Manuel del Rosal: «La deriva de España tras el acuerdo Pedro – Pablo Picapiedra»

Sudamerica

Emulando la frase que Churchill dijo a Chamberlain, yo le digo a usted Pedro Sánchez, lo siguiente: “Su ambición desmedida, su soberbia y su arrogancia trufadas con su estupidez, le hicieron creer que arrasaría el 10N y se negó a pactar el 28A con Podemos aduciendo que no podía haber un gobierno dentro del gobierno. Ahora no tiene la mayoría que buscaba y, además, tendrá un gobierno dentro de su gobierno”

Pedro Sánchez es el político con menos escrúpulos que ha conocido España desde que iniciamos nuestra andadura por la democracia. Lo que no podíamos sospechar, dada su soberbia y arrogancia, era que tampoco le producen escrúpulos el bajarse los pantalones ante Pablo Iglesias que, aprovechando el momento, le ha humillado ante millones de ciudadanos en un espectáculo bochornoso que nos sitúa mucho más cerca de los países bananeros que de la Europa de este siglo. Pablo ha humillado a Pedro y le tiene cogido por los huevos y Pedro ha ofendido a sus votantes y a los ciudadanos en general. Pablo, como flautista de Hamelin, se ha llevado hasta el precipicio a todo el PSOE y a sus votantes que, atontados por las suaves notas de su flauta, se han entregado sin condiciones para que él pueda hacer de un país europeo y del siglo XXI, un país bolivariano – venezolano – cubano. A España solo le falta que la separen de Francia por los pirineos y, haciendo una travesía por el Atlántico, la peguen al cono sur para completar su transformación en un país bananero, gobernando por un tirano barbado y con un habano permanentemente en la boca.

Pedro Sánchez pasará a la historia, entre otras cosas, como Pedro I el humillado. Iglesias ha humillado a Pedro en toda regla y Pedro ha ofendido a sus votantes y puesto en riesgo a España. El bochornoso espectáculo de los besos y abrazos entre toda la panda de socialistas comunistas para dar fe de la firma del preacuerdo de la vergüenza es, y será durante mucho tiempo, motivo de risas y desprecios en todos los países de nuestro entorno, no te quiero decir en España.

Cuando en una persona se aúnan la maldad y la estupidez, la ruina está asegurada para los que viven en su entorno. Cuando un país está gobernado por bandidos, ladrones y estafadores estúpidos, ese país peligra. Si además los ciudadanos, en su mayoría, son estúpidos y votan a esa cáfila de bandidos, ese país tiene contados los días en que se disolverá como azucarcillo en agua. Si el preacuerdo entre Pedro y Pablo sale adelante y forman gobierno, España puede desaparecer como nación al quedar fraccionada por los nacionalismos. La responsabilidad será de sus gobernantes, pero – hablemos claro – también de quienes con sus votos les dieron el poder para desmantelarla.

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