José Luis Suárez Rodríguez: «Cuando el Rey reina»

José Luis Suárez Rodríguez: "Cuando el Rey reina"

Como antesala del acto inaugural de la XIV Legislatura en el Palacio del Congreso, presidido por los Reyes de España, un minúsculo grupo de diputados, representante de apenas el 4 y medio por ciento de congresistas y senadores de las Cortes Españolas, montaron al pie de los Leones un ridículo manifiesto antimonárquico y contraconstitucional.

Allí estuvieron representantes, disidentes y montaraces, de ERC, EH Bildu, Juntos por Cataluña, la CUP, Bloque Nacionalista Gallego. Actuó como antimonárquico acreditado el portavoz de ERC en el Congreso, que no desdice su apellido, Rufián, el cual, resumiendo, vino a decir: “La sociedad catalana, vasca y gallega (apropiándose la integra representación de todos ellos), rechazan mayoritariamente la figura de una institución anacrónica, heredera del franquismo” (sabiendo el imbécil que mentía), y añadiendo: “que se sustenta en el objetivo de mantener la unidad de España…”.

Sólo acertó el insultante tunante, sin él consentirlo, en su última frase: la Monarquía, y el Rey que actualmente la representa como fundo de la soberanía, mantiene, con la fuerza de su prestigiosa figura, popularmente acrisolada, la Unidad de España.

El testimonio de esta afirmación la dieron, inmediatamente, los centenares de representantes parlamentarios y senatoriales, de las Cortes, que recibieron con entusiasmo, a su entrada al acto y durante el discurso, elocuente y magnánimo, a su Majestad Felipe VI, que apenas atisbó la efímera e ineficaz ausencia de los insulsos interfectos.

Pero la ilustre concurrencia de representantes de la democracia popular, allí presente, también hubo de presenciar cómo los otrora abigarrados defenestradores de la Monarquía parlamentaria, Unidas Podemos e Izquierda Unida, por mor de su advenediza condición de representantes del poder gubernamental, y sin que ya inquietaran el sueño del compañero coligado, aplaudieran, unos con garbo, otros con desidia, la solemne intervención del Monarca de los españoles, Jefe del Estado de Un Gran País, admirado acá y allende, denostado (pero menos) en algunos territorios periféricos del Estado.

Felipe VI se pronunció una vez más, con el consenso mayoritario de los presentes en el acto y del gran público que le siguió a distancia, sin distanciarse un ápice de su discurso, hecho con propuestas y mensajes de concordia, de convivencia, de acuerdo, de unión solidaria, de reconciliación, de entendimiento, de respeto y defensa de los derechos de todos. Diciendo, entre otras cosas importantes:

“La constitución es el lugar de encuentro de los diferentes modos de entender y sentir España, logrando una inequívoca vocación integradora e incluyente, a la vez que respetuosa con nuestra pluralidad y diversidad territorial”.

“Nuestra convivencia cívica, social y política es el mayor patrimonio que hemos construido y que los españoles nos hemos ganado”.

“Llega la hora de la palabra, del argumento y de la razón, desde el respeto mutuo”.

“Pactar y controlar, acordar nuevos asuntos y disentir en otros, son consustanciales a nuestro régimen parlamentario, en el que la diversidad de ideas y opiniones van unidas al común respeto a nuestros valores constitucionales”.

La nuestra es “una constitución que nació del diálogo y del acuerdo” … “proyectándose hacia el futuro como un marco político pactado y comprometido para el desarrollo y progreso de nuestra vida colectiva, en plenitud democrática”.

El parlamentarismo está obligado y comprometido a “colaborar lealmente con todas las instituciones del Estado, y observar comportamientos que signifiquen la mayor consideración y respeto” (…), “que los españoles esperan, demandan y merecen de todos cuantos asumimos responsabilidades públicas e institucionales”.

La actual “diversidad representativa “del nuevo Parlamento obliga al pacto y al entendimiento”…, que ésa es “la esencia del parlamentarismo”.

“España no puede ser de unos contra otros. España debe ser de todos, y para todos”.

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