LA VISITA DE LA SICARIA DE MADURO SE PREPARÓ DESDE EL GOBIERNO Y SE PREPARÓ 24 HORAS ANTES

‘Delcygate’: las maletas misteriosas no pasaron por los controles de seguridad y Abalos acompañó a la narcochavista

Un agente de seguridad de Barajas hace un relato detallado de todo y lo deposita ante notario

'Delcygate': las maletas misteriosas no pasaron por los controles de seguridad y Abalos acompañó a la narcochavista
José Luis Ábalos y Delcy Rodríguez. PD

El socialista José Luis Ábalos huele que apesta.

Al presumido ministro de Transportes de Pedro Sánchez, que se las prometía muy felices y debió pensar que la prensa y la oposición eran un pardillos a los que engañaría fácilmente, ya no le llega la camisa al cuello.

Su reunión nocturna en el aeropuerto de Barajas con Delcy Rodríguez, la vicepresidenta de Nicolás Maduro, ya está judicializada. Y no es para menos, porque el episodio reviste aparentes caracteres de delito.

De momento, una juez ha ordenado a AENA no destruir las grabaciones de seguridad para impedir que desaparezca información sensible sobre aquel encuentro.

Tratando de ayudar a su ‘compinche, el ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, juez de carrera, cree un «poco extraño» que el Juzgado de Instrucción 7 de Madrid haya exigido proteger las grabaciones de las cámaras de seguridad del día de la visita de la narcochavista a Barajas.

Campo no argumenta su extrañeza y asegura que sería un mal juez si se pronunciara, pero calificar de extraña la decisión del Juzgado de Instrucción es una manera de pronunciarse que lleva implícita una crítica impropia de quien es juez y ministro de Justicia.

¿Sugiere Campo que el juez prevaricó?

ESCÁNDALO

Al margen de lo que diga Campo, es más que evidente que la medida para proteger pruebas es razonable, y el escándalo político mayúsculo.

Hasta ahora, consta que Ábalos ha dado siete versiones contradictorias de la cita, de lo cual se deduce que al menos seis son falsas, si no lo son las siete.

En este caso confluyen dos graves problemas para Pedro Sánchez.

Hay, primero, una cuestión de fondo para esclarecer mil interrogantes sobre los motivos por los que está cambiando la relación diplomática de España con un régimen dictatorial y corrupto; por qué se trató de ocultar la visita de Rodríguez, quien tiene expresamente prohibido pisar suelo europeo; por qué el Gobierno está dando cobertura a una ilegalidad flagrante, o si el avión transportaba decenas de maletas que difícilmente pueden constituir un secreto de estado amparado por la valija diplomática.

Este Gobierno, acostumbrado a despreciar las preguntas de los periodistas, y que impone sobre qué conviene interrogar a sus ministros porque solo La Moncloa sabe lo que interesa o no a los españoles, no solo no ha dado una respuesta coherente a nada, sino que además podría haber delinquido. Es muy grave.

MENTIRAS

Pero en segundo lugar, hay una cuestión de forma no menor.

No hace falta que un ministro como Ábalos cometa delitos para perder su aura de ejemplaridad, o de benefactor de la democracia salvando a España de un conflicto diplomático. Basta con que no mienta.

Pero Ábalos, y Sánchez, y Grande-Marlaska, y la ministra de Exteriores, y Calvo e Iglesias, han mentido a conciencia y sin pudor alguno.

Han mentido al Congreso, a la Prensa y a los españoles.

Y eso, proviniendo de un Ejecutivo socialista como el que acuñó contra el PP la máxima de «no nos merecemos un Gobierno que mienta», es el colmo del cinismo.

Ahora, merced a un comunicado del sindicato del que forma parte, acabamos de saber que un vigilante de seguridad de Madrid-Barajas ha declarado ante notario que José Luis Ábalos acompañó a Delcy Rodríguez desde la «zona de pistas» hasta la terminal ejecutiva del aeropuerto tras el encuentro secreto que mantuvo de madrugada con la mandataria venezolana en el interior de un avión, como desveló El Independiente el pasado 30 de enero.

Este testimonio es revelador por cuanto acredita que el ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana mintió cuando, tras conocerse su polémica cita a escondidas, negó de forma expresa que se hubiera visto con la vicepresidenta ejecutiva de Venezuela en el edificio terminal y que se había litado a saludarla en el avión.

NOTARIO

El trabajador, perteneciente a la contrata de Ilunion, acudió la pasada semana a una notaría madrileña para relatar minuto a minuto los hechos que presenció desde que inició su jornada a las 11 de la noche del 19 de enero de 2019 -una hora y cuarto antes de la llegada de la aeronave que trajo a la vicepresidenta venezolana desde Caracas- hasta después de la una y media de la madrugada.

La decisión de acudir a un notario la tomaba días después de que la empresa le entregara la carta por la que le notificaba la apertura de un expediente sancionador bajo la acusación de que acompañó a un periodista para que pudiera tomar imágenes de la sala VIP en la que Rodríguez permaneció hasta que a primera hora del 20 de enero embarcó en un avión de Qatar Airways rumbo a Doha para continuar posteriormente viaje hasta Estambul (Turquía).

El vigilante, que niega los hechos y al que no se le ha notificado todavía resolución alguna, ha sido apartado del servicio cautelarmente y no puede acceder a las instalaciones al habérsele retirado la tarjeta.

Tan relevante es aclarar si Ábalos ha delinquido -dejando a salvo su presunción de inocencia- como la incompatibilidad de su cargo con la mentira. Lo de menos es si la ofensiva contra Ábalos proviene de fuego amigo desde dentro de La Moncloa, o por qué al ministro de Justicia, que es magistrado, le parece «extraño» que un juez investigue.

Lo trascendente es que Ábalos vive sobre una mentira, no sobre una negligencia. Haya prevaricado o no, todo se basa en un engaño masivo.

No es solo el «Delcygate» lo que debe preocupar a Sánchez, sino el caso Ábalos. No son lo mismo.

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