Manuel del Rosal: «Aborto: La gran mentira. Técnicas empleadas para abortar»

Manuel del Rosal: "Aborto: La gran mentira. Técnicas empleadas para abortar"

Yo imagino que el grito de esos pobrecitos que son asesinados antes de nacer debe llegar hasta Dios” Madre Teresa de Calcuta

¿Conocen ustedes ese cuento titulado “Colágeno: un cuento cruel” que relata como una mujer de 42 años termina loca internada en un psiquiátrico, donde pasa sus días meciendo a dos muñecos reborn sobre su regazo? Deberían leerlo. Para ello basta con buscar en Google “Colágeno: un cuento cruel” Periodista Digital.

Esto no es un cuento, esto es realidad. Jerôme Lejeune fue un científico francés descubridor, entre otras cosas del origen genético del síndrome de Down. Era conocido como el “defensor de los pulgarcitos”. Lejeune era contrario al aborto porque: “El increíble pulgarcito, el hombre más pequeño que mi pulgar, realmente existe, no precisamente el del cuento, sino el que cada uno de nosotros hemos sido. No en vano, todos hemos medido, al cumplir un mes de gestación, cuatro milímetros y medio”. La Organización Mundial de la Salud le designó experto en genética humana. Francia le nombró director del Centro Nacional de Investigaciones Científicas y la Universidad de La Sorbona creó, exprofeso, la primera cátedra de Genética Fundamental de la Facultad de Medicina. En 1969 recibió el premio Willian Allan, el mayor galardón en genética. Todo hacía pensar en que Lejeune sería un serio candidato al Nobel de Medicina. Siendo enemigo del aborto libre, en 1970 en la Organización Mundial de la Salud se pronunció contra de las corrientes “progresistas” favorables al aborto libre con las siguientes palabras: “La OMS ha pasado de ser una institución para la salud a una institución para la muerte”. Esa misma tarde escribió a su familia: “Hoy me he jugado el premio Noble”.

A partir de ahí el ostracismo científico, hasta que volvió al estrado de la ciencia en 1991, tres años antes de su muerte, cuando fue llamado por la Asamblea de Francia a comparecer en relación al crimen del aborto.

Cuando se le otorgó la palabra, Lejeune preguntó qué debía hacerse con el cuarto hijo de una mujer desnutrida y tuberculosa y un padre sifilítico y alcohólico que ya habían engendrado tres hijos, de los cuales uno murió nada más nacer y los otros dos nacieron con problemas físicos. Rápidamente la bancada socialista se agitó y su portavoz dijo: “Lo único que se debe hacer es realizar un aborto terapéutico”.

Lejeune, intencionadamente, dejó transcurrir unos segundos de silencio tan solo roto por algunos leves rumores. Y cuando todos esperaban que Lejeune nada adujera, dijo: “Señores, pónganse en pie, porque este caballero acaba de matar a Ludwig van Beethoven”.

Lejeune murió el 3 de abril de 1994. Birthe, su mujer dejó esta frase: “Ante la mentira (el aborto) que mata, su honor era el de no callar nunca”

Las clínicas abortistas son esos lugares donde entran dos vidas para, poco después, salir solo una vida.

Ofrecen el aborto a la carta. Por succión, por dilatación y curetaje, por dilatación y evacuación, por inyección salina. Para no extenderme voy a explicar este último método (inyección salina) Se advierte que puede herir la sensibilidad incluso de los más insensibles: “Consiste en la introducción de una larga aguja por el abdomen de la madre, sacar parte del líquido amniótico y sustituirlo por el que con tiene la solución salina. El bebé traga el veneno mientras sufre de convulsiones; la solución salina le está quemando vivo por dentro y por fuera. Una hora más o menos dura el terrible sufrimiento del bebé. A las 24 horas la madre expulsa el feto, habiéndose dado casos de estar el bebé aun vivo a pesar de estar quemado por dentro y por fuera”

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