Víctor Entrialgo: «Un nuevo dos de mayo, con papeletas»

Víctor Entrialgo: "Un nuevo dos de mayo, con papeletas"

El problema catalán no es ninguna de esas cosas que dicen. El problema catalán
es sencillamente una controversia de dominio y voluntad. A ver quien puede más. Así de simple. O los separatistas o nosotros. Se trata de saber si alguno de nuestros políticos permite de una vez por todas que cuarenta y siete millones de españoles impongan el orden constitucional a muchos menos de la mitad de los catalanes, o por contra, quieren que el monstruo siga creciendo.

El objetivo de las elecciones del próximo 10-N, no es sólo desbloquear el marasmo y el retraso en el que sólo por su interés ha provocado en España un sólo señor, un traidor a la patria, lamentable funcionamiento de nuestra democracia, ni el milagro de los panes y los peces, que sólo sucede algunas veces.

El objetivo del 10-N es, fundamentalmente, dilucidar qué se hace en Cataluña.

Qué se hace en medio de un golpe de estado continuado para el que el Tribunal Supremo ha dictado una Sentencia y perdido la oportunidad histórica de sentar un precedente.

Los testaferros separatistas que se esconden en un cabello de Troya dentro del Parlamento tratan de embaucarnos diariamente con el maldito diálogo. Después de su comportamiento traidor y desleal siguen llamando “diálogo” a su chantaje. Hacen añicos la Constitución y pretenden que les demos un premio. Nos quieren volver locos.

En realidad nos han vuelto ya, aparte de distraernos de aquello que de verdad importa. La llamada representación proporcional de nuestra ley electoral nos ha traido una evidente falta de representación política, una representación distorsionada y manifiestamente indeseable para nuestra circunstancia histórica.

El 10-N No se ventila la petición de diálogo de unos golpistas desleales y sus massoveros. Ni la rapiña de sus corsarios ni la utilización de la palabra diálogo por sus falsarios Que también.

En Cataluña, enterémonos todos bien, y principalmente el juez al que su lobby hizo Ministro del Interior, no hay un problema de orden público. Como dice él. En Cataluña asistimos desde hace mucho tiempo a una controversia de dominio y voluntad. Esto es, una de las dos partes debe imponerse y la otra debe ceder. No hay otra.

Y si eso no se ha presentado aún así es porque los partidos no han querido, porque el objetivo de todas las sectas, como ahora la de Sanchez, no es resolver el problema haciendo lo que la circunstancia pide al verdadero hombre de estado, sino conservar a toda costa el poder. Así desde el pujolismo hasta hoy, desde Aznar y el pacto del Majestic hasta el del Tinell.

Gracias a los partidos que quieren el poder, no para hacer lo que hay que hacer, sino para transigir con lo que sea con tal de mantenerlo, tenemos ahora este monstruo.

Si a pesar de la ley electoral, D, Hont, el CIS, el Censo y demás marrullerías que nos esperan, el pueblo soberano no compensa y soluciona esto con sus votos, no pasaremos del Estado bloqueado en el que llevamos inmersos durante años.

En realidad decenios, perdiendo, por culpa de una secta y una chusma en busca de la identidad que el separatismo no les ha facilitado, un tiempo y unos recursos preciosos que dedicar al empleo, a la salud, a las pensiones, a los jóvenes, al inglés a competir y a relacionar España y Cataluña con el mundo

Como en los conflictos tribales por el poder en Africa, Libia, Siria y Oriente Medio,
una tribu tiene que imponerse y otra ceder por el bien de todos, reconociendo la superioridad militar, moral, la que sea. A veces los responsables de la prolongación sine die del conflicto son sus dirigentes, como Basser Al Assad, la tribu más débil que no acepta la superioridad eventual, por lo que fuere, del más fuerte. Sea de civilización, como Palestina con Israel, sea incluso militar, como nuestra guerra civil. Si antes de la guerra hubiesen pensado en los españoles, nos hubiésemos ahorrado millones de muertes. Son los estados fallidos.

La salud de las democracias dependen en gran medida de un detalle técnico. Ese en el que estos días, subterráneamente, sin decirnos nada, fuera de los mítines están volcados los partidos: el procedimiento electoral. Si ese régimen es acertado, auténtico, todo lo demás pasa a ser superfluo. Pero en España no lo es. No es ni proporcional ni representativo del pueblo, que es quien ostenta el poder, el Soberano. Para el domingo por desgracia, es lo que hay.

Nos queda una semana de excursiones y gente pensando con la laringe.

El 10-N es una controversia de dominio y voluntad con los separatistas, la defensa de la soberanía, un nuevo dos de mayo, con papeletas.

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