no en vivir. En Cádiz han votado por mayoría a un alcalde que se regodea de tener el índice de paro mayor de toda Europa (25%). En todos los casos, los reflejados aquí y otros, la ciudadanía “come todos los días sin el castigo bíblico del trabajo” y eso basta. No hay más horizonte para estos ciudadanos que el saber que tienen asegurado ese mínimo sustento que les permite sobrevivir – que no vivir – Solo de vislumbrar un cambio de gobierno que les ofrezca trabajo en vez de subvenciones y subsidios, los lleva a la depresión. De siempre hemos sabido que el socialismo necesita que haya pobreza, ama a los pobres porque para ganárselos les basta con dar limosnas, con los ciudadanos pobres el socialismo nivela a la baja, yugula la iniciativa, mata el mérito, destruye la dedicación y el esfuerzo. Y de esa distribución de pobreza el socialismo saca sustancia para mantener comprados a los ciudadanos que dormitan en una siesta eterna en la que van dejando su dignidad hasta perderla. Olvidando que un pueblo sin dignidad se convierte en esclavo de quien se la quita. Mientras los gerifaltes del socialismo y toda su cáfila de funcionarios a su servicio engordan sus orondas barrigas en un banquetazo pantagruélico, los ciudadanos comprados por una subvención o un subsidio recogen las migajas de ese banquete, migajas que, eso sí, les permite “comer todos los días sin tener que salir a trabajar”

Los señores, sentados alrededor de la grandísima mesa repleta de toda clase de manjares, se atragantan de comida y bebida. Bajo sus pies y bajo la mesa, sus servidores esperan que los comensales les vayan arrojando los restos, los huesos, las mondaduras que les van a permitir comer ese día y todos los días. Saben que mostrándose perrunamente fieles y obedientes a sus señores, recibirán la ración diaria que les va a permitir vivir. Llevan toda su vida viviendo de esa forma genuflexa y ausente de libertad, y se han olvidado de que existe otra forma de vivir más libre, más digna, menos miserable, pero que, para alcanzarla, han de renunciar a esa subvención o subsidio en forma de restos del banquete gubernamental y ponerse a trabajar, a buscar, a idear, a esforzarse…No, ya no pueden hacerlo. Han sido tantos años durmiendo en una siesta interminable de la que solo salían para recoger los restos del banquete, que solo conocen una forma de sobrevivir – que no vivir – y esa forma consiste en dejarse engañar, dejarse robar, dejar que roben al país a cambio de una limosna ruin y mezquina que menoscaba su dignidad y que tan solo les permite mantener vivo su organismo.

Las palabras de esa ciudadana argentina sintetizan todo lo perverso del socialismo y de la socialdemocracia, ese socialismo con piel de cordero, pero también sintetiza la miopía, la estrechez de miras, la ruindad, la mezquindad y la miseria moral de una ciudadanía que ha vendido su dignidad por un mísero plato de lentejas.

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