LOS ESPAÑOLES SIEMPRE HAN SIDO MEJORES QUE SUS GOBERNANTES

A Felipe VI le sellan la boca a cambio de poder seguir jugando a reyes y princesas

A Felipe VI le sellan la boca a cambio de poder seguir jugando a reyes y princesas

Es la primera vez que me olvido del discurso del Rey desde que tengo uso de razón. Llegaron las diez y continuábamos de charla con la televisión apagada y la sensación de que nada importante nos estábamos perdiendo. Creo que fue una jugada del subconsciente. Quizá porque tenemos muy interiorizado que el Rey no tiene nada que decir y nada que hacer. Tuvimos una ligera esperanza antes de la ronda de consultas, pero eso es agua pasada. Algunos optimistas ilusos confiados en que el milagro puede ser  posible creímos que Felipe VI se armaría de valor y propondría un candidato alternativo. Así lo contempla la Constitución en momentos especiales de incertidumbre, y este lo es. Es cierto que no está muy claro el alcance del artículo 99 porque nunca hubo necesidad de aplicarlo, pero también lo es que la unidad de España y la confianza en las instituciones nunca habían estado tan en peligro en los años que llevamos de democracia. Lo cierto es que el Rey dejó pasar la oportunidad cuando recibió a Sánchez y le mandó formar gobierno. Formar gobierno “como sea”, tal como le gusta a Zapatero hacer las cosas –hablo en presente porque el personaje continúa con sus trapisondas para hacer de Iberoamérica un continente regido por narcotraficantes comunistas de la peor calaña—. Dejó pasar la oportunidad de decir “aquí está el Jefe del Estado, el Rey de España para salvarla del enemigo”. Ese día podría haber sido un hito histórico, pero pasará a la historia como el día en que la Monarquía no supo estar a la altura; el día que el Rey traicionó a los españoles y los abandonó a la suerte de unos cuantos sátrapas locos, ávidos de poder, dispuestos a repartirse el botín y a ejecutar su rancia venganza.

Si le quedaba algo por demostrar, en el discurso de Navidad quemó el último cartucho. Que el discurso le haya gustado a Echenique es para echarse a temblar, aunque parece que también la derecha está complacida. Debe ser cosa del espíritu navideño. Sabemos que es un texto cocido en el horno de Moncloa, pero aceptar recitarlo es asumir la derrota. Al escucharlo en diferido tuve la impresión de que realmente no se estaba refiriendo a una España con los gravísimos problemas que estamos padeciendo, entre ellos, su final. El discurso no pudo ser más vacuo y soporífero, más propio de un momento más plano que de esta montaña rusa que acabará por estrellarse. No faltó el toque de “progrez” al referirse a la desigualdad laboral entre hombres y mujeres, cosa incierta, por cierto, o tan mínima que no merece llamarse problema; ni la alusión al gran montaje del cambio climático. Decir que “hay que integrar las diferencias dentro de la Constitución, que reconoce la diversidad territorial que nos define” es pura palabrería, humo que hace llorar. Palabras que algún día significaron mucho, pero que hoy se han convertido en algo anacrónico, nada, cosa de una Transición que hay que sacar de la historia, como se sacó a Franco del Valle. ¿Cómo puede el Monarca encargar la formación de un gobierno con o apoyado por los condenados por sedición, que están amenazando con volver a repetir la jugada, y por los herederos de la ETA? Por mucho que lo repitamos, no logramos encajarlo en nuestra mente racional y lógica. Ezquerra Republicana continúa urgiendo a los socialistas para que la Abogacía del Estado se pronuncie y pida al Tribunas Supremo que ponga en libertad al preso Junqueras y demás sediciosos. Es una de las muchas condiciones del pacto de investidura. Y el Rey lo sabe. ¿Cómo puede transigir con estos extremos? ¿Por qué traiciona a los españoles de bien? ¿Está siendo sometido a chantaje, como nos preguntábamos en un artículo anterior?

Con toda esta mochila a las espaldas, nos pide el Rey pensar en grande. Pues claro que pensamos en grande. Los españoles siempre han sido mejores que sus gobernantes, incluidos sus reyes, que siempre nos han vendido o nos han dejado plantados. Son los políticos los que piensan en pequeño, incluso él mismo, que está demostrando no ser merecedor del trono que ocupa. En tiempo de paz es fácil reinar, pero lo importante es hacerlo en tiempo de guerra, como ahora. No estamos librando una guerra de fusil y bombas pero estamos inmersos en una gran guerra de ideas en la cual hay que posicionarse. Está visto que Felipe VI, por razones que desconocemos, se sitúa del lado de los enemigos de la nación. Se empieza a oír en los mentideros que el Rey, más que la solución, es parte del problema. Se comenta que le han sellado la boca a cambio de seguir tomando la sopa boba y jugando a reyes y princesas en el palacio de la Zarzuela. Pero esto no es Disney y los españoles no somos súbditos. Es más, a muchos ni siquiera nos representa.

 

 

 

 

Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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