Antonio Sánchez-Cervera: «Jhonson frente a Sánchez»

Antonio Sánchez-Cervera: "Jhonson frente a Sánchez"

El pueblo británico ha ido a las urnas y ha elegido bien manteniendo la estabilidad con un partido conservador cuyo líder tiene al menos una estrategia política definida para aumentar las inversiones públicas en todo el país y convencer a los escoceses de las ventajas de seguir unidos.

El Reino Unido continúa conservando una población bien educada en la enseñanza universitaria y excelentemente documentada sobre los desastres y las tropelías de los Estados comunistas. Como consecuencia, Corbyn, con su socialismo marxista reaccionario, se ha derrumbado ante un electorado que rechaza ese tipo de socialismo disfrazado de una estéril y aparente progresía.

Boris Jhonson que nació en Nueva York, que con su cabello enmarañado y sus peculiares gesticulaciones parece que es un friki, es un político estudiado en Oxford que ama verdaderamente a su país y que por nada del mundo quisiera su desintegración. Saldrá de Europa porque Europa no ofrece en estos momentos la confianza suficiente como para quedare en ella, simplemente eso. Su país se irá, pero en Europa se continuará hablando en inglés, por lo menos comercialmente que es lo más importante.

En España, a sensu contrario, el pueblo ha elegido pesimamente mal, ha fraccionado la política con parcelas tan ridículas que pueden suponer la desunión final de la ciudadanía. Es el único culpable de nuestra mala situación. Es el pueblo, neciamente a nuestro entender, el que ha dado solfa a los falsos apretones de manos entre los políticos, a sus sonrisas forzadas, a la oscuridad de sus pactos por debajo de la mesa, a la ocultación ante los medios de comunicación, a que no se haya hecho nada en España después de tres años, a las caras serias y al abandono por chantaje de unos en manos de los peores. El pueblo ha roto el arco de la estabilidad política en nuestro país.

Imitemos de una vez a los británicos para que España no se alimente de una oligarquía hipócrita y feudal que intenta disfrazarse bajo la vestimenta de un gobierno representativo.

El PSOE actual se encuentra en una posición muy delicada como de querer aparentemente implantar un socialismo revolucionario caduco y por lo que respecta a su líder, la ciudadanía y la prensa en general se están preguntando si va a empeñar o no a España, teniendo en cuenta de que hoy las bases del socialismo no están en el proletariado, puesto que como tal y en su acepción original ha desaparecido. No hay ya lucha de clases ni obreros que defender ni políticas sociales que no aplique su hasta ahora mayor contrincante, el Partido Popular, quizá solo quedan parias que aborregar. Ya en Suresnes, inteligentemente, Felipe González y otros renunciaron al socialismo revolucionario, postulando el reconocimiento y protección de las libertades de todos los españoles, lo que significa que España no se puede desmembrar.

Lo inquietante además es que el socialismo de ahora en España se vende con identidades nacionalistas y/o feministas aun cuando el elector normal del PSOE rechace de pleno la desunión de nuestro país. Ingenuamente, ese elector de tradición socialista, cree aún que está mejor representado por el PSOE actual. Sin embargo, la izquierda española parece en estos tiempos como un cementerio donde se expone el agotamiento.

Casado no es que haya cerrado la puerta a facilitar la investidura de Pedro Sánchez, sino que se ha opuesto y con razón a participar por omisión en un Gobierno donde van a estar políticos comunistas bailando encima al son de los separatistas a toda costa.

Ahora bien, al líder del PP, le falta todavía dejar a Sánchez como único y exclusivo responsable de no llegar al pacto de los constitucionalistas a través de la negociación de determinados problemas de Estado. Decir a voz en grito que facilitará la investidura de Sánchez porque ambos han llegado al solemne acuerdo de estudiar y solucionar tales y tales problemas, acuciantes y urgentes, de nuestro país, aclarando, obviamente, que Unidas Podemos no formará parte del Gobierno de España.

Nos da la impresión de que a Casado le ocurre como a Rivera: quiere llegar al poder tanto o más que Sánchez y esa angustia monclovita es un estado de inquietud poco aconsejable que se padezca en política.

Por lo demás, puede que Sánchez esté toreando o no a los de ERC, pero éstos últimos han de tener muy claro que, si renuncian, que no lo harán, o aparcan el tema del referéndum catalán y el derecho a la autodeterminación, difícilmente podrán volver a las calles de Barcelona a enfrentarse con los del Tsunami Democrátic. Por otro lado, el pacto oscuro con el PSOE, de existir, nunca podrá convencer a la ciudadanía separatista de que será un acuerdo independentista de algún tipo.

Creemos que si de verdad se quiere empezar a resolver el tema del separatismo en España, sin que la Nación, que es España, como tal Nación desaparezca o marchite lentamente muerta, se hace preciso un gran pacto de Estado que contemple una serie de cambios en la estructura constitucional, amén de la puramente administrativa y ministerial, para fortalecer la unión e incluir el punto de vista e intereses separatistas en muchas de las grandes decisiones de Estado.

Sin embargo, si ERC, EH Bildu, JxCat, PNV…van a lo que van, no nos engañemos, la separación del resto de España será un hecho consumado al igual que va a ser el Brexit en el Reino Unido. Se podrá dialogar, pero se irán de la mesa de debate sin convencer hasta que consigan su anhelada independencia. Decir otra cosa es ir contra la inteligencia de los españoles, documentados o no, que, aunque voten mal y sean culpables de así hacerlo, ello no quiere decir que sean, seamos, tontos de remate.

Al final, el que va alcanzar poder, sin comerlo ni beberlo, va a ser un Iglesias eufórico con aquel abrazo a Sánchez minuciosamente acaparador y calculado.

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