«¿Votar al PSOE es votar a un partido que comete fraude desde hace quince años?»

"¿Votar al PSOE es votar a un partido que comete fraude desde hace quince años?"

Cualquier ciudadano informado y no manipulado (cada vez menos porque las mal llamadas redes sociales y la mayoría de los medios de comunicación han dejado de ser un contrapoder del poder legítimamente constituido para constituirse en un fan más del “me gusta”) sabe que en unas elecciones generales si vota a Unidas Podemos elije un partido populista que, entre otras cosas, es comunista, quiere acabar con la economía de mercado y defiende el derecho a decidir de cualquier comunidad autónoma o provincia españolas, excepto para dejar de ser miembro obligado de la comunidad de vecinos. Si deposita la papeleta de Ciudadanos es consciente de que se está inclinando por una formación liberal que protegerá la unidad de España, la propiedad privada y la economía de mercado; si lo hace por el PP es porque, al margen de otras consideraciones, entiende que es una organización constitucionalista que amparará en cualquier parte del territorio nacional la Constitución y todo su articulado, empezando por el 1º/2: “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”. Aquél que se inclina por VOX es porque, aparte varios maximalismos, prefiere a alguien que quiere cambiar la Constitución por los procedimientos tasados para suprimir las Comunidades Autónomas y volver a un Estado centralista al modo francés. Quien introduce la papeleta de ERC, JpCat, PNV, EH-BILDU, GB, BNG, etc. porque quiere la independencia de esa región en la que vive y formar un Estado propio fuera de la Unión Europea y de la ONU. Y quien lo hace por CC, PRC, TE, y demás franquicias locales, porque aún no se ha quitado la boina y sólo mira el suelo que pisa.

Ahora bien, el que vota al PSOE ¿sabe lo que vota? ¿Vota a un partido político que hasta la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero fue un admirable partido socialdemócrata que defendió la unidad de España, contribuyó poderosamente a la redacción, defensa y aplicación de la Constitución e influyó vigorosamente en el desarrollo de la Unión Europea (UE)?, ¿o vota a un partido que sostiene que Cataluña es una nación y tiene derecho a decidir?, ¿o que el País Vasco tenga un nuevo Estatuto que echa a España de esa tierra?, ¿o que Navarra se una al País Vasco y ambos territorios se separen de España para constituirse en Estado?, ¿o Baleares se fusione con Cataluña y haga tres cuartos de lo mismo?, ¿o que en Andalucía, Extremadura, Castilla y León, Castilla La Mancha, Murcia, … sigan custodiando una Constitución aprobada por las Cortes Generales sin ningún voto en contra y refrendada por el 87,78% de los votantes (¡el 90,5% en Cataluña!). Si esto es así, que lo es, ¿puede considerarse un fraude electoral hasta tanto el PSOE deje de pactar con Podemos, EH-Bildu, PNV, ERC, no se presente en Cataluña con las siglas PSOE-C, y defienda sin complejos la Carta Magna y sus artículos?, empezando por el 1º (“La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que…), el 2º (“…indisoluble unidad de la Nación española…”), el 3º (“El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla”) y el 4º (“La bandera de España está formada por tres franjas horizontales, roja, amarilla y roja, siendo la amarilla de doble anchura que cada una de las rojas”).

Desde muchos lugares y por socialistas insignes se afirma que el PSC es una rémora y un problema creciente para el PSOE, porque más que darle votos le resta en el conjunto de España. Y ahora, desde que los hermanos Maragall Mira, Pasqual y Ernest, se quitaron la careta y se declararon independentistas, es más verdad que antes por mucho que Miquel Iceta Llorens, “esa plaga apellidada Iceta”, según expresión del socialista Joaquín Leguina Herrán, se empeñe en pregonar lo contrario pero hacer lo mismo.

Y si en un sistema electoral de listas cerradas y bloqueadas como el nuestro se sustituye la democracia representativa de los partidos por un procedimiento de primarias en el que se da la espalda a los votantes y se crea un mandarinato donde el ganador obtiene con engaños la “legitimidad” de los afiliados para hacer lo que le da la gana, sin que el Comité Federal pueda intervenir porque el plebiscito interno, que como todo plebiscito es contrario a la democracia representativa, está por encima, entonces la superchería alcanza cotas aún mayores.

En estos días se ha presentado en la Fundación Diario Madrid el Manifiesto La España que reúne (www.firmas@laespañaquereune.com), del que comenté sus virtudes en artículos anteriores, y al que le ha seguido en la misma sede Carta a los españoles, rubricado por los promotores del primero y por otros cabales españoles entre los que se encuentran escritores, catedráticos, historiadores, periodistas, empresarios, economistas, ensayistas, médicos, abogados, diseñadores, ingenieros, ex diputados y ex eurodiputados, para quienes “España se encuentra en un momento grave. La gestión del resultado de las elecciones del 10 de noviembre muestra una sociedad a la que se divide y tensiona por razones estrictamente partidistas más que por motivos políticos de calado”.

Y para hacer frente a este periodo histórico y defender la España de 1978, la Carta a los españoles añade que “en estos momentos un Gobierno que representa solo a una mitad del país no estará en condiciones de realizar las reformas imprescindible para encarar el futuro ni conseguirá que cicatricen las heridas recientes. No lo estará un Gobierno formado exclusivamente por el PSOE y Podemos”… porque “habrá de contar, para cada paso, con la aprobación de fuerzas independentistas que no disimulan el objetivo de destruir nuestro devenir democrático común amparado en la Constitución…Ningún Gobierno de España puede quedar bajo su dependencia. Sería un gravísimo error político y una irresponsabilidad que pondría en riesgo nuestras libertades y la convivencia ciudadana”. A los firmantes -y al que signa este artículo- “les gustaría que el acuerdo al que se llegara para formar Gobierno excluyera a partidos populistas y nacionalistas y se apoye en aquellas formaciones que ocupan el amplio centro del tablero político que, en definitiva, es el que agrupa a una sobrada mayoría absoluta de votos y escaños. Sólo este acuerdo entre partidos centrales va a permitir el desarrollo durante cuatro años de una acción de gobierno, sólida y coherente, que contribuya a la concordia entre españoles evitando que el surco entre nosotros se agrande”.

El problema de este hermoso deseo es que en España la izquierda ya no es constitucionalista y la socialdemocracia que acordó y representó el PSOE de Felipe González y Alfonso Guerra durante la Transición y los primeros 36 años del actual periodo democrático está dejando de serlo por culpa de Zapatero y de Pedro Sánchez Pérez-Castejón, que prefieren ahondar con los independentistas en la división de España antes que fortalecer el Estado. Ojala reflexione ese último o el alma constitucionalista del partido de Pablo Iglesias Posse se imponga sobre esa otra revolucionaria que aún anida en algunos militantes y dirigentes del socialismo español. Nos jugamos la unidad de la Nación “para no acabar -como señaló César Antonio Molina en la presentación del documento- como Yugoeslavia”

Autor

Jorge del Corral

Hijo, hermano y padre de periodistas, estudió periodismo en la Escuela Oficial de Madrid. Ha trabajado en cabeceras destacadas como ABC y Ya. Fue uno de los fundadores de Antena 3 TV. Miembro fundador de la Asociación de Periodistas Europeos (APE) y del Grupo Crónica, creador de la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión (ATV) y fundador de la Unión de Televisiones Comerciales (UTECA). Un histórico de la agencia EFE, donde fue subdirector y corresponsal en Roma.

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