Manuel del Rosal: «La España del callejón del Gato»

Manuel del Rosal: "La España del callejón del Gato"

Es difícil de imaginar un mundo más falso, más deformado que el mundo de la política. Y esto es así porque la mayoría de las personas que forman ese mundo son falsas y tienen sus mentes deformadas”

A pocos metros de la Puerta del Sol, en el Madrid antiguo y encajonado entre sus calles, está situado el callejón del Gato. Esta callejuela fue famosa en los años iniciales del siglo XX debido a sus espejos. Un comerciante, para atraer a la clientela, instaló en su fachada dos espejos deformantes, uno cóncavo y otro convexo. Todo el Madrid de aquellos años iba a contemplar su imagen deformada para gozo y divertimento. No escaparon a la curiosidad los más conspicuos intelectuales de la época. Uno de ellos, Ramón Mª del Valle Inclán, convirtió la imagen deformada que devolvían los espejos en una metáfora de la España que él, a través de su personaje Max Estrella en Luces de Bohemia, describe como “una deformación grotesca de la civilización europea”

Los espejos devuelven a quien se mira en ellos su imagen real, y esa imagen real, pero no física, no coincide en absoluto con la imagen física. En las entrañas de los espejos está grabada la imagen auténtica de las personas que se miran en ese momento como el retrato de Dorian Gray representaba, no la forma física de Dorian, sino su verdadero yo. También los espejos pueden reflejar la imagen auténtica de los países. Si lleváramos a España al callejón del Gato y la pusiéramos frente a los espejos deformantes, podríamos ver, no la imagen que fuera del espejo vemos, sino la verdadera imagen de un país grotesco y deformado. De un país que ya ni siquiera es nación.

Los últimos acontecimientos que han sucedido en España demuestran como esta ha devenido en un país grotesco, chusco, deformado y esperpéntico. La humillación ante los independentistas, los matrimonios de izquierdas en el congreso a los que solo les falta que sus niños ocupen también un sillón como vicepresidentes de los vicepresidentes, las maletas de veinte kilos deambulando por Barajas sin el más mínimo control, el caminar zombi de un Ábalos zombi que, como un zombi, se metió en la boca del lobo venezolano, nuestro espacio aéreo violado por la señora de los brackest de platino con nombre de repostería, nuestras aguas jurisdiccionales ocupadas por Argelia y Marruecos, los millones perdidos del embajador español en Venezuela, los calabacines tirados por los agricultores y su marcha tractoril etc. etc. Pongamos a España ante los espejos del callejón del Gato y estos nos devolverán una trágica imagen de un país esperpéntico.

España vive unos momentos terribles, pero los españoles somos incapaces de verlos porque los españoles de hoy carecemos de valores. Los españoles, no solo no estamos a la altura de las necesidades que España tiene, sino que ni siquiera podemos comprender lo que sucede a nuestro alrededor. Y, como el gran problema de fondo de los españoles, es que carecemos de los valores que siempre han caracterizado a los países fuertes, todo aparece como normal ante nuestros ojos, aunque sea, desde su raíz, perverso y maligno. Y así hemos configurado un gobierno que es una caricatura esperpéntica de lo que debe ser un gobierno.

Si pusiéramos ante los espejos del callejón del Gato a España y a sus gobernantes, la imagen que nos devolverían esos espejos sería una imagen deformada, esperpéntica, trágica. Una imagen corroída, y retorcida por los desmanes que en España han llevado y están llevando a cabo sus gobernantes, gobernantes que han llegado ahí por las estupideces de un pueblo ignorante y acomodaticio que, puesto ante los espejos, estos darían su verdadera imagen.

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