Victor Entrialgo De Castro: «El amor es cosa grave»

Victor Entrialgo De Castro: "El amor es cosa grave"

El amor es cosa grave yo diría que gravísima, no solo por sus dificultades, por sus gravámenes, por sus consecuencias, con las que felizmente no cuenta el enamorado y sin cuya inconsciencia nos habríamos perdido algunos felices existencias, sino porque es cuestión de gravedad. De gravedad y de manzanas.

De manzanas porque si Adán no hubiera comido la suya del árbol del bien y del mal que, no olvidemos, le ofreció Eva por amor o prevención, -primer enigma del famoso culebrón, estaríamos ahora viviendo en el paraíso. Ya me dirán si no es cosa de importancia que por comer una fruta, que ahora tanto recomiendan los médicos, perdiéramos Dios sabe cuantos metros cuadrados de césped, arboleda vistas al mar o a la montaña y se armara itodo esto.

Pero además de manzanas el amor es también cuestión de gravedad, porque mientras dormía la siesta bajo otro árbol y en otro jardín no tan dispuesto descubrió Newton la física de los cuerpos.

Ya se ve que el amor, que es agridulce, tiene mucho que ver con la gravedad y las manzanas.

Pero con solo manzanas, -ni aun que fuesen asturianas-, no se explicaría el amor. Es preciso ver también su gravedad. Comprobar que “tu amor es tu peso”, que “por él vas donde quiera que va”, por idéntica y fuerza de de gravitación que la que tienen los planetas con el sol.

Y así, según todos los indicios, amar es justamente abandonar la quietud y asiento propios, es estar yendo hacia el objeto amado, y ese constante “estar yendo”, ese constante “estar emigrando”, es estar amando. Cuestión nada baladí por cierto, porque consecuencia de todo ello, es que como la mujer es el sitio donde se llega, adonde el varón va, es ella la que por lo general suele escoger el sitio de vacaciones.

¡Y ahí quería yo llegar! pues tan importante lugar en la biografía memoria de las personas suele ser, -hagan cuenta de sus conocidos y amistades,- donde iban los padres de ella. Y allí, primero refunfuñando pero en el fondo encantado, qué remedio, es donde va el varón siempre gravitando cosa en la que la mujer jamás ha reparado, porque “va de suyo”. Éste “ir de suyo” de los varones en vacaciones y algunos viajes claro es una pequeña observación que me permito sobre todo a las lectoras, por si no habían reparado en ello.

Así que como no va a ser la cosa grave, ¡de una gravedad supina!

De ahí la exigencia del detalle que el amor requiere y para el que los hombres solemos tener especial dificultad, hemos de reconocerlo, mientras se va desplegando el mapa genético y biográfico de nuestra vida a lo largo del argumento, que se va desenvolviendo, tan difícil de interpretar como una carta de navegación, tan ilusionante de abrir como un paquete de regalo, tan difícil de escribir como la carta los Reyes Magos.

Un esfuerzo más de concisión y habremos alcanzado la definición. Amar una cosa o a una persona es “estar empeñado en que exista”. Y a veces despreocupados de la calidad de esa existencia olvidamos que amar es estar perennemente vivificando lo amado, dándole vida, no quitándosela, ese es el desafío descomunal, la enorme dificultad. El amor como sentimiento, como electricidad de materia anímica, el amor como unión física, anatómica, biológica. Pero también como construcción, como motor de propulsión, porque como los coches caros, lo más caro del amor es el mantenimiento.

Dicho lo cual, coincidiendo con el patrono de los enamorados, únicamente solicitar esta última reflexión con la venia de la sala y de los pacientes lectores para que reparando en este primer fogonazo maravilloso con el que da comienzo el amor, en aquel “trastorno mental transitorio,” evocados por la fuerza de ésta expresión elegida para escoger “el Mila gro” de sus enigmáticos comienzos” que, pudiendo ser maravillosos no son lo mejor, ya me dirán, muy pacientes lectores, si no resulta cosa grave que, de golpe, al comienzo del amor, aparezcan juntos en la misma expresión, como si entraran en la misma habitación, el médico y el abogado al mismo tiempo.

Y así estimados lectores, viene a resultar probado, que aunque según las escrituras en el principio fue el verbo, lo difícil de aprender es que “antes de todo lo predicado está el sujeto de al lado”.

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