Francisco Iglesias Carreño: «Comunidades de todas las Coronas»

Francisco Iglesias Carreño: "Comunidades de todas las Coronas"

Hubo una vez (11 de noviembre de 1517) un encuentro entre dos hermanos, que hacía mucho tiempo que no se veían y uno de ellos, llamado Fernando, al ver al otro, se inclinó y beso la mano al otro, su  hermano mayor, que se llamaba Carlos. Ambos eran hijos de Felipe (de la casa de los Habsburgo) y de Juana (de la Casa de los Trastámara). Este es un detalle, que no pequeño, sobre otros momentos posteriores a los cuales, desde la luz que se arroja, dé tal y tan concreta circunstancia, queda iluminado el porvenir posterior. Atrás quedaban otros episodios sobre desacuerdos entre ambos (como la famosa carta de Carlos a Fernando; Middelburg 7-9-1517)

Fernando se había criado en la península Ibérica y tendría, sin lugar a dudas, a su alrededor el grupo/coro/corte de amigos/partidarios (posiblemente los Núñez de Guzmán, Álvaro Osorio, etc.)  y hasta sus complicidades familiares y el otro, Carlos, que venía de fuera, los tenía haya por Gante y, a lo que después sucedió, por todo Flandes (en los Países Bajos y otros parajes próximos. Carlos venía, se puede decir, con lo puesto y aún peor, o sea: 1º) siendo vasallo de Francisco I de Francia (por su Ducado de Luxemburgo); 2º) endeudado con Enrique VIII de Inglaterra (por el préstamo de 100.000 florines). Y llegó , para cumplimiento del acción testamentaria de su abuelo Fernando {después de aquel cambio de voluntades desde  Aranda de Duero (en Burgos-Castilla La Vieja-Corona Castellana al 26-4-1515) a Madrigalejo (en Cáceres-Extremadura- Corona leonesa al 22-1-1516)} , y en tal guisa apareció, en su primera vez, en Hispania por Tazones (en el Principado de Asturias de la Corona Leonesa), ante el susto de los habitantes que al ver tantas naves, y que, presuponiendo un ataque, se aprestaron a la defensa, hasta que se aclaró el asunto.

Pero del encuentro de los dos hermanos, Carlos sale como soberano de (todos y cada uno) los Reinos de sus abuelos maternos (los celebérrimos Fernando e Isabel) y Fernando, en abandonando la Península (en 1518 fue enviado a Flandes por los consejeros de su hermano para alejarlo de sus numerosos partidarios en la Península Ibérica, que por su educación española, le consideraban el auténtico príncipe nacional)), es instado (después del tratado de Worms en 1521) hacia otras responsabilidades en  la  Europa central de aquel entonces.

Tal encuentro/reunión/conferencia familiar-.-que duro tres días-.- tuvo lugar en el pueblo de Mojados (ubicado en la Provincia de Valladolid -.- sita en la constitucional región de Castilla la Vieja). Fernando (nacido el 10-3-1503 en Alcalá de Henares -.-en Castilla La Nueva) tenía tres años menos que Carlos (nacido el 24-2-1500).El príncipe Fernando estuvo acompañado en la meseta de la península Ibérica, como bien ha contrastado el historiador Karl Friedrich Rudolf, de forma explícita, indicando: “Desde su nacimiento hasta 1517, el príncipe estuvo rodeado exclusivamente de españoles: “su hayo, Pedro Núñez de Guzmán; su capellán, fray Álvaro de Osorio (Carlos I le reprendió severamente por proteger las aspiraciones del Infante D. Fernando; pero después le sirvió con lealtad, con su persona y fuerzas que pudo reunir), que había estudiado en Salamanca; los pajes, entre ellos miembros de la familia Guzmán, Osorio y Velázquez de Arévalo; y los oficiales y criados de su corte, que en parte le acompañaron a Austria en 1521 y que se quedaron con él duran-te muchos años, como Martín de Guzmán.” (Nótese el selecto elenco de familias que se ocupaban del Príncipe Fernando)

De tal fraternal encuentro es posible que, en principio todo hace suponer, salieran ganando los amigos/partidarios de Carlos y perdiendo  (o no ganando, o al menos en la forma inicial pretendida) los correspondientes afines a Fernando., y como los mismos están o no en sintonía, y en qué grado de implicación, con el llamado movimiento de las ciudades y/o de las Comunidades-.- y en la distribución compartimentada fronteriza de los reinos-.- comenzado en 1520, lo cual daría pie, de forma indudable, para atisbar “la falta de causalidad” y el sí de acción programada previa, en la llamada reunión de las Cortes de Santiago de Compostela y  La Coruña (celebradas entre el 31-3-1520 y el25-4-1520, después de aquella sorprendente convocatoria de las mismas, datada en Calahorra (Castilla La Vieja) el 12-2-1520 y con aquella expresión posterior, cual advertencia del Manifiesto/Programa de Salamanca (Reino Leonés, en 28-2-1520), redactado por un elenco escogido de miembros del clero salmanticense,-.-reunidos en el convento de San Francisco-.-, de alta enjundia, fama y poder,  situándose entre ellos, las muy influyentes órdenes religiosas, con los superiores de los franciscanos, agustinos y dominicos: Fray Alonso de Medina, Fray Antonio de Ávila, Fray Juan de Argamañón, Juan de Victoria, Juan de Jarandilla, Fray Juan de Bilbao (Guardián de San Francisco) y el doctor  Fray Diego Docampo (bachiller por Salamanca), con muy serias reconvenciones sobre el mandato real y situando, como advertencia, pues ya, de otro modo, que:” se demandaría el retorno de su hermano Fernando a la península” ), y si, y por el contrario, algo ya más planificado, y nada espontáneo y menos aún popular, y en ello , por tanto, programado de antemano y que veía de situaciones previas. El Manifiesto/Programa de Salamanca

El Manifiesto/Programa de Salamanca, plasmado en origen desde una óptica restringida de la visión próxima y cercana sobre “el bien de la comunidad” (¿religiosa?) y extrapolado a esferas de universalización social, se hace viral, copa a copia,  por el soporte vehicular a través de la red de monasterios,  en todos  los diferentes reinos hispánicos  y conforma, en sí y por sí mismo, un interpretativo corpus integral (ideológico, social, puede que también cultural y sobre todo político) a modo de programa, que es actuante, por circunstancias sobrevenidas añadidas,  sobre un sistema previo, de gestión y/o gobierno, que ya estaba en vigor en el año 1517.

En su base interpretativa, el Manifiesto de Salamanca (1520) bucea, en su detenida lectura, sobre:1º) las fuentes de la legitimación política, 2º) la concreción básica del ejercicio del poder y 3º) la propia esencia del poder, en el trastoque de las invenciones de: (1º) un “ex-novo todo” sobre el que (2º) reedificar las interdependencias futuras, (3º) sin tocar en demasía los pilares del edificio previo, en la (4º) procuración, puede que interesada, de poder manejar las llaves de los todos y cada uno de los habitáculos del mismo. Dando soporte argumentativo, y con visión del ahora momento/crisis/singladura, a una  DC´1520 (una “muy organizada”, ¡que muy!, “desobediencia civil”, abanderada ora ya por los ex-fernandinos u ora ya por las burguesías alejadas -.- por intromisión foránea -.- de las sinecuras y canonjías carolinas ya flamenca y francesamente otorgadas, desde un arropamiento no disimulado del estamento clerical y conventual , a nivel del comienzo de la Edad Moderna, en el ámbito físico de un observador mundo rural, que hace de espectador, de las Coronas de Hispania, así como de los afanes urbanos “de y en  los controles de las sagas familiares”,). Algunos autores han ido interpretativamente hacia otros supuestos, pudiera ser, y hacia otras consideraciones , en esa encaje a bolillos entre comunidad, nación, patria, e individuo (y/o su esquema de representación, conceptuación y adscripción) y lo han hecho por encima, es un suponer, de la constatación  de situaciones previas documentadas en el proceso histórico y relacionadas, en  un tanto ( y en cierta forma y fondo), con la interpretación neovisigótica  de Hispania, de cuyas legitimaciones bebemos, donde tanta importancia y significación, además de basamento y proyección, caben tener los Concilios toledanos y de su clara influencia en todo el proceso, largo e impactante, de la reconquista, y hasta con influjos, y por encima de otros eventos, en los tiempos modernos y contemporáneos.

Ya en 1515 Adriano de Utrech (rector de la Universidad de Lovaina y futuro Papa) viajó a España para asegurarse de que Fernando el Católico no quitaba a Carlos la herencia de las Coronas Leonesa, Castellana y Aragonesa en favor de su hermano Fernando, quien se había criado junto a él y era, no olvidémoslo, su nieto favorito. Si bien se comprometió a nombrar a Carlos como sucesor, los consejeros del rey, por si acaso, tuvieron que convencerle poco antes de su muerte para que no designara a Fernando. (No parece ser una quimera la existencia de un organizado  “partido fernandino” en apoyo cierto, y no presunto, del Infante Fernando para ser heredero de los Reyes Católicos, como también que no existiera oposición constatable a la existencia de tal corriente de acceso al poder político -.-y sus suculentas variantes económicas -.-, hasta que acontecen los cambios testamentarios de Fernando El Católico).

Los intentos de adecuar el provecho-.- de individuo, grupo, facción y/o casta/clase que fuere -.- a la circundante ventaja (¿de unos pocos?), que no realidad “del común”-.- en extensión a comunidad y puede que a la propia acepción religiosa cristiana de tal concepto-.-,  y nunca utilidad de lo muchos, ha sido, a lo que vemos, una constante histórica (tanto en Hispania como en otras latitudes), que se itera periódicamente, incluso con, pudiera ser, el interesado adobado y adulteramiento del pasado.

En su momento se dio el salto, cuasi  circense, sin despeinarse desde 1520 hasta  los alrededores de 1818 ( tras los efluvios de “La Pepa”, y en la trastienda de las instauraciones y decaimientos liberales y absolutistas) y por obra de activa decisión  del insigne héroe y  victorioso guerrillero  Juan Martínez Diez (conocido por El Empecinado, alias que parece ser se asignaba a los de su pueblo de nacencia), tratando de hacer una ilación entre las Comunidades de las Coronas (del Siglo XVI) {-.- definidas en sus fines cuasi estatutarios por el leonés monástico Manifiesto de Salamanca-.-} y  las opciones de gestión gubernamental liberales tras la Revolución Francesa y nuestra Guerra de la Independencia( del Siglo XIX), siendo a la sazón Gobernador Provincial en Zamora, actúa para que se desentierran unos cuerpos en el pueblo de Villalar (ubicado en aquel entonces en los dominios provinciales zamoranos ,por ende, en tierra de la Corona Leonesa) , que se dicen de los jefes de las comunidades ajusticiados  y se llevan en procesión solemne hacia la amurallada urbe de Zamora, donde son, según  noticias, enterrados dentro de la Catedral de San Salvador. Con posterioridad una revuelta popular en Zamora (según comenta tanto  Cesáreo Fernández Duro como Ursicino Álvarez, Martínez) desenterró en profanación tales restos y los  esparció.

Ahora, y desde los centralismos antiguos y contemporáneos (¿madrileño?, ¿pucelano?, y otros,…), puede que  se esté difundiendo un rasero mensaje de uniformidad, cuasi tipo “manu militari”, que trata con altiva contumacia, de instaurar una homogeneidad parcelada sobre el ejercicio del libre pensamiento de los individuos y en todos ellos, y para tal menester, y en nuestra consideración, en el colmo de los desatinos, se quiere instrumentar, en un suponer y parecer, a todos los libres ciudadanos españoles talque, y como ejemplo, a los ciudadanos regionales leoneses de las tres provincias leonesas:  Salamanca, Zamora y León (que como tales han sido y son, desde 1975, circunscripciones electorales de la consttucional Región Reino Leonés), y puede que, con formas y modos similares,  en otras latitudes, degradándoles a la categoría de acartonados aplaudidores de decisiones políticas coyunturales, claramente posconstitucionales (Pacto Madrid 31-7-1981), tomadas en la cercanía de los efluvios e idus del 23-F´1981, que  pudieran conculcar, desde otras observancias, sus legítimos derechos constitucionales ( a fecha del referéndum constitucional) y la anhelada, ¡ y obligada!, plenitud de los mismos, en el mantenimiento de la quince teselas constituyentes, a fecha del 6-12-1978, del Estado Regional Español cual estructura e instrumento organizativo, y constitucional, en la España Nación.

Aquí, y ahora,  por arte del birli-birloque, se asume, salvo demostración en contrario, que “ser autónomo” ( no se estila como algo de autoctonía individual propia, y así después de estar en vigencia el texto constitucional tres años, imperativamente desde Madrid te diseñan “el espacio autonómico”), es el resultado de unas reuniones/conciliábulos/apalabramientos (¿secretos?) celebrados, parece que en Madrid, donde ya se decide/amaña/redibuja un nuevo territorio -.- no previsto en el texto constitucional y desconocido por los ciudadanos de las circunscripciones electorales correspondientes -.- que se da ya hecho, en adjudicación jerarquizada, a unos ciudadanos (sin que ellos puedan modificarlo, ni rechazarlo) y que les excluye de sus reconocimientos pasados preconstitucionales, así como su continuo encuadre regional histórico, e igualmente su constitucionalización previa (CE´1931).

Una vez más, parece ser, asistimos a una especia de expresión de la confabulación organizada, con otra edición, parece una más, de “la ceremonia de la confusión”, donde tenemos, y al hilo de lo ya precedente, un acontecer político del pasado se intenta instrumentar, por razones obscuras nunca explicadas, en aras de unas supuestas plusvalías -.- presuntamente socioeconómicas -.- que, ¡ ya será casualidad!, siempre recalan, por estos lares, en y para la urbe de Pucela (donde en tiempos históricos pasados su rio Pisuerga era el límite oriental de “lo leonés”. Recuérdese que la ciudad de Toro tiene por lema: “Civitas Taurensis Superior est in regno legionis”)

Ya todo el mundo sabe que el pueblo de Villalar (situado en la provincia de Valladolid, dentro de la Región de Castilla La Vieja, cuya cabecera histórica es la ciudad de Burgos; que en tiempos fue considero territorio propio de la Corona Leonesa, hasta la frontera del río Pisuerga) no es más que una accidente bélico, uno más entre varios, en  la, así llamada, Guerra de las Comunidades, y que la población que si fue importante en esa guerra civil, en tal momento histórico, fue la ciudad de Toledo. [Pero claro Toledo esta, como es conocido, en la constitucional región de  Castilla La Nueva, y no, y nunca, dentro de la provincia de Valladolid en Castilla La Vieja].

Ya todo el mundo sabe que la llamada Guerra de las Comunidades fue consecuencia de un cierto pugilato (¿acaso no es evidente?) entre la familia de los Mendoza (y otras familias muy importantes) y el Rey Carlos I (y sus administradores) y el posible efecto de la resaca de los otrora partidarios de Fernando de  Habsburgo. O sea que estamos manejando un enfrentamiento entre la alta nobleza (¿con abadías y conventos incluidos?) y no una situación de tipo popular (Tómese nota de que, en aquel entonces, no existía la llamada clase media) ni de cariz participativo democrático. {Resulta anecdóticamente curioso que en los relatos de las Guerra Civil de las Comunidades, al hablar del incendio provocado por los realistas en la población de Medina de Campo, apenas se cite que esta se incluía, en aquel momento, dentro del espacio territorial físico de la Diócesis leonesa de Salamanca; Cuando el rey  Felipe II provocó el cambio territorial de tal población y entorno hacia la Diócesis de Valladolid, tuvo un gran enfrentamiento con el Obispado salmantino}

Ya todo el mundo sabe que los Ejércitos de aquel entonces, fueran de Carlos I o de Las Comunidades, no eran ejércitos de voluntarios y si, y por el contrario, ejércitos mercenarios.(Algunos autores como Cadenas y Vicent citan la posible y/o cierta  financiación francesa, de Francisco I de Francia, para sostener el ejército de Las Comunidades) Es bastante preocupante que, a estas alturas, y en esto días (¡ y en pleno Siglo XXI !), significados grupos culturales, sociales y políticos se arrimen al carro mediático de alabadores de ejércitos mercenarios.

Ya todo el mundo sabe que las familias burguesas que destacaron en las Comunidades poseían esclavos. La misma María de Padilla (natura del Reino de Granda, que sostuvo el hecho bélico en la ciudad de Toledo hasta 1523) tuvo que vender sus esclavos para hacer frente a los gastos militares que tenía.  Parece evidente que las pretendidas libertades burguesas distaban bastante del concepto de libertad actual de las personas, de hecho algunas estaban reducidas al papel de ser esclavos, que es la mayor negación de la libertad.

Ya todo el mundo sabe que el Reino Valenciano tuvo parte en las Comunidades con varias poblaciones (Alicante entre ellas). Pero estas poblaciones, es evidente, no están en la provincia de Valladolid y no se tienen noticias de ningún tipo de conmemoraciones sobre la Guerra de las Comunidades en ellas. Igual sucede con el Reino de Murcia (véase el casa de Cieza), Reino de Sevilla, Reino de Córdoba, Reino de Jaén, Reino de Granada, etc. [Recuérdese que, en el año 1521, el País Vasco y el Reino de Navarra forman parte de la Corona de Castilla, y en tales lugares, hoy día, nadie celebra la Guerra de las Comunidades] .

Ya todo el mundo sabe que el Proyecto de Ley Perpetua (que es un derivado del Manifiesto de Salamanca), que exigían los líderes burgueses de las Comunidades a su soberano el Rey Carlos I, en modo alguno señalaba la obligada aglutinación de los amplios territorios de la Corona Castellana [actuales Regiones Históricas constitucionales del País Vasco, Reino de Navarra, Castilla La Vieja, Castilla La Nueva y Reino de Murcia],menos aún de los Reinos de Jaén, Córdoba, Sevilla y Granada ( en la constitucional Andalucía] con los territorios de la Corona Leonesa [actuales Regiones Históricas y constitucionales de Extremadura, Reino Leonés, Galicia y Asturias] , ni los concretos/ restringidos espacios del Reino Leonés ( actuales tres provincias) y Castilla La Vieja (actuales ocho provincias), y no se puede, ¡ ni se debe!, en nuestro criterio particular, ligar situaciones pos-constituciones, del año 1981 (provenientes del débil/minoritario/efímero gobierno de UCD del ciudadano Calvo Sotelo y Bustelo(D. Leopoldo),  con las del Siglo XVI, del  16-4-1520 al día 3-2-1522, ni aunque sea para intentar justificar, en la forma que sea, un invento de aglutinación territorial  políticamente innecesario, socialmente anulador, económicamente ruinoso y antropológicamente empobrecedor.

Llegará un  tiempo en que el Gran Capitán pueda ser de Córdoba, Teresa pueda ser de Cepeda, Miguel pueda ser de Cervantes, … y así… muchos, puede que entonces, en ese momento, Vasco Núñez pueda ser un oriundo berciano de Balboa, e incluso su inseparable perro, que le acompañaba a todas partes en sus desplazamientos, consiga mantener su nombre: “leoncito”.

Ese tiempo, está ya de camino

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