Victor Entrialgo De Castro: «La Selección nacional de balonmano»

Victor Entrialgo De Castro: "La Selección nacional de balonmano"

Ayer su Majestad el Rey recibió en Zarzuela a la selección nacional de Balonmano tras sus triunfos en los lanzamientos y desdoblamientos de ministros, circulaciones, pases, pelotas y vaselinas.

Contentos por el campeonato, los jugadores-ministros no entraban en la Sala de Juras de la Zazuela. Hasta 22 dicen que contaron. Habia porteras, extremas/extremos, pivos/pivas, que no se atrevieron a rematar jurando porque les falta el honor.

Sólo faltó la entrega de la camiseta firmada, porque hay unos que prometen la Constitución y al tiempo ignoran al Jefe del Estado, que viene en la Constitución. Es lo que tiene el deporte y la conspiración. Que no te deja tiempo para formas, ni para leyes ni para aprender nada.

Este aluvión de balonmanistas risueños y emocionados son esencialmente irresponsables, porque no piensan en las servidumbres del cargo sino en usufructuarlo. Poco más va a despachar esta tropa a partir de ahora aparte de hacerse la pelota o pasársela unos a otros y bloquearse lo que puedan.

Esta salida de la selección al patio del colegio parecía una bandada de púberes con sus nervios, su chaqueta de comunión y luego el convite en los Ministerios donde no cabía un alfiler entre los regalos de las carteras de Reyes con la etiqueta todavía puesta de Salvador Bachiller y los pins provocadores y ridículos antifascistas de fin de curso.

En eso consiste este Gobierno sinsustancia con gente encantada de estar más que de ser, con triángulos amorosos de justicia con besos de las Monteros al churri de la Battet y saludos de Villarejo.

Parecía el Camarote de los hermanos Marx. Allí estaba Las Montero y el desmemo Garzón, que no conoce la Historia y quiere cambiarla. Que ha usado la propaganda del imposible cambio del pasado para llegar al poder. Prometen la Constitución e ignoran al Jefe del Estado. Serán cenutrios!

Este record de ministros-robots todos iguales sin una miaja de personalidad, haría estremecer a Cánovas y Sagasta.

No digamos a Castelar, a los ministros de Suarez a los de Felipe y Aznar, balonmanistas todos iguales para pasarse la pelota y contentar no al público sino solo al entrenador.

El mayor peligro el Estado, escribió Ortega hace un siglo. Terminará como el rosario de la aurora.

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