PSOE, Podemos y el resto de la izquierda española son antisemitas y racistas

PSOE, Podemos y el resto de la izquierda española son antisemitas y racistas
Pablo Iglesias y Pedro Sánchez. PD

En lo que a racismo y antisemitismo se refiere, los progres de la política española se limitan a seguir la senda trazada hace mucho por los progres del periodismo nacional.

La triste realidad es innegable, porque ahí está la hemeroteca.

Y cuando se revisa, se comprueba que hay en los medios españoles una falta clamorosa de objetividad, al abordar el conflicto entre palestinos e israelíes.

Como escribió hace ya tiempo Alfonso Rojo, director de Periodista Digital, hablando del tema:

  • Imagine que cada mañana, cuando sus hijos se encaraman al autobús escolar, tuviera que ir contando minutos y lo que sentiría si sonase el teléfono, porque en su memoria están grabadas a fuego el centenar de ocasiones en que un terrorista suicida se ha hecho saltar en pedazos en medio de los chicos que acudían a clase.
  • O si tuviera que ir al mercado, mirando con recelo de cualquier extraño. Y en la categoría de «extraño» cabe todo, porque en la lista de asesinos suicidas hay niños, viejos y hasta mujeres embarazadas.
  • Si los israelíes levantan un muro para evitar que crucen a sus ciudades sujetos con cinturones explosivos, se les denigra. Si sus comandos penetran en Cisjordania y detienen a 20 miembros del Yihad Islámico, se publica que reprimen sin piedad.
  • Si eliminan a un jefecillo siniestro, atizando un misilazo a su coche, se les condena.
  • No es un caso raro o aislado en los medios de comunicación españoles. Diarios nacionales como El País, El Mundo, ABC, El Periódico o 20 Minutos, televisiones como LaSexta o TVE y onlines de todo pelaje, que ponen un cuidado exquisito en no rozar nada relacionado con el Islam y condenan a cualquier viñetista extranjero que dibuje a Mahoma (los españoles no se atreven a hacerlo), tienen en sus páginas muestras de antisemitismo gráfico casi cada semana.

Pues ahora llegan 58 municipios españoles, todos liderados por la izquierda y conformados por el PSOE, Podemos e IU, y promueven un nauseabundo boicot contra Israel.

La lista completa de los municipios que se ha sumado al ataque al país judío figura en una web de acceso público bajo el nombre de ‘Espacios Libres de Apartheid Israelí’.

Es un ejemplo vergonzoso e intolerable de antisemitismo, que no deja de ser una execrable forma de racismo.

Pues ahora, los seguidores de Iglesias, arropados por los de Pedro Sánchez ahondan en el oprobio.

La página web contra Israel, apoyada por Podemos y PSOE, no oculta sus intenciones:

«Queremos apoyar la creación, en nuestros barrios, pueblos y ciudades, de espacios comerciales, culturales, políticos, deportivos, académicos y sociales del Estado español que se niegan a colaborar con —o apoyar por pasiva— el sistema colonial y de apartheid israelí”.

Estamos ante un movimiento de corte xenófobo impulsado por una izquierda que queda retratada en su sectarismo ideológico, porque lo que se promueve son acuerdos para no contratar con empresas israelíes, para no comprar ningún producto relacionado con el pueblo judío, o para exigir el reconocimiento de Palestina para poder acceder a un contrato público.

La misma izquierda que presume de tolerancia, solidaridad y respeto a los derechos humanos se ha lanzado a una campaña infecta en la que se promueve la marginación de los judíos, ruin y vil estrategia que nos remonta a una etapa negra de la historia.

La dimensión de este bloque anti Israel alcanza ya una proporción intolerable.

En el listado de entidades firmantes de los pactos ELAI figuran instituciones tan potentes como los ayuntamientos de Cádiz, Barbate, Rivas, Sabiñánigo, Gijón, Badalona o Alcoy, que han llegado a firmar bajo mandato de izquierdas; entidades que, pese a no firmar el listado, han aprobado “el derecho al boicot”, como es el caso del Ayuntamiento de Barcelona; la Diputación de Sevilla, que no forma parte del ELAI, pero se adhiere a la campaña, o la Diputación de Valencia. Una forma de racismo en toda regla.

Así son y así funcionan las fuerzas «progresistas»

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