LA CRISTOFOBIA DE LA IZQUIERDA SALVAJE DEL FRENTE POPULAR DE SOCIALISTAS Y COMUNISTAS SIGUE VIVA HOY CON MAYOR VIRULENCIA

La cristofobia es el aglutinante de los progres de las diferentes tribus

La cristofobia es el aglutinante de los progres de las diferentes tribus

Puede parecer que exageramos o que nos gusta hurgar en la herida cuando recordamos el salvajismo del Frente Popular en España, sufrido por nuestros familiares en los años previos a la Guerra Civil y durante la misma, por parte, sobre todo, de los que ahora reclaman a sus muertos de las cunetas y quieren reescribir la historia con sus mentiras. Digo sobre todo, porque la izquierda, además de los muertos de la guerra, tiene a sus espaldas –no en su conciencia, porque dudo que tengan— los cerca de ocho mil religiosos, entre obispos, sacerdotes, monjes, frailes, seminaristas, monjas y novicias, a los que asesinaron tras haberlos torturado, mutilado y violado, a lo que hay que sumar los cientos de iglesias, catedrales y monasterios quemados. Hay que ser bestias para disparar a una imagen religiosa, sea de la religión que sea, y, sin embargo, los rojos dispararon al Cristo del Cerro de los Ángeles y se hicieron una foto para inmortalizar el momento.

Cuando hasta hace muy poco decíamos que eso podría volver a repetirse y que el salvajismo de antaño parecía tomar cuerpo en la gente corriente parecía más bien producto del pesimismo que de la realidad. ¿Cómo en este siglo, en democracia, con una Constitución, perteneciendo a la Unión Europea, sin muro de Berlín y el comunismo prácticamente extinguido? No parecía posible y, sin embargo, ya ven. Estos días está habiendo demasiadas coincidencias medio enigmáticas, lo que Carl Gustav Jung denominó sincronicidad –no sincronismo—, esos hechos acausales que aparentemente no están relacionados, pero que sí pueden tener explicación fuera de nuestro parámetro espacio-temporal.

La cristofobia que sentía la izquierda salvaje del Frente Popular de socialistas y comunistas, no solo sigue viva hoy, sino que ha resurgido con mucha más virulencia y mucha más presencia en los medios de comunicación que, sin excepción, son cristófobos. La clave de todo esto es la cristofobia. En el fondo, por eso se ataca a VOX y se lo quiere borrar del mapa político. Por eso se le perdona la vida al Partido Popular cuando se “modera” y vuelve a la granja progre. Moderarse es según el Ministerio de la Verdad orwelliano renunciar a los valores de nuestra cultura, como son la religión, que nos religa con lo trascendente, la familia y el derecho a la vida, desde que el cristianismo prohibiese el aborto y el infanticidio que practicaban los romanos, amén de otros pueblos anteriores a nuestra era. No obstante, el derecho a la vida no es algo privativo del cristianismo. Hipócrates, padre de la medicina, que vivió en el siglo V. a. C. ya lo decía y así lo hace constar en su Juramento Hipocrático, como pilar del código deontológico del que, por cierto, los médicos se han olvidado.

Decía lo de las sincronicidades porque desde hace unos días España anda revuelta con la reedición del nuevo Frente Popular entre PSOE-Podemos, que llega con ganas de poder y de sangre. De entrada, ya han tirado una puyita a la educación religiosa. El síndrome de “alma grupal”, ya hace tiempo que tomó la calle y no le teme a nada ni a nadie. Las fuerzas del orden y la ley ya no sirven para frenar a los violentos. Los malos tienen impunidad, y lo estamos viendo. Hasta los jueces se rinden ante el mal. Aquí y en el otro extremo del mundo. Lo local no existe hoy; ya lo predijo el visionario McLuhan cuando definió la “aldea global”. En Chile, por ejemplo, llevan días quemando Iglesias y decapitando imágenes. La hija de Pinochet ha sido brutalmente acosada y agredida cuando caminaba por la calle, sin que nadie le prestase ayuda. En la grabación aparecen los agresores. ¿Los han identificado y puestos a disposición judicial? Me extrañaría que así fuera.

Hace unas horas, unos vándalos entraron en la ermita del Santo Sepulcro de Tauste –una de las Cinco Villas de Aragón— y quemaron el frontal del altar y la imagen del Nazareno. Yo, particularmente, hago responsable a la izquierda, por estar fomentando el odio a través de la memoria histórica. Si los dirigentes derriban cruces porque molestan, a cuatro pelagatos se les ocurre prenderle fuego a Cristo crucificado, y aquí no pasa nada. El efecto contagio es muy peligroso. Puede que los condecoren por trabajar para la causa.

Otra sincronicidad es la sentencia del “crimen de los tirantes”. Rodrigo Lanza, el tipejo que asesinó a Víctor Laínez por llevar unos tirantes con los colores de la bandera española, podría estar en la calle enseguida, según su abogado. La jueza instructora del caso creía que se trataba de un “asesinato con alevosía y ensañamiento por motivos ideológicos”. Laínez había sido legionario, y para este cuerpo, el Cristo de la Buena Muerte, aunque mimetizado con lo folclórico, es todo un símbolo. Como dato curioso, Láinez también era templario, orden que mantuvo custodiada la Sábana Santa durante más de un siglo. Pues bien, el jurado popular concluyó que el agresor no pretendía acabar con la vida del templario sino darle una paliza. Total, homicidio por imprudencia. Hasta la próxima víctima, pues el elemento tiene un historial que para encontrárselo en un callejón. Esperemos que la sentencia sea recurrida y se haga justicia de verdad.

El pleno del Parlamento de Andalucía ocupa la siguiente coincidencia con una performance bastante chusca por parte de unas infelices mujeres, pero con más significado subliminal de lo que parece. Y es que las invitadas de Podemos acudieron al pleno con un pañuelo que colocaron a manera de hiyab cuando la representante de VOX subió al estrado. El atuendo islámico era para solidarizarse con las feministas y en contra del discurso del partido de Abascal, según ellas machista y xenófobo. Eso sí es hacer el ridículo porque si algo es opresor y machista es taparse la cabeza por obligación, sumisión y miedo a la lapidación. Vomitivo el detalle. Pero la puesta en escena es un guiño al islam frente al cristianismo al cual se persigue sin tregua. Es de sobra conocida la reivindicación que tienen los comunistas andaluces sobre la catedral-mezquita de Córdoba, entre otros temas.

Y, por último, también sobre plenos, en este caso el de la Asamblea de Madrid y las salidas de tono de Isabel Díaz Ayuso ante la pregunta de Rocío Monasterio sobre qué medidas se iban a tomar para disminuir el número de abortos. Monasterio le reclamó ayudas para las madres embarazadas y para salvar las vidas por nacer. “Si no estamos en la protección del débil sobramos todos los que estamos aquí”, manifestó. En realidad, se está haciendo muy poco. En septiembre el gobierno de la Comunidad de Madrid anunció una inversión de 24 millones de euros para alojar a 120 menas, 60 veces más que para ayudar a 76.000 madres embarazadas. Entendemos que Ayuso no lo tiene fácil, con los de Aguado por un lado y el resto de la izquierda por otro –todos piensan igual— que pide aborto a petición y, al final, siempre prevalecen sus ideas. Miren, si no. Ayuso empezó muy bien cuando fue elegida candidata. La aplaudimos cuando dijo que un bebé en gestación sería considerado como un miembro más de la familia a la hora de acceder a ayudas por familia numerosa. ¡Eso sí es progresismo! Pero fue un rayo de esperanza demasiado efímero. No se puede defender la vida y ser progre a la vez. En esto, como en tantas cosas importantes de la vida, hay que decidir de qué lado se está. Cueste lo que cueste.

En todas las noticias que comento en el artículo, de manera visible o velada está presente la cristofobia. Hacer desaparecer el cristianismo de la sociedad –y más en concreto el catolicismo— es el gran planazo de los que dominan el mundo a través de canales tan aparentemente respetables como la ONU. La cristofobia es el jugo de todas las leyes destructivas para la sociedad. Es la amalgama de los progres de las diferentes tribus.

 

 

 

Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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