F. A. Juan Mata Hernández: «El amor es un camino hacia la verdad y da sentido a la vida»

F. A. Juan Mata Hernández: "El amor es un camino hacia la verdad y da sentido a la vida"

«… Yo que hago profesión de no conocer otra cosa que el amor» (Sócrates)

Sócrates pensaba que el amor persigue el bien a través del conocimiento pues el mal sería consecuencia de la ignorancia. En su criterio, un sabio no podría causar un daño absoluto conscientemente. Algunas religiones identifican por ello a Dios con el amor, porque Él es conocimiento y quienes conocen el bien se sentirán tan atraídos por su belleza que ya no querrán obrar de otro modo. Sin duda tenía razón, porque el conocimiento es belleza, ciertamente; una forma superior de belleza, puesto que se presenta ante el hombre con toda la profundidad de la verdad.

Aunque los relatos que nos hablan de Sócrates acentúen que era consciente tanto de la ignorancia ajena como de la suya propia, sería ingenuo aceptar una lectura simplista de sus comentarios. Por ello, tras meditar las palabras con las que el filósofo de Alopece termina su elogio del amor en el libro de Platón, El Banquete, cuando dice: «… acabo de celebrar… el poder y la fuerza del amor», observamos que su objetivismo ensalza poder y fuerza, pero margina bondad y belleza. El caso es que él ya se había referido anteriormente de un modo desinteresado a esos atributos, aunque también los había desechado. Y tiene razón cuando se refiere a la fuerza del amor porque una persona enamorada puede alcanzar metas que estarían fuera de su alcance en otro caso.

Entonces, ¿qué es lo que impulsa realmente el amor? La fuerza que conduce al amor hacia la belleza es precisamente la otra virtud que se persigue, la bondad. Las religiones son relatos de la bondad de hombres como Jesús y de cómo su fuerza fue capaz de cambiar el mundo. Claro que podemos pensar que la historia se ríe a veces de la bondad de estos hombres y encumbra a los malvados, o que la bondad de Jesús terminó en un fracaso, si consideramos como tal su crucifixión. Pero esa aparente derrota fue el origen de lo que hoy mueve nuestra fe.

Tendemos a pensar que el amor es una virtud, un soberano bien que simboliza el afecto que un ser siente por otro y lo convierte per se en persona buena, justa, veraz y bella. Sin embargo el amor no puede ser eso, porque sólo se ansía lo que no se tiene. Así pues, el amor, ese enigma que impregna el universo, siempre movería al enamorado con el anhelo de conseguir las cosas bellas y buenas de las que no dispusiera.

Aunque no resulta nada fácil conocer ¿qué es el amor? En mi opinión es la búsqueda de la belleza, del conocimiento, y la bondad, que den sentido a la vida; porque la felicidad perdurable reside precisamente en encontrar nuestra razón de ser en este mundo, y esta, no lo duden, tiene mucho que ver con los demás.

La sociabilidad es uno de los fundamentos humanos. Resultaría muy difícil sobrevivir sin el apoyo que representa la comunidad y los vínculos sociales que genera la convivencia. La relación de amor de una pareja, de una familia, unos amigos, o un grupo, que les haga sentir el apoyo mutuo, se nos ofrece como uno de los mayores consuelos en la vida. Pero si esas relaciones, que generan los diferentes tipos de amor, son necesarias para ser felices, los conflictos familiares y de amistades pueden, por otro lado, ser también un motivo importante de sufrimiento. Quizá uno de los porqués más habituales de las depresiones tenga origen en problemas de relación y comunicación.

También hay quien busca con el amor la consecución de objetivos personales, y se compromete en ellos para ser feliz. En realidad no descubrimos nada nuevo si recordamos los pactos matrimoniales por intereses familiares, políticos, económicos, o similares; aunque el hecho de perseguir metas ligadas al bienestar a largo plazo no es exclusivo de las clases pudientes. Desgraciadamente, el sentido de la vida de muchas personas se estructura en torno a ambiciones que tienen que ver preferentemente con poder y dinero. Claro que no se trata del que querrían tener en relación con el que disponen actualmente, sino de lograr una posición de ventaja sobre quienes les rodean.

El hecho de hallar un sentido a nuestra vida puede ser una condición necesaria para ser feliz, pero no siempre es así. Para ello sería preciso que acompañen nuestro camino afectos positivos vinculados al fin que perseguimos, pues el amor no correspondido no suele hacer feliz a nadie. Aunque, no se debe olvidar, el mero hecho de comprometerse en un objetivo ya aporta algunas dosis de felicidad.
El compromiso siempre supone un esfuerzo que conlleva su recompensa. Todos los miércoles del año un grupo de buenos amigos, con los que de vez en cuando comparto el desayuno, se reúne para buscar un atajo que dé sentido a esa parte de la vida que peina canas, y se recrea en la nostalgia de batallas incruentas. Es cierto que la tertulia suele acabar con la elaboración de unos boletos de lotería que son fuente de otras ilusiones, pero ojalá nunca se abra esa puerta.

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